Los secretos

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Por Clara Olivares

¡Qué difícil resulta cargar con un secreto!

Lo que es cierto es que todos tenemos uno o varios. Los hay inconfesables y los hay menos graves.

El punto importante a tener en cuenta es la implicación que tendría para otras personas el hecho de que éste se conociera.

Y el drama es precisamente ese porque siempre afecta a otrospor esa razón es un secreto.

Resulta primordial que no se sepa.

Cuántas películas se han hecho y cuántos libros se han escrito teniendo este tema como argumento.

Los secretos son algo oculto.

Y lo está, porque sino fuera de esa manera afectaría relaciones, familias, empresas, etc.

El secreto es excluyente por el hecho mismo de serlo. Así, se crean dos grupos excluyentes entre sí: los que lo conocen y los que no.

¿Cómo determinamos el punto que separa a los dos grupos?

Podría entrar en una disgregación inacabable sobre este punto, pero mi objetivo no es ese.

Pienso que la clave radica en calibrar muy bien las consecuencias que acarrearía desvelarlo.

Muchos chantajes se han hecho amenazando con hacer pública una información.

Pero, a veces, no es necesario llegar hasta esos extremos.

Compartimos un secreto con otro cuando confiamos en esa persona. Le damos un voto de confianza que esperamos, sepa corresponder con la misma moneda.

Pero, en ocasiones no resulta ser así. Cierto es que cuando confiamos un secreto estamos involucrando a esa persona en el grupo que lo separa de «los que no lo conocen», y, además, le cargamos con un peso al no poder revelarlo.

Porque si fuera de dominio público no sería un secreto, evidentemente.

Cuando contamos un secreto que nos habían confiado estaríamos traicionando la confianza que ese alguien depositó en nosotros. Algo que pertenecía a lo privado lo hemos convertido en público.

Muchas veces confiamos en alguien que creemos que merece nuestra confianza y, no es verdad. Porque hay personas que son incapaces de guardar un secreto, o, simplemente en su cabeza no tienen establecida la frontera que marca los límites entre lo privado y lo público.

No tienen interiorizada la noción de límite. Es como si al contar las intimidades de otra persona se valorizaran ante los ojos de quienes les escuchan.

Sus necesidades de reconocimiento, valoración y de inclusión son tan grandes que no se paran a pensar si lo que están contando es correcto o no lo es.

Quizás crean que es algo banal y por eso lo cuentan. Pero lo peligroso de esa actuación es que no piensan en ningún momento si para quien les confió el secreto no era algo banal.

La falta de consciencia de esos límites es muy dañina.

Existe la creencia tácita de que hay cosas que no se cuentan fuera de los entornos íntimos como son la pareja, la familia y la amistad.

Pero desafortunadamente hay personas que cuentan todo lo que sucede en cualquier entorno. No son capaces de discernir entre qué se puede contar y qué no.

O, también es cierto que quienes son conscientes de que les resulta imposible guardar un secreto optan por advertírselo a sus allegados. Detalle que es de agradecer.

Para terminar cito a William Le Pen: «Es sabio no hablar de un secreto; y honesto no mencionarlo siquiera.»

En mi próximo artículo hablaré sobre las relaciones virtuales.

 

(Imagen: elblogderamon.com )

 

¿Cómo soportamos los olores corporales, propios y ajenos?

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Por Clara Olivares

«El olfato (del latín olfactus) es el sentido encargado de detectar y procesar los olores. Es un quimiorreceptor en el que actúan como estimulante las partículas aromáticas u odoríferas desprendidas de los cuerpos volátiles, que ingresan por el epitelio olfatorio ubicado en la nariz, y son procesadas por el sistema olfativo.

 La nariz humana distingue entre más de 10 000 aromas diferentes.

… Las sustancias odorantes son compuestos químicos volátiles transportados por el aire. Los objetos olorosos liberan a la atmósfera moléculas que percibimos al inspirar… El moco nasal acuoso transporta las moléculas aromáticas a los cilios con ayuda de proteínas fijadoras; los cilios transforman las señales químicas de los distintos aromas en respuestas eléctricas.

 Las prolongaciones nerviosas de las células olfativas alcanzan el bulbo olfatorio a través de micro-orificios del cráneo, el bulbo es una porción anterior del cerebro que se ocupa de la percepción de los olores… La información llega primero al sistema límbico y al hipotálamo, regiones cerebrales ontogenéticamente muy antiguas responsables de las emociones, sentimientos, instintos e impulsos.. Por este motivo, los olores pueden modificar directamente nuestro comportamiento y las funciones corporales. Sólo más tarde parte de la información olorosa alcanza la corteza cerebral y se torna consciente.»

Wikipedia

Veamos cuál es la función del hipotálamo:

«Región responsable del control de la expresión fisiológica de la emoción… En la glándula del hipotálamo se reúnen un conjunto de sustancias químicas responsables de determinadas emociones que experimenta el ser humano… Por lo que se considera que en el hipotálamo se forman sustancias químicas que generan la rabia, la tristeza, la sensación amorosa, la satisfacción sexual, entre otros.»

Wikipedia

 

Es impresionante conocer los caminos que tiene que recorrer un olor hasta que somos conscientes de él y lo más alucinante de este proceso es que se realiza en milésimas de segundos.

Cuántas veces nos habrá pasado que, al percibir un olor, éste nos transporta inmediatamente a un lugar, a una persona, a una casa… y pensamos: «este olor me acaba de transportar a tal o cual época, o, volví a mi niñez».

Es realmente increíble la potencia que tiene un olor y la cantidad de recuerdos, imágenes, situaciones, etc. que despierta.

Un olor nos pone rápidamente en contacto con los sentimientos que éste nos despierta.

Y estos sentimientos, me parece que son los que provocan en nosotros aceptación o rechazo.

Es un mecanismo que se activa automáticamente y en el cual no tenemos prácticamente ninguna ingerencia.

Lo que me parece interesante es poder analizar todo lo que nos despierta un olor y cómo nos relacionamos con aquello.

¿Rechazo? ¿Asco? ¿Deseo?

Vivimos en una sociedad que se ha convertido en una en la que los olores, en especial los desagradables, no tienen cabida.

Los alimentos ya casi no huelen, están empaquetados de tal manera que se impide que desprendan un olor que, socialmente, se considera desagradable.

Y no hablemos del olor corporal…

La industria cosmética se empeña en que no olamos nuestro propio cuerpo o el de otro.

Por eso solemos perfumarnos.

Lo que me parece alarmante es que se primen únicamente los olores agradables, básicamente porque la realidad es que existen tanto los agradables como los desagradables.

Algunas cadenas comerciales descubrieron recientemente, por lo menos en España, esta relación y la han sabido explotar como un elemento más de marketing.

En este momento, muchas tiendas tienen su «propio olor perfumado». Este descubrimiento lo hicieron hace años los comerciantes norteamericanos y han aprendido a utilizarlo a la perfección.

Pero, ¿y qué pasa con nuestros propios olores?

El sudor, nuestra boca, piel, pelo, etc. poseen un olor propio. ¿Cómo lo vivimos? Nos avergüenza, nos deleita, nos perturba… hace poco han pasado en la televisión una serie que contaba como una reclusa de una prisión de mujeres crea un negocio de «bragas usadas», las vende y tiene éxito. Muchos clientes pagan por poseer ropa interior femenina usada, es decir con olor a «intimidad de mujer».

Me pareció interesante que ésta sea una serie norteamericana porque, para mí, ésta es la sociedad «sin malos olores» por antonomasia.

En relación a este tema, creo que hay dos componentes a tener en cuenta: el físico y el social.

Las sociedades por lo general determinan que olores se consideran agradables y cuáles no lo son. Y me parece que, a través de estos dictámenes se vehiculan otros factores de muy diversa índole.

En el plano físico, por un lado, existe un componente de rechazo o aceptación automático y por otro, uno que está firmemente ligado con las emociones.

Hay olores corporales que abren todas nuestras puertas físicas y otros que las cierran.

Creo que ambos son muy primarios, es decir, no pasan por una elaboración intelectual previa. Tanto los olores propios como los ajenos.

Y, este inagotable mundo no admite un juicio de valor para nadie.

Hay personas a las que les excita un olor, mientras que para otras, el mismo olor las repugna.

No me parece que se pueda determinar una clasificación de los olores aceptables de los que no lo son. Además, ¿quién los determina? y, ¿cuáles son los criterios que aplica?

En resumen, me parece que es un tema extremadamente personal y en el que no podremos emitir un juicio, básicamente porque no estaríamos autorizados moralmente para emitirlo.

La pregunta que me gustaría hacer sería: ¿Cuál es la relación que cada uno tiene con ellos?

En mi próximo artículo hablaré sobre los secretos.

 

(Imagen: www.wapa.pe)

La fidelidad

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Por Clara Olivares

Como muestra la imagen, el perro es el icono de la fidelidad por antonomasia.

¿Cómo se ganó esta fama? Quizás porque a pesar de todo aquello por lo que pueda pasar su amo, permanece a su lado.

Ser fiel es «seguir ahí» en las buenas y en las malas. Por esa misma razón, me llaman la atención los votos que hacen los recién casados: «en la salud y en la enfermedad». Son las mismas promesas que se realizan ante lo ojos de un dios o ante los de un juez.

Alguien que se compromete a cumplir sus promesas, lo hace tomando la decisión HOY sin saber qué derroteros seguirá su vida en el futuro incierto.

No obstante, lo hace de manera lúcida y libre. De hecho la ley contempla la reducción de una condena, si el delito se ha cometido bajo coacción.

Quien es fiel cumple sus promesas a pesar de los cambios que sufrirán sus ideas, convicciones y sentimientos. ¿Esto no es uno poco soberbio? Yo pienso que se trata más de una elección inconsciente.

Me parece que quizás se relaciona más con la omnipotencia (yo puedo con todo) que con cualquier otra cosa.

Es este sentimiento, tan juvenil, de estar convencidos de que es posible hacer no importa qué, el responsable, quizás, de nuestra inconsciencia. Tampoco olvidemos que es gracias a ella que nos hemos atrevido a hacer muchas cosas.

En la medida que envejecemos aprendemos a ser más cautos, menos mal!

La palabra fidelidad proviene del latín fidelitas que significa «servir a un dios».

Cierto es que existen muchos dioses: el dinero, la fama o el poder, entre otros.

Según la definición que ofrece Wikipedia la fidelidad implica «…una conexión verdadera con una fuente».

 Por eso creo que resulta muy difícil mantener una promesa con el paso del tiempo, o no…

Eso en el caso de un sólo individuo. Pero, ¿que pasa cuando se trata de la fidelidad a un grupo? Por ejemplo, ¿a la familia? Por fidelidad a ella se llegan a hacer grandes sacrificios personales.

Nos quedaríamos sorprendidos de lo que es capaz de sacrificar un ser humano (en especial un niño) por su familia. Llegaría incluso a comprometer su salud mental para salvar al grupo.

Así, la afirmación de que la fidelidad es una virtud cobra mucho sentido.

En este punto me gustaría matizar. Creo que gran parte de lo que significa ser fiel está en consonancia con lo que cada uno es realmente, es decir, para poder ser fiel a algo o a alguien es necesario, en primer lugar, ser honestos con nosotros mismos y saber a que dios es al que servimos.

Como todo en esta vida, nada permanece inamovible, la vida es movimiento.

Las actuaciones que tuvimos en un momento equis de nuestra existencia, felizmente, con la edad y la madurez, las abandonamos y las modificamos.

Quizás no fuímos fieles a algo o a alguien por un sinnúmero de circunstancias.

Probablemente, nuestras creencias y las maniobras inconscientes que se ponían en juego, estén relacionadas con la propia historia personal, así como las estrategias de supervivencia a las que recurrimos para ser aceptados o, simplemente, incluidos en un grupo social.

Seguramente estos comportamientos no fueron los más correctos ni los más deseables, lo importante es que algún día descubramos la razón de nuestras actuaciones.

Valdría la pena averiguar qué parte de nosotros mismos se estaba jugando cuando apostábamos por esta maniobra: ¿buscar la valoración? ¿conseguir una identidad? ¿Demostrarnos algo a nosotros mismos, o al grupo?

 Dejando al margen estas preguntas, el concepto de fidelidad otorga especial atención al deber, en otras palabras, a hacer lo correcto.

O, por lo menos, tener el deseo (o la virtud) de cumplir las promesas hechas.

Creo que en la actualidad este concepto se ha banalizado y se ha manoseado enormemente.

Si no, escuchemos las promesas que hacen los políticos en el momento de conseguir más votos, o, cuando alguien desaprensivo antepone siempre sus intereses personales para satisfacer sus deseos a cualquier precio.

 Desafortunadamente, parece que la sociedad actual premia estas conductas.

 Y cada uno de nosotros ¿es fiel a sí mism@?

¡Elegir esta senda no es un camino de rosas!

En mi próximo artículo hablaré sobre la superstición.

(Imagen:www.leynatural.es)

La honestidad

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Por Clara Olivares

La honestidad (De latín honestĭtas, -ātis1 ) o también llamado honradez, es el valor de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable, justo y honrado. Desde un punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo como se piensa y se siente. Se refiere a la cualidad con la cual se designa a aquella persona que se muestra, tanto en su obrar como en su manera de pensar, como justa, recta e íntegra. Quien obra con honradez se caracterizará por la rectitud de ánimo, integridad con la cual procede en todo en lo que actúa, respetando por sobre todas las cosas las normas que se consideran como correctas y adecuadas en la comunidad en la cual vive.

Wikipedia

 

En otras palabras, ser consecuente.

Y en la mayoría de las ocasiones no lo conseguimos

Fácil no resulta, ni mucho menos. Lo importante es no cejar en nuestro empeño.

 Se supone que una persona madura es aquella en la que su manera de pensar, sentir y actuar es la misma.

 Como reza el dicho: «obras son amores y no buenas razones«. Ya lo he dicho en otros artículos, las palabras se las lleva el viento, lo que cuenta y queda son los hechos.

Si conseguimos llegar a ser consecuentes y demostrar con hechos aquello que es lo correcto hacer, ya tenemos ganada la partida.

Otro tema es lo que nuestro corazón siente.

A veces, lo que deseamos hacer no es lo más adecuado ni lo más correcto.

Entonces, ¿seguimos el dictado de nuestro deseo, o no lo hacemos?

 Este es el eterno dilema que se nos plantea.

Seguramente, todos nos hemos encontrado alguna vez en esa tesitura. ¿Qué hacer?

Personalmente, yo he seguido las indicaciones de mi corazón, y, me atrevería a decir que, siempre esta decisión me ha dejado en paz conmigo misma.

Imagino que cada persona tomará una decisión en función de la escala de valores que rija su vida. La cual no tiene que coincidir necesariamente con la nuestra.

Me parece que la honestidad la debemos aplicar, en primera instancia, con nosotros mismos. Dejemos de contarnos historias que tomamos como reales cuando no lo son.

 Intentemos decir la verdad, aunque nos cueste. Pero también es cierto que también tenemos que ser muy ciudadosos para no dañar con nuestras palabras.

Es todo un arte, y como tal, requiere de un equilibrio para sopesar todas las variables y elegir aquella que es la más adecuada.

Para Confucio, la honestidad era uno de los valores y uno de los componentes de una personalidad saludable.

Esto implica un compromiso interno para respetar la verdad.

Así mismo, seremos bondadosos al no anteponer nuestro propio interés al de otros. Es decir, prevalecerá lo que es justo.

En mi próximo artículo hablaré sobre la fidelidad.

(Imagen: wwwr.reflexionesdiarias.wordpress.com)

 

Etapas del amor

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(Por Clara Olivares)

Cuando estaba en el colegio, al finalizar un curso se puso de moda pedirle a las compañeras de clase que nos escribieran algo en un cuaderno a modo de recuerdo.

Se me quedó grabado en la memoria uno de estos escritos: «todo amor implica sufrimiento, si no quieres sufrir, no ames. Pero si no amas, ¿para qué quieres vivir?»

Ahora, de mayor, encuentro que estas palabras son mucho más que una simple máxima.

Amar es lo que le puede dar algún sentido a nuestra vida. Amar, no sólamente en pareja sino en todos los demás ámbitos de nuestra vida.

Como colofón a mis últimos artículos sobre el amor, hablaré sobre sus fases y sobre los puntos débiles que suele tener cada tipo.

Todos los amores, de pareja y/o amigos, atraviesan exactamente los mismos períodos: pasión o enamoramiento, desilusión y aceptación.

Durante la fase de pasión, «tenemos estrellitas en los ojos». Todo aquello que hace o dice la persona amada (o el amigo) es genial. No le encontramos defectos (y si los tiene, no los vemos) ni le hacemos ninguna crítica.

Sexualmente no descansamos (ni es nuestro deseo hacerlo). Pero como todo en esta vida, la pasión se acaba. Como sucede con el alka-seltzer, la efervescencia termina…

Y es en la fase de desilusión cuando muchas relaciones se rompen. A ambas personas se les «caen las escamas de los ojos» y ven al otro como es realmente.

A continuación hablaré sobre los puntos débiles que presenta cada tipo de amor en los dos miembros de la pareja. Tomo como ejemplo a una pareja conformada por un hombre y por una mujer pero las etapas por las que pasa cualquier tipo de relación son idénticas.

Se crea una mecánica de acción-reacción difícil de romper.

FIGURA DEL PADRE

– Se acentúan sus defectos, se vuelve autoritario y egoísta. Está de mal humor, y se convierte en una persona déspota. Lo único que le interesa es lo de él.

– Ante esto la mujer retira su apoyo y su dulzura.

Él reacciona generalmente con escenas de celos, se muestra caprichoso y no acepta sus propios errores.

– El hombre se enerva ante las exigencias femeninas y se cansa de protegerla. A su vez, la mujer se vuelve extremamente crítica e intolerante ante las debilidades de su pareja.

Ella tiene una profunda necesidad inconsciente de derribar el altar en el que subió a su idealizado compañero.

FIGURA DEL «MAGO»

– Este tipo de hombre hechiza a la mujer con su maneras seductoras mientras le chupa la savia. La vampiriza…

– En la etapa de desilusión, de pronto ella se da cuenta y es consciente de que siempre había escogido a este tipo de hombres y esto la horroriza.

Surge entonces un conflicto interno: a ella se le rompe el corazón y al mismo tiempo es consciente de que perdió toda su voluntad y su independencia. La rabia y el dolor la colocan entre la espada y la pared.

– Este tipo de amor es el que causa la mayor desilusión.

Si se trata de un aventurero que está de paso, el daño es menor ya que desaparece.

GUÍA ESPIRITUAL

– El intelectual es con frecuencia frío y avaro.

– Su imagen de bondad y sabiduría sólo la despliega ante su círculo de amistades.

– Presenta fuertes deficiencias sensuales y humanas.

– La mujer se siente utilizada como una colaboradora que únicamente recoge las migajas del saber de él.

Él cree que ella no está a su mismo nivel y la menosprecia «dejándola» que sea su secretaria o su bibliotecaria, negándose a hacerla partícipe de lo vivo y lo esencial de su obra.

– La mujer se cansa de realizar estos trabajos humillantes y fatigosos de manera que para ella él pierde su aureola de misterio y superioridad.

– Es por la misma razón que ella se vuelve hipersensible y se rebela ante el abuso y la explotación por parte de él. Todo aquello que antes la fascinaba, ahora la enerva.

– Esta reacción hace que él no le perdone sus críticas y sienta que se le «escapó de las manos».

– Es un mal perdedor así que termina por refugiarse en su grupo de admirador@s.

– Es un hombre herido que busca inconscientemente la venganza.

– La mujer reacciona como una hija rebelde y obstinada. Piensa que él no le reconoce sus derechos y la importancia que ella tiene.

– El hombre se cansa de la reacción automática e infantil de ella, y ésto hace que pierda el control emocional ante sus exigencias de comprensión y le aleja su amor, volviéndose un hombre déspota.

– Lo más probable es que el salga a buscar en otras mujeres la confirmación de su virilidad.

EL DON JUAN

Adolece de moral. Le falta caballerosidad y no es capaz de distinguir entre aquello que está bien de lo que no lo está.

– La mujer que ansía dominar despierta en él el deseo de huír.

Ella le exige frecuentemente pruebas de su amor.

EL COMPAÑERO

Deja que la mujer cargue sola con todo el peso de la responsabilidad de la relación.

– El hombre no mantiene sus promesas en el momento en que la situación se pone difícil.

Sólo un amor muy arraigado permite que se supere la crísis.

– Para lograrlo, se impone un trabajo de los dos para resolver sus problemas como pareja.

EL HERMANO

– Se caracteriza por un gran egoísmo.

– A su vez, la mujer, buscando comprensión, descuida el aspecto físico y sensual de la pareja.

– Esta relación incompleta la hace estar descontenta y se aburre, en especial cuando constata que el hombre comprensivo del que se enamoró ya no existe.

Él, a su vez, se centra únicamente en sus propios problemas.

EL HIJO

– Manifiesta una profunda ingratitud.

La relación se vicia y sufre mutaciones: la dulzura se transforma en prepotencia, la comprensión en egoísmo y el valor que tenía la unión se convierte en rencor y hostilidad.

 

Me perece que todos hemos vivido una o varias de estas relaciones. Es irrelevante de qué tipo ha sido la que nos enamoró, lo importante es que haya madurado y, por lo tanto, haya mutado.

Como me decía mi terapéuta: «una relación es como llevar un cesto entre dos personas. Cada una de ellas sujeta una de las asas, pero son AMBAS los que depositan en él cosas». ¿Con qué deseamos llenar ese cesto?

En mi próximo artículo hablaré sobre la honestidad.

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Quiero agradecer a todos aquellos que han comprado mi libro, e invito a los que no lo hayan hecho aún a que se anímen a unirse a ellos!

Amores tipo compañero

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Por Clara Olivares

Creo que la evolución ideal de una pareja termina por desembocar en una relación de este tipo. Me parece que son pocos los afortunados que la establecen desde un inicio.

El compañero es alguien que comparte y que lucha.

Comparte no sólo sus sentimientos sino su ser. Es generoso en todos los ámbitos. Sabe dar…

Al hombre y a la mujer los concibe como seres iguales que comparten afinidades pero que, al mismo tiempo, pueden vivir su propia riqueza.

Para la mujer, su compañero es padre, hijo y amante. Para el hombre es igual, su compañera es a la vez madre, hija y amante.

Ésta es la relación de amor más positiva, fuerte y profunda.

Son tres los aspectos bajo los que se presenta este tipo de amor: El compañero de virtudes prácticas, el alma gemela y con el que se comparte una afinidad espiritual.

El compañero de virtudes prácticas puede ser un hombre mayor cuyas ambiciones materiales, sociales y espirituales ocupan un mismo nivel.

Éstos suelen ser enérgicos y activos. Saben afirmarse y consiguen labrarse una base sólida para la vida. Son personas muy capaces.

En su compañía, ella también enfrenta la vida valientemente y comparte las responsabilidades, sabiendo que él no tendrá exigencias absurdas.

Lo escogen mujeres alejadas del concepto de «mujer esclava». A su lado ésta desarrolla la abnegación y la valentía, juntos harán frente a los trances más duros de la vida. Permanecerá a su lado con una gran delicadeza de sentimientos.

Los antiguos creían que las almas eran creadas por parejas. Si no se encontraban en esta vida, lo harían después de la muerte.

Si tenían la suerte de encontrarse en vida, tendrían uniones felices. Ésto no quiere decir que su unión estuviera exenta de dificultades y crisis…

Los sabios dicen que el ser humano tiene que «pagar un alto precio por la felicidad» y, no están muy alejados de la realidad.

La felicidad, creo yo, tanto personal como en pareja, es un estado que se conquista. No es algo perenne y estático. Me parece que a lo largo de nuestra vida vivimos momentos felices que compensan con creces los sinsabores que plagan la existencia.

Constituyen pequeños destellos de luz en un mar de oscuridad.

Por último, los compañer@s con quienes compartimos una afinidad espiritual.

Este tipo de hombre refuerza en ambos la voluntad consciente de comprenderse y de ayudarse mútuamente a fin de ir construyendo una unión profunda y fuerte.

Supone una relación basada en la colaboración, lo problemas de la vida son abordados y buscan una solución entre los dos.

Al mismo tiempo esta unión respeta la personalidad de cada uno, la acepta y no pretende cambiarla. Por encima de las diferencias que puedan tener, siguen el camino trazado de acuerdo a un objetivo en común.

Las parejas que consiguen este tipo de relación viven una verdadera experiencia y su realidad cotidiana es muy positiva.

La mujer no padece y ni sufre la nostalgia de un «padre» o de un «héroe«, sabe que su compañero no dejará de protegerla y siempre le pedirá su colaboración.

En mi próximo artículo hablaré sobre las etapas del amor y el talón de Aquiles de cada tipo de amor.

(Imagen: www.eldiario.ecu)

 

Amores tipo hermano

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Por Clara Olivares

Evidentemente este tipo de amor descarta cualquier aspecto sensual. Como reza el dicho: en mi relación de pareja somos «como hermanitos».

Se priman otros aspectos: en especial la comprensión y la amistad.

La ternura y las afinidades en común suelen constituir su piedra angular.

Desde el inicio de la relación, el aspecto pasional no está presente.

No es como en el caso de la evolución normal de una relación de pareja en la que la pasión deja de ser uno de los aspectos importantes para dar paso a que afloren los cimientos sobre los que ésta se apoya.

El hombre que suele establecer una relación tipo hermano, busca consejo, dulzura e intuición en su compañera.

Suele tratarse de personas sensibles, introvertidas y tímidas que ofrecen comprensión y amistad y que, por lo general, tienen muy desarrollada su faceta espiritual.

Esta comprensión afectuosa e intuitiva sustituye la pasión, que, como señalo más arriba, es prácticamente inexistente.

Este tipo de hombres proyectan una vitalidad masculina que no poseen. Buscan en su pareja a una hermana y compañera.

La clase de mujer que éstos escogen suele ser una persona sensitiva que le da más importancia al aspecto espiritual que al físico.

Así es como la falta de pasión deja de ser un asunto que tambalee la relación y la ponga en peligro.

Lo que la haría peligrar sería que la «hermana» dejara de ocupar ése lugar.

Si la compañera necesitara que el vínculo evolucionara y se convirtiera en uno de igualdad, entonces la estructura emocional y psíquica de la pareja se vendría abajo.

Las reglas del juego cambiarían y la mujer ideal se esfumaría.

Como pasa en todas las parejas, con el paso de los años la relación se va transformando. Por lo general se inicia con una mecánica determinada pero ésta va mutando y se va convirtiendo en lo que las dos personas han depositado en ella.

Si la han alimentado con odio y resentimiento con el paso del tiempo recogerán esos mismos frutos. Una relación sólo es posible construirla en el tiempo, de otra manera sería un «amour fou», o una pasión a secas (que por norma general, no suele durar mucho tiempo).

En mi próximo artículo hablaré sobre el amor tipo compañer@.

(Imagen: cantasa1985.wordpress.com )

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Amores tipo hijo

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Por Clara Olivares

Por lo general se trata de jóvenes inexpertos, pasivos y soñadores.

Éstos poseen un temperamento sensible y dulce con una fuerte carga sensual poco despierta.

Resultan fáciles de seducir ya que son sumisos y maleables.

Atraen a mujeres de recia personalidad y con un carácter dominante en donde ellas son fuertes y protectoras.

Esta clase de mujer suele tener un aire varonil, así como un erotismo decidido y agresivo.

Generalmente el hombre termina siendo esclavizado por la mujer, ya que, éste busca en ella amparo y le atrae una clase de amor tiránico y tormentoso.

En este tipo de amor se suelen dar tres clases de relación:

  1. Aquella que tiene un tinte incestuoso.
  2. El amor sentimental.
  3. 3. La amistad ideal.

Analicemos cada uno:

  1. Aspecto incestuoso: Suelen ser hombres atractivos que permiten que sea la mujer quien tome la iniciativa.

Una mujer experimentada suele darle al hombre aquello que una joven no podría hacerlo.

En este tipo de hombre subyace un componente inconsciente de vampirismo y de materialismo, es decir, se alimentan de su pareja tanto psíquica como materialmente.

La mujer estimula los aspectos sensuales primitivos de la psique masculina.

Desafortunadamente, el hombre termina utilizándola en su propio beneficio.

 

  1. El amor sentimental:

El hombre busca en el amor apoyo para su incertidumbre y para su propia debilidad interior. La mujer saca ventaja de estos aspectos y sabe como atarlo a su lado con dulzura y comprensión.

La experiencia de ella le permite al hombre encontrar la calma y desarrollar raíces profundas que le conducirán a un conocimiento de sí mismo.

Como explicaba más arriba, estos jóvenes inexpertos de carácter pasivo, terminan de completar su formación al amparo del apoyo maternal que le brinda la mujer. Así crecen intelectualmente y retoman su energía.

 

  1. La amistad ideal:

Se desarrolla básicamente en el plano espiritual, quedando el erótico en un último lugar.

La posible atracción física queda sublimada reduciéndose este aspecto a un flirteo.

El punto de unión entre los dos es el interés cultural. El hombre la admira teniendo un profundo sentimiento de amistad. El atractivo sexual se queda en un simple trasfondo agradable.

En la mayoría de los casos se trata de una amistad idealizada y platónica.

 

Con este somero análisis es posible tener una visión general del tipo de amor que hemos escogido a lo largo de nuestra vida. Aunque también hay que tener en cuenta que, en la medida en que maduramos, vamos variando nuestro patrón para buscar relaciones con una mayor igualdad.

En mi próximo artículo hablaré del amor del tipo hermano.

(Imagen: www.lookfordiagnosis.com )

El amor de carácter paternal

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Por Clara Olivares

El primero de los caracteres que abordaré será el de tipo paternal.

¿Qué mujeres lo eligen? Por lo general, mujeres jóvenes, inexpertas y de temperamento pasivo que desean a un hombre maduro, experto y autoritario con un gran poder de atracción.

Estas mujeres buscan encontrar seguridad, apoyo y autoridad; se sienten subyugadas por él.

Los aspectos pasivo e indeciso de este tipo de psique femenina se proyectan en una personalidad masculina fuerte y experta.

También, puede tratarse de mujeres fuertes y exuberantes que atraviesan una crísis afectiva.

En cualquier caso, se trata de mujeres que huyen de su entorno familiar, o que son inmigrantes, o huérfanas, es decir,b mujeres que están en una situación de fragilidad que las hace más vulnerables.

Este tipo de hombre suele presentarse como un guía espiritual, o un héroe, o como un perverso (por lo general, la mujer que lo escoge no se entera de que éste lo es).

El guía espiritual puede ser un líder de un grupo, o un artista, o el fundador de un movimiento religioso, o un «iniciado», o un médico, o un psicólogo, o también algunos profesores.

La mujer que lo escoge necesita el amparo paterno. Estos hombres suelen ser protectores, bondadosos y joviales, menos en el caso de un perverso, donde bajo su aparente encanto, se esconde un monstruo.

El héroe es alguien que lucha por el amor de la mujer. Ésta necesita que la defiendan de los peligros de la vida. Ejemplos de éste pueden ser los deportistas de élite, las estrellas de cine, los cantantes de moda, etc., y, por supuesto, los Don Juanes.

Al final, este hombre termina esclavizando a la mujer inexperta y la somete. Se aprovecha de su inexperiencia y su poco contacto con el mundo real.

El perverso es un «mal bicho». Seduce a la mujer desplegando todos sus encantos y, una vez que está seguro de su poder, la somete. La maltrata y la veja, creando una tela de araña que la va aislando poco a poco. De esta manera, le será más fácil someterla y dominarla.

Ella lo escoge creyendo «que lo va a redimir», que «lo va a salvar» pero lo que no sabe es que se está metiendo en la boca del lobo. Es tan grande su necesidad de aprobación y de reconocimiento que su propio vacío le impide ver.

La mujer con una personalidad histérica se siente especialmente atraída por los perversos. Como decía Robert Neuberger: «busca a un maestro para dominarlo». Paradojas…

Como ya lo he dicho en otras ocasiones: «la única forma de liberarse de un perverso es poniendo tierra de por medio».

Por último está el joven explorador, encarnado en aventureros, trotamundos y exploradores que traspasan el límite de lo legal.

Al tipo de mujer rebelde le atrae su figura audaz.

Rápidamente el hombre se convierte en protector y explotador.

Ellos literalmente las «embrutecen» y abusan de ellas mandándolas y explotándolas para conseguir sus fines.

Es una unión que se basa en el placer y en la brutalidad. Ofrece unas ventajas mútuas que pueden desembocar que una relación simbiótica. Ambos se unen para luchar contra la sociedad.

También puede presentarse como el artista: pintor, escultor, cantante, músico, etc. Ejerciendo una fascinación erótica con sus dotes, pero en realidad se trata de la representación de un personaje. Ella proyecta sus carencias en él, identificándose con el papel de artista que éste proyecta.

No es consciente de los defectos de él, y, si lo es, los olvida.

Vive ese amor como una revancha inconsciente sobre otras mujeres, como si ella hubiera ganado el premio gordo. Su amor propio crece y se siente interiormente halagada.

Por último está el hombre activo y productivo. Suelen ser personas con una mentalidad audaz y aguda que destacan en los campos social y/o profesional.

Representa un ideal de fuerza y de audacia con un halo de héroe benefactor de la humanidad haciéndo gala de un gran espíritu de sacrificio.

La mujer que lo escoge está convencida de que su misión es la de apoyarle, suelen ser mujeres dulces y pasivas.

En mi próximo artículo hablaré sobre los amores que tienen la figura del hijo.

(Imagen: www.aztecanoticias.com.

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Diferentes caracteres en el amor (Introducción)

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 Por Clara Olivares

Tod@s nos hemos criado en una familia, eso es una obviedad. Lo que me interesa resaltar es el hecho de que en muchos aspectos de nuestra forma de ser, recreamos el mismo patrón familiar: el de padre, madre e hij@.

Y en el amor, evidentemente, se vuelve a repetir el mismo fenómeno.

En un principio, escogemos de forma inconsciente al tipo de persona que responde a un modelo, bien sea el de padre, el de madre o el de hij@.

Lo que se recrea es el tipo de relación, es decir, se adopta el papel de padre, de madre o de hijo.

Por ejemplo, una mujer que se ha definido como madre, escogerá a un hijo. Un hombre que se ha ubicado como padre, eligirá a una hija y en el caso del herman@, escogerá a otro igual a él/ella.

Digo que «en un principio», porque afortunadamente, el patrón se puede trabajar hasta convertirlo en una relación de iguales, de compañer@s. A este modelo, se le llama «consorte».

El ideal sería establecer este tipo de relación desde el comienzo, pero la realidad me ha demostrado que no siempre es así.

Me parece que, si bien una relación se funda con un tipo de funcionamiento equis por ambas partes, a lo largo del tiempo y durante las diferentes etapas por las que pasa dicha relación, los dos miembros de la pareja asumen el papel de padre, madre o hij@.

Y no creo que ésto sea un lastre, al contrario, creo que forma parte de la propia evolución de la pareja.

Lo interesante es que cada uno identifique el tipo de relación que establece con los demás para poder así ir modificando los aspectos que le llevarían a un estancamiento personal e interpersonal.

En la elección de la pareja intervienen un sinfín de factores: la familia, el grupo social, las características propias del individuo, etc. Es decir, que en ningún caso se trata de algo inamovible.

 He observado que el tipo de relación que establecemos con los otros, es por lo general, similar a la que desempeñàbamos en nuestra propia familia.

Si observamos con atención, descubriremos que existe un patrón que se repite cada vez que nos relacionamos con otro.

Tendemos a reproducirlo de forma inconsciente con los amigos y la pareja.

Así, que no es de extrañar que nos descubramos ejerciendo de padre-madre-herman@ con otros.

Así, vamos asumiendo las funciones propias de cada papel: el de un padre guía, el de una madre protectora o el de un hijo rebelde, por ejemplo.

Los problemas surgen cuando el patrón permanece idéntico a lo largo de los años. Lo normal es que éste se vaya modificando en la medida en que maduramos.

Sucede lo mismo cuando se va moldeando un temperamento hasta convertirlo en un carácter.

A lo largo de los siguientes artículos iré desglosando cada uno de estos patrones.

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