Celos y envidia: unos monstruos que generan mucha vergüenza.

(Por Clara Olivares)

Los celos y la envidia tienen muy mala prensa. Nadie admite abiertamente que ha sentido celos en algún momento o que envidia algo que posee otro.

Por más vergüenza que nos de sentir estos sentimientos, resulta que forman parte de nuestra naturaleza.

«…la Psicología actual explica que los celos son la respuesta natural ante la amenaza de perder una relación interpersonal importante para la persona celosa. Los celos parecen estar presentes en todas las personas, indistintamente de su condición socio-económica o forma de crianza y manifestarse en personalidades que aparentemente parecían seguras de sí mismas…

 Los celos también tienen relación con la vergüenza que es una respuesta natural del organismo. Muchas de ellas, una vez que los padecen, se sorprenden de si mismas ya que ni siquiera sospechaban que los padecieran…»  (Wikipedia)

TOD@S hemos sentido en algún momento de nuestra vida celos o envidia de alguien o de algo.

Los celos son la respuesta que damos cuando la otra persona hace cosas que los despiertan.

Excepto en los casos en que existe una patología, una persona se pone celosa porque alguien le provoca esa reacción.

Nadie se pone celoso sin razón ni es «celos@» porque sí. Repito, los celos se despiertan porque existe una causa que los ha activado.

Puede tratarse que, ya siendo adultos, nos hemos quedado en un estadío infantil y sentimos celos sin que exista una causa directa en apariencia.

Pero si ése fuera el caso, sentir esos celos «levanta la liebre» como dicen en España, es decir, es un síntoma de algo más profundo.

Es el caso de los niños pequeños cuando nace un hermanit@. Temen perder su lugar, el cariño y la atención de los padres, ahora eso que tenían de forma exclusiva lo tienen que compartir con ese intruso. Es natural que sientan celos al ver en su nuevo herman@ una amenaza que pone en peligro su estatus.

Esa es la buena noticia, la mala es que existen grados. La pregunta que surge sería¿hasta dónde me están llevando mis sentimientos de celos o envidia?

Ante el temor de perder una relación importante en mi vida, ¿qué hago? El cine está lleno de ejemplos que muestran hasta donde es capaz de llegar una persona cuando tiene un ataque de celos.

Recordemos la famosa película de Charles Vidor, Gilda, en donde los dos protagonistas (Rita Hayworth y Glenn Ford) llegan casi a destruirse mutuamente por culpa de los celos.

Celos.  4. Recelo que uno siente de que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda, llegue a ser alcanzado por otro. 6. sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra. (Diccionario de la Real Academia de la lengua)

¿Y qué pasa con la envidia? Me atrevería a decir que más o menos un poco de lo mismo.

La envidia es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas.La RAE la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.

En términos médicos la envidia ha sido definida por diversos términos según los diagnósticos psiquiátricos. El que más ha marcado redundancia en los últimos tiempos es la frase citada por el Dr. Saúl F. Salischiker:

 

«Cuando una persona se obsesiona y deja de vivir por estar pendiente de tu vida o en este caso en la vida de su adversario, de su entorno, y entre otras cosas siente agobio por cada uno de sus triunfos… Aparte de mostrar signos graves de inferioridad, te muestra que estas tratando con una persona psiquiátricamente enferma.»

(Wikipedia)

Existen personas en las familias que están «enfermas de envidia«.

Es normal que en el proceso de maduración hacia la edad adulta se pasen períodos de envidia. Los problemas sobrevienen cuando nos quedamos clavados en esa etapa y no crecemos.

Sentir envidia de lo que pueda poseer otro, como belleza, dinero, éxito, etc. es lícito, somos humanos. Lo desastroso viene cuando no lo decimos abiertamente y no lo reconocemos.

Uno le puede decir tranquilamente a su mejor amiga o a su hermano que le envidia equis cosa o característica. Y no pasa nada.

Como casi todo en la vida, una vez que reconocemos y vemos cuáles son nuestros sentimientos, el siguiente paso sería hacernos esta pregunta, ¿y ahora qué hago con esto?

Puedo hacer muchas cosas: decírselo al otro, analizar si ese sentimiento me hace sentir inferior o peor persona…

O tener deseos de destruir al otro o lo que posee.

Lo dramático de la envidia es que la persona que la siente cree firmemente que en «eso» que posee el otro se centra la belleza, o, el éxito o, la popularidad…

En realidad quien sufre es el que siente la envidia, no el que es envidiado.

Se comprende que esa persona quiera poseer lo mismo que tiene a quien envidia con la esperanza de conseguir aquello que, según su creencia, le va a dar la felicidad.

Si yo llego a tener lo que el otro tiene entonces seré feliz, o, tendré valor, o, conseguiré aquello que anhelo… existen razones tan dispares y tan variadas como lo son los corazones humanos.

Quizás el «antídoto» para detener ese sentimiento es aceptar la frustración.

Sería como decirse a sí mismo: vale, yo no poseo la belleza, o, la astucia, o, el don de gentes, etc. de fulanito, ni nunca lo tendré porque yo soy distinto de él/ella y por esa razón yo poseo otras cosas que hacen que yo sea yo.

Brevemente, la frustración es aceptar que no puedo obtener lo que quiero y deseo, que mis necesidades quizás no pueden ser satisfechas o que las tengo que postergar.

Esta aceptación abre las puertas hacia la libertad, ya que la persona estaría en la capacidad de abandonar el ancla que le sujeta a la furia que le produce creer que puede poseer siempre lo que desea.

En otras palabras, ver que en tanto que seres humanos poseemos límites. Y éstos nos enseñan que existe una línea que no se puede traspasar, un «hasta aquí».

En mi próximo artículo hablaré sobre el miedo.

(imagen: www.ideasmx.com.mx)

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