El difícil arte de la negociación

(Por Clara Olivares)

No  somos conscientes de ello, pero negociamos contínuamente: con los amigos, los hijos, la pareja, etc.

Cierto es que lo que se pone en juego suelen ser cosas de poca importancia como una comida, una película, una visita, un permiso.

Las partes implicadas tienen distintos pareceres, apetencias, ideas, pero en la mayoría de los casos, siempre se llega a un acuerdo que satisface a ambas partes.

Pero, ¿qué pasa cuando lo que se pone en juego es de vital importancia?

Como casi todo en la vida, lo que deseo tiene un precio o un coste.

Habrá que preguntarse si se está o no dispuest@ a pagarlo y  si compensa.

¿Me quedaré sol@? ¿Podría perder esta relación? ¿Se quedará con el negocio?

Al plantearnos preguntas como éstas fruto de las dudas, la situación cambia y  requiere tomarse un tiempo para pensar y hablar para poder tomar una decisión.

Es interesante tener en cuenta tres aspectos que siempre están implícitos en toda negociación. Estamos hablando de lo que costaría para cada una de las personas implicadas, es decir, el precio a pagar a nivel de la relación, a nivel emocional  y la posibilidad o no de la consecución de los objetivos (o deseos).

Si  valoramos estos tres aspectos podemos contestar más fácilmente a la pregunta que planteaba más arriba: ¿compensa?

Por ejemplo, mi pareja y yo estamos contemplando la idea de que mi madre se venga a vivir con nosotros, o, mi socio ha manejado de una forma turbia unos fondos de la empresa, o, mi hij@ desea irse al extranjero a estudiar y no tiene los medios económicos para hacerlo.

¿Qué decisión tomar? ¿Cómo lo hacemos?

Vamos a analizar una de las situaciones, la primera por ejemplo, coste en la relación: si mi madre se viene con nosotros, la relación con ella podría mejorar ya que podríamos hablar de todo aquello que nunca nos hemos atrevido a hacer; coste emocional: quizás haya momentos difíciles y tensos de los cuales desearía huir mi madre y con mi pareja y no me apetece nada pasar por ellos, aunque por otra parte a mi pareja, y a mis hijos la idea les parece buena y están de acuerdo con ella; consecución de los objetivos: ahora yo me puedo hacer cargo de ella, es una forma de demostrarle mi cariño, la decisión implicaría que ella deje su casa pero al mismo tiempo esto haría que disponga de un dinero extra.

¿Qué decisión tomo? repaso mi análisis y concluyo que si bien habrá momentos difíciles y tensos, creo que la relación con ella mejorará y voy a tener la oportunidad de decir una cantidad de cosas que siempre me he callado. Por otra parte será una manera de retribuirle el cuidado que ha tenido para conmigo y mi pareja así como con mis hijos. Además mi madre podrá disponer de un poco más de dinero, lo que la relajará a la hora de realizar un gasto.

El precio que pagaré a nivel de la relación es bajo, incluso puede mejorar, a nivel emocional puede ser difícil para mí con lo cual el precio es un poco alto, pero también es cierto que mi objetivo se alcanzará. Conclusión: me compensa y estoy dispuesta a pagar el precio emocional (sé que viviré momentos desagradables). Tomo la decisión y le propongo a mi madre que se mude a casa.

Si realizamos este ejercicio cuando tengamos que tomar una decisión importante nos sorprenderá lo sencillo que resulta y comprobaremos que no es tan difícil decidir algo cuando se saca un tiempo para analizarlo.

En mi próximo artículo hablaré de la particularidad que poseen las relaciones interpersonales: siempre son una vía de doble dirección, lo que hacen y dicen las personas influye diréctamente en las respuestas que con su comportamiento éstas dan.

(Imagen: patagoniaanexo.com)

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