La culpabilización fraternal: inculca la sumisión al grupo

(Por Clara Olivares)

Como vengo haciendo en mis dos últimos artículos, sigo desarrollando el libro escrito por el Dr. Robert Neuburger.

Hoy abordaré la última modalidad de culpar a otro: la de tipo fraternal.

Imagino que para quienes somos hijos de los años 60, ésta modalidad nos resultará muy familiar. Recordemos el movimiento hippie y todo lo que éste desató, a esto sumemos la herencia recibida para continuar la lucha sin cuartel del mundo femenino por que las féminas dejaran de ser unas criaturas indefensas e inútiles, cuyo único valor radicaba en agradar y estar bellas.

Todo el legado que nos transmitieron nuestras madres por la lucha de los derechos de las mujeres, no podía caer en saco roto.

«Acaba tu huevo, por favor. He leído en el periódico que hay gente que muere de hambre en Asia. (Amos Oz, «Cómo curar a un fanático». París, Gallimard, 2003).

«Esta clase de orden terminante seguida de una constatación de la miseria humana es un clásico de la culpabilización de tipo fraternal, utilizada por los padres para inculcarles a sus hijos el sentido de solidaridad, y, accesoriamente hacerles acabar su comida si ellos refunfuñan».

Y la lección la aprendimos muy bien. Quizás ésta haya derivado en una excesiva reivindicación por esa igualdad entre los sexos, pero como todo en la vida, esa lucha acarrea consecuencias positivas y consecuencias negativas.

«Esta técnica se apoya en una auto-culpabilización anterior, aquella que parte del hecho de que «somos culpables», sin duda ésta es la cama de nuestros sentimientos. Cuando reflexionamos con atención, es totalmente cierto que somos culpables

«Es cierto que deseamos el lugar del otro, es cierto que somos envidiosos, cierto es que hemos alimentado el deseo de matar y de devorar«.

Socialmente se han penalizado tanto los sentimientos de envidia y celos, que por otra parte son inherentes a la naturaleza humana, que confesar y admitir que se tienen equivaldría a ponerse uno mismo «la soga al cuello».

Y si además eres mujer, peor!

«El sentimiento de culpabilidad de origen fraternal preexistente encuentra sus raíces en el grupo de iguales, se trate de los compañeros de clase o de los herman@s

«Estos grupos se estructuran alrededor de los mitos de lealtad, de solidaridad, de saber compartir, de igualdad.«

«Cierto protestantismo ha podido apoyarse en esta sensibilidad, sobre el sentimiento de engendrar la culpabilidad en aquellos para los que ser egoístas constituyen en pecado grave, ya que el egoísmo confronta el sentimiento de comunidad

Dicho de otro modo, si «soy» egoísta (anteponiendo mis necesidades a las del otro) estoy dando la espalda y traicionando a la comunidad, en este caso a los hermanos, a las familias o al género masculino o al femenino.

«Calvino decía: Aquel que odia a su hermano merece ser juzgado; aquel que odia será condenado por todo el consistorio; cualquiera que cometa una injuria es culpable de arder en el fuego del infierno«.

Y si lo trasladamos a las décadas de los 60, 70 y 80, el discurso se transformaría en demostrar mediante la palabra y los actos que jamás se traicionará la lealtad al grupo de las mujeres.

Y yo me pregunto: ¿y qué pasó con los hombres? Ellos tendrían algo que decir al respecto, digo yo.

Quizás en esa lucha denodada por convertirnos en unos seres iguales a los hombres, ¿no terminamos cercenando la hombría de muchos hombres? ¿No conseguimos que los hombres que nos rodeaban se convirtieran en seres impotentes, en los planos sexual y relacional?

«Georges Simenon (escritor belga, creador del inspector Maigret ) fue culpabilizado de forma masiva por su madre quien no le perdonó jamás ser uno de sus hijos supervivientes y con un éxito reconocido».

«A sus ojos (de la madre) debió haber sido Georges el que hubiera debido morir y no Christian, su hermano mayor, el preferido.»

«…para su madre, Georges era el responsable de la muerte de su hermano. Así un día hace este comentario: ¿Por qué ha sido Christian quién ha muerto y no tú?, o, Es curioso, es Georges quién tiene la gloria y Christian quien tenía el genio».

«Todos los esfuerzos desplegados por Georges para ganarse el amor maternal fueron en vano. Incluso el dinero que él le dio, ella no lo gastó: es más, un día se lo devolvió todo.»

Pesadita esa carga, no? A mí me parece que al igual que Simenon, cada uno de nosotr@s lleva puesto, de forma consciente o inconsciente, un fardo de culpa al haber sido desleal al grupo, llámese éste a las mujeres, a la pareja, a la familia, etc.

«La deuda de solidaridad: En una pareja, existen dos tipos de solidaridad. La primera concierne al mundo interno de la pareja que se traduce esencialmente en la idea de que cada uno debe participar con las labores domésticas, con la educación de los hijos y en aportar su contribución financiera de acuerdo a sus ganancias. Todo esto respetando siempre una igualdad, de tal manera que el hecho de compartir sea vivido por cada uno como algo justo«.

«Esta igualdad de roles generalmente no plantea problemas porque la igualdad tiende a fraternizar a la pareja, es decir, a deserotizarla.«

Este párrafo ilustra muy bien una de las consecuencias negativas que conlleva funcionar con esta modalidad.

Nadie desea estar en pareja con su hermanit@. Sí, puede resultar un lugar muy cómodo en donde se comparten afinidades, gustos, hobbies, etc.

Pero en el fondo y de forma inconsciente, tanto él como ella buscan la diferencia, es decir, buscan a un hombre que se imponga, que sea decidido, que tome el papel activo en el juego de la seducción y a una mujer que se entregue y que se deje seducir. Se daría así inicio a un baile seductor que puede llegar a ser tremendamente satisfactorio para las dos personas.

Hemos puesto tanto empeño en que los sexos sean iguales, que se ha creado el monstruo de la indiferenciación. Es necesario que seamos diferentes del otro: de la madre, del padre, de los hijos, de la pareja, del otro sexo.

Si no hay diferencia no se podrá construir la estructura psíquica interna necesaria para un soporte identitario, es decir, aquel que responde a la pregunta de ¿quién soy yo?.

No puedo ser ni mi madre, ni mi pareja, ni mi herman@, si eso sucediera me sumiría en la locura.

«La solidaridad en esta configuración, significa igualmente sostener y apoyar a su pareja en caso de dificultades personales de cualquier índole, de suerte que se espera una muestra de solidaridad en caso de que surja una situación dramática, como la enfermedad o la pérdida de un hijo.»

Y ésta me parece que es una consecuencia positiva y más aún en los tiempos que corren, en los que cada uno «barre para su casa» exclusivamente.

«La segunda forma de solidaridad conyugal tiene que ver con el mundo exterior a la pareja, por ejemplo la familias de origen. Alguno de los dos puede estar en conflicto con su propia familia (por una herencia, por la participación en una empresa familiar, etc.) o con la familia de su pareja (la no aceptación, los problemas causados por la llegada de un hijo, etc.).»

«También puede esperarse la solidaridad de la pareja en los casos de duelos familiares, o de relaciones con amigos o conocidos que puedan ser irrespetuosas o intrusivas, o cualquier otra circunstancia en la que cada uno de los miembros de la pareja espere que el otro se muestre unido haciendo un frente común ante las dificultades.»

Y si ésto no se da en la pareja, nacen los problemas: quizás se caiga en un bucle de reproches y de peleas que van minando y desgastando a los dos miembros de la pareja.

«La solidaridad no se paga con palabras, necesita de los actos: una escucha activa, un gesto en el momento oportuno, en particular cuando uno de los dos se encuentra en un momento de desarraigo

«Saber escuchar y ayudar cuando se necesita no siempre es fácil y los problemas pueden surgir si alguno de los miembros de la pareja no ha sentido el sostén que necesitaba del otro.«

«Dos tipos de circunstancias son las que van a constituir problemas en la pareja: cuando la solidaridad (muy activa en la vida cotidiana), transforma a la pareja en un equipo desexualizado y cuando uno de los miembros no ha cumplido con su rol de sostén frente a la adversidad».

Con esta exposición se comprenden muy bien las consecuencias que pueden llegar a traer en cualquiera de los miembros de la pareja, el hecho de que alguno de los dos transgreda los límites que constituyen las fronteras de ese mundo íntimo llamado pareja.

En mi próximo artículo finalizaré el tema de la culpabilidad con las conclusiones a las que el Dr. Neuburger llega en su libro.

(Imagen:www.bouwhuis.com)

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