La víctima: ¿realidad o papel?

(Por Clara Olivares)

¿Cómo discernir si estamos frente a una auténtica víctima o a una que «se hace la víctima«?

La persona que de verdad está siendo dañada, o, ultrajada, o, perseguida, por poner unos ejemplos, en nuestras entrañas notamos y percibimos su dolor.

Éste en la mayoría de los casos, suele ir acompañado de un sentimiento de vergüenza. Es como si se sintieran responsables del maltrato que han sufrido.

Ante estas personas, lo que podemos hacer es mostrar toda la empatía de que seamos capaces y reconocerles sus sentimientos. Lo que les ha sido  arrebatado no se lo podemos devolver… una violación, un ultraje, la inocencia perdida. Nadie puede y, esto merece toda nuestra compasión.

Parece que lo que alivia un poco su dolor es hablar con otras víctimas. Para quienes no lo hemos vivido nos es prácticamente inimaginable e impensable aquello por lo que ellas han pasado.

Pero, ¿y si es el caso de una persona que juega a ser una víctima?

En esta ocasión nuestras tripas se rebelarán y comenzaremos a sentir una rabia descomunal. Porque nuestro cuerpo es sabio y reconoce antes que nuestra mente, que estamos frente a una persona que daña o que manipula.

Puede que tardemos un rato en reconocer esa rabia, sobretodo cuando la persona en cuestión acompaña su papel de un discurso que justifica su posición.

Suelen ser frases del tipo: «pobrecit@ yo, con todo lo que yo he hecho por ésa persona», «cómo sufro, nadie me quiere!», «siempre todo el mundo se quiere aprovechar de mí«, «qué mal@ es esa persona conmigo, con lo irreprochable que he sido yo». Y podría continuar con una cantidad innumerable de ejemplos!

Esto no quiere decir que TODOS (me atrevería a afirmar que sin excepción) hemos utilizado ésta estrategia en algún momento de nuestra vida. Me parece que negarlo sería faltar a la verdad!

Sabemos perfectamente cuándo estamos poniéndonos en el papel de víctimas, aunque no lo reconozcamos jamás. Pero a nosotros mismos es difícil engañarnos… en lo más profundo de nuestro corazón sabemos que estamos haciendo un papel.

Es una estrategia muy útil a la hora de conseguir lo que queremos. Siempre se obtienen más cosas si despertamos lástima en los otros, la lástima hace a las personas más vulnerables.

Aunque ya algun@s rayan en el descaro! Recuerdo una señora que hace años se subía al metro con cara de dolor, encorvada y con los ojos entrecerrados soltaba un discurso sobre «lo que sufría» y a continuación, de pié pedía dinero a cada una de las personas que estábamos en el vagón.

Claro, esto es un ejemplo que apenas nos toca. Pero y ¿cuándo se trata de nuestr@s padres, o herman@s o la pareja?

En éste caso es «cuándo la puerquita torció el rabo», cómo dicen!

¿Cómo no caer en esa tela de araña que nos envuelve?

Cómo les suelo decir a mis pacientes, «rebobinemos» la película. ¿Qué pasó antes?, ¿cómo reaccioné?, ¿qué dijo/hizo el otro?, hasta llegar a determinar el momento exacto en el que comenzamos a sentir el malestar, la rabia, para ser más exactos.

Las tripas jamás mienten. Éstas nos muestran, cómo en una radiografía, cuál fue el momento preciso en que comenzamos a cabrearnos y qué fue lo que lo causó.

La clave la tienen las tripas. Si retrocedemos la película podremos contactar con el momento del enfado, la causa, quién lo provocó y cuál fue nuestra reacción.

Como decía más arriba, la mente es más lenta que el cuerpo en captar el juego. Normalmente ésta nos «engatuza» con un discurso, pero el cuerpo jamás miente.

Si logramos identificar el juego al que somos sometidos, ya hemos adelantado la mitad del camino.

El siguiente paso consiste en desbaratarle el andamiaje a quien juega a hacerse la víctima.

¿Cómo? Yo he descubierto con el paso de los años que, un medio muy efectivo es, el de tomarle el pelo a la persona en cuestión.

Es una forma elegante de hacerle saber al otro que vemos lo que hace y que no le causaremos daño.

Tomar del pelo no es lo mismo que burlarse de ella. La burla es una agresión, en tanto que tomar del pelo es enviar el siguiente mensaje: «vale, ya me he dado cuenta de tu juego pero no cuentas conmigo para seguirlo».

Cada uno de nosotros encontrará la fórmula que mejor se adecúe al modo de ser nuestro, de la otra persona y a las circunstancias en que se dé el juego.

Podemos utilizar frases del tipo: «es verdad, hace 10 años estabas en la misma situación límite que ahora pero milagrosamente has sobrevivido», o, «la vida es injusta, no sé cómo una persona tan buena como tú tiene una amiga tan horrorosa como yo».

En fin, que a veces nos hemos visto envueltos en este juego, bien como protagonistas o como actores. Quizás lo importante es identificar qué es lo que sucede y desarticular el juego.

En mi próximo artículo y, siguiendo con el tema, hablaré sobre la «manipulación: estrategia odiosa».

(Imagen: profimagenes.ru)

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