La empatía

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Por Clara Olivares

La empatía se define como “la habilidad cognitiva de una persona para comprender el universo emocional de otra”.

definición.es

Y la RAE la describe como:

1. Sentimiento de identificación con algo o alguien.

2. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos

La clave para asimilar el alcance de este concepto es la palabra comprender. Ésta implica, no sólamente entender algo, sino penetrarlo, asirlo, identificarse con el otro, en otras palabras, situarse en su lugar.

Por eso muchas veces se ha utilizado la imagen de “ponerse en los zapatos de alguien” para escenificar la empatía.

Para poder ser empático es necesario desplazar nuestro centro de atención, de uno mismo, al otro, y preguntarse: ¿Cómo sería estar en esa situación? Desde su óptica, ¿como se mira? y ¿cómo se siente?

Mientras no realicemos ese ejercicio será muy difícil que empaticemos con otra persona.

También es importante que dejemos de lado las ideas preconcebidas y los prejuicios.

Mientras continuemos emitiendo un juicio sobre la actuación de ese individuo será muy complicado que nos pongamos en su lugar.

Tendremos que hacer un esfuerzo para conseguir que nosotros mismos dejemos de ser el centro. Por eso a muchas personas les resulta tan difícil ser empáticas.

Así mismo deberíamos huír de la banalización, es decir, de restarle importancia a lo que nos cuenta el otro. En otras palabras, evitemos convertir la situación de él/ella en algo corriente y anodino.

Recordemos que para quien lo vive no es así, aunque nos parezca lo contrario, y es por esa razón precisamente que merece todo nuestro respeto.

Otro punto a tener en cuenta es, no cuestionar la actuación o la decisión de ese otro. Si nos tomamos el tiempo necesario, llegaremos a descubrir el por qué lo hizo. Seguramente hubo una razón de peso para esa persona que le llevó a elegir esa opción y no otra.

Tampoco es recomendable enumerarle una serie de casos similares con final feliz, por ejemplo, “eso no es nada, a fulanito o, a mí, nos pasó lo mismo y salimos adelante”. Eso no la ve a ayudar, preguntémonos si no es nuestro propio temor el que está hablando a través de nuestra boca.

Si lo hacemos lo más seguro es que se enfade con nosotros, ya que, en realidad, no le estamos escuchando.

Y eso el otro lo siente.

La empatía se desarrolla, es algo que se aprende. Quizás la única condición para que sea eficaz es que sintamos de verdad lo que estamos diciendo.

No llegaremos a conectar con otra persona si decimos frases o palabras que en realidad no sentimos. En ese caso, es mejor no decir nada.

Lo mismo se aplica a una muestra de afecto como un abrazo o un beso. Si no lo sentimos será un gesto vacío.

Si le decimos a alguien: “lo siento mucho” es porque de verdad nos produce pena la situación por la que está pasando.

Las frases hechas del tipo: “estoy contigo”, “cómo te comprendo”, “saldrás adelante”, etc. No consuelan si no están acompañadas de nuestro sentir.

Basta con asistir a un entierro para constatarlo, nos daremos cuenta inmediatamente de quién da el pésame sintiéndolo y quien lo hace sólo para quedar bien.

Mostrar una falsa compasión se detecta rápidamente.

En mi próximo artículo hablaré sobre la gran importancia que encierra un gesto.

(Imagen: www.paraemocionarse.wordpress.com)

 

La vida: un simple destello

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Por Clara Olivares

Lawrence Durrell (El cuarteto de Alejandría) escribió: la vida es un simple destello de luz entre dos eternidades de tinieblas“.

Terrible y, a la vez, una imagen muy poética.

Sin lugar a dudas la vida es un milagro que irradia luz y calor. Hoy estamos vivos, mañana no lo sabemos

¿Y qué hacemos con ese breve destello?

Me parece que casi nadie llega a ser consciente de esa realidad. Creemos que lo natural es estar vivos.

Esta frase de Durrell me suscita muchas reflexiones.

Pienso que para las personas creyentes, esta afirmación carece de sentido. Pero, ¿y para los no creyentes?

Me pregunto cómo administramos ese momento fugaz que es nuestra vida: ¿en qué lo estamos invirtiendo? ¿cuánto tiempo dedicamos a disfrutar de ella? o, por el contrario, nos lamentamos, nos peleamos con la existencia y renegamos de nuestra suerte, o, de nuestra familia, pareja, herman@s, trabajo, etc.

Creo que no llegamos a ser conscientes de que nuestra vida dura muy poco comparada con la magnitud del universo.

¿Por qué desperdiciamos ese don en perder mucho tiempo en pelearnos con nuestro pasado, con nuestros padres, con nuestro entorno, etc.?

Cierto es que en algún momento de nuestra existencia atravesamos épocas, por otra parte necesarias, en las cuales “ordenamos la casa”, es decir, revisamos nuestra historia familiar e intentamos poner en su lugar las cosas y a las personas.

Y después de hacerlo, ¿qué?

¿Cómo deseamos pasar el resto de vida que nos queda? ¿En qué la queremos invertir?

Es una realidad que consumimos diariamente un tiempo considerable en conseguir los recursos económicos necesarios para poder sobrevivir. Pero en esa labor no creo que sea aconsejable gastar más del tiempo necesario.

Es más, creo que paralelamente, deberíamos seguir aprovechando el hecho de que aún seguimos vivos.

Volviendo a la imagen que acompaña este artículo, habrá quienes se enfaden porque su cerilla debería ser más larga, o, dar más luz, o, ser una que jamás se consumiera.

Soy consciente de lo difícil que resulta a veces ver la realidad y, más aún aceptarla.

Me he cruzado con personas que, desde que las conozco, se pasan el tiempo quejándose, de su pareja, de su familias, de los políticos, etc. Y, honestamente, resulta cansino.

Pienso: ¿ésta persona no se dará cuenta de que ha desperdiciado su vida en culpar a otros de su suerte? Evidentemente no.

Siento tristeza por ellos porque aún no se han enterado de que la vida es corta y fugaz. Malgastan su limitado tiempo en nimiedades que, básicamente, no pueden ya cambiar, en lugar de invertir ese tiempo en vivir.

Disfrutar de lo que generosamente la vida les ha proporcionado, de las personas que les quieren, de la salud que tienen, de sus habilidades, de su inteligencia... la lista llegaría a ser interminable.

A todas ellas les repito una frase que decía mi madre con frecuencia: “en vida, hermano, en vida”.

Cuando muramos, todos los “posibles” desaparecerán. Entonces ya no podremos hacer nada.

Os invito a mirar a vuestro alrededor y disfrutar de lo que tenéis. Dejad de lamentaros por lo que no tenéis. Os sorprendería descubrir que son muchas más las cosas de las que podéis disfrutar.

Como dice la famosa máxima de Rabindranath Tagore: “No llores por la puesta de sol, porque tus lágrimas te impedirán ver la belleza de las estrellas”.

En mi próximo artículo hablaré sobre la empatía.

(Imagen: www.blog.somosdesign.es )

La fidelidad

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Por Clara Olivares

Como muestra la imagen, el perro es el icono de la fidelidad por antonomasia.

¿Cómo se ganó esta fama? Quizás porque a pesar de todo aquello por lo que pueda pasar su amo, permanece a su lado.

Ser fiel es “seguir ahí” en las buenas y en las malas. Por esa misma razón, me llaman la atención los votos que hacen los recién casados: “en la salud y en la enfermedad”. Son las mismas promesas que se realizan ante lo ojos de un dios o ante los de un juez.

Alguien que se compromete a cumplir sus promesas, lo hace tomando la decisión HOY sin saber qué derroteros seguirá su vida en el futuro incierto.

No obstante, lo hace de manera lúcida y libre. De hecho la ley contempla la reducción de una condena, si el delito se ha cometido bajo coacción.

Quien es fiel cumple sus promesas a pesar de los cambios que sufrirán sus ideas, convicciones y sentimientos. ¿Esto no es uno poco soberbio? Yo pienso que se trata más de una elección inconsciente.

Me parece que quizás se relaciona más con la omnipotencia (yo puedo con todo) que con cualquier otra cosa.

Es este sentimiento, tan juvenil, de estar convencidos de que es posible hacer no importa qué, el responsable, quizás, de nuestra inconsciencia. Tampoco olvidemos que es gracias a ella que nos hemos atrevido a hacer muchas cosas.

En la medida que envejecemos aprendemos a ser más cautos, menos mal!

La palabra fidelidad proviene del latín fidelitas que significa “servir a un dios”.

Cierto es que existen muchos dioses: el dinero, la fama o el poder, entre otros.

Según la definición que ofrece Wikipedia la fidelidad implica “…una conexión verdadera con una fuente”.

 Por eso creo que resulta muy difícil mantener una promesa con el paso del tiempo, o no…

Eso en el caso de un sólo individuo. Pero, ¿que pasa cuando se trata de la fidelidad a un grupo? Por ejemplo, ¿a la familia? Por fidelidad a ella se llegan a hacer grandes sacrificios personales.

Nos quedaríamos sorprendidos de lo que es capaz de sacrificar un ser humano (en especial un niño) por su familia. Llegaría incluso a comprometer su salud mental para salvar al grupo.

Así, la afirmación de que la fidelidad es una virtud cobra mucho sentido.

En este punto me gustaría matizar. Creo que gran parte de lo que significa ser fiel está en consonancia con lo que cada uno es realmente, es decir, para poder ser fiel a algo o a alguien es necesario, en primer lugar, ser honestos con nosotros mismos y saber a que dios es al que servimos.

Como todo en esta vida, nada permanece inamovible, la vida es movimiento.

Las actuaciones que tuvimos en un momento equis de nuestra existencia, felizmente, con la edad y la madurez, las abandonamos y las modificamos.

Quizás no fuímos fieles a algo o a alguien por un sinnúmero de circunstancias.

Probablemente, nuestras creencias y las maniobras inconscientes que se ponían en juego, estén relacionadas con la propia historia personal, así como las estrategias de supervivencia a las que recurrimos para ser aceptados o, simplemente, incluidos en un grupo social.

Seguramente estos comportamientos no fueron los más correctos ni los más deseables, lo importante es que algún día descubramos la razón de nuestras actuaciones.

Valdría la pena averiguar qué parte de nosotros mismos se estaba jugando cuando apostábamos por esta maniobra: ¿buscar la valoración? ¿conseguir una identidad? ¿Demostrarnos algo a nosotros mismos, o al grupo?

 Dejando al margen estas preguntas, el concepto de fidelidad otorga especial atención al deber, en otras palabras, a hacer lo correcto.

O, por lo menos, tener el deseo (o la virtud) de cumplir las promesas hechas.

Creo que en la actualidad este concepto se ha banalizado y se ha manoseado enormemente.

Si no, escuchemos las promesas que hacen los políticos en el momento de conseguir más votos, o, cuando alguien desaprensivo antepone siempre sus intereses personales para satisfacer sus deseos a cualquier precio.

 Desafortunadamente, parece que la sociedad actual premia estas conductas.

 Y cada uno de nosotros ¿es fiel a sí mism@?

¡Elegir esta senda no es un camino de rosas!

En mi próximo artículo hablaré sobre la superstición.

(Imagen:www.leynatural.es)

La honestidad

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Por Clara Olivares

La honestidad (De latín honestĭtas, -ātis1 ) o también llamado honradez, es el valor de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable, justo y honrado. Desde un punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo como se piensa y se siente. Se refiere a la cualidad con la cual se designa a aquella persona que se muestra, tanto en su obrar como en su manera de pensar, como justa, recta e íntegra. Quien obra con honradez se caracterizará por la rectitud de ánimo, integridad con la cual procede en todo en lo que actúa, respetando por sobre todas las cosas las normas que se consideran como correctas y adecuadas en la comunidad en la cual vive.

Wikipedia

 

En otras palabras, ser consecuente.

Y en la mayoría de las ocasiones no lo conseguimos

Fácil no resulta, ni mucho menos. Lo importante es no cejar en nuestro empeño.

 Se supone que una persona madura es aquella en la que su manera de pensar, sentir y actuar es la misma.

 Como reza el dicho: “obras son amores y no buenas razones“. Ya lo he dicho en otros artículos, las palabras se las lleva el viento, lo que cuenta y queda son los hechos.

Si conseguimos llegar a ser consecuentes y demostrar con hechos aquello que es lo correcto hacer, ya tenemos ganada la partida.

Otro tema es lo que nuestro corazón siente.

A veces, lo que deseamos hacer no es lo más adecuado ni lo más correcto.

Entonces, ¿seguimos el dictado de nuestro deseo, o no lo hacemos?

 Este es el eterno dilema que se nos plantea.

Seguramente, todos nos hemos encontrado alguna vez en esa tesitura. ¿Qué hacer?

Personalmente, yo he seguido las indicaciones de mi corazón, y, me atrevería a decir que, siempre esta decisión me ha dejado en paz conmigo misma.

Imagino que cada persona tomará una decisión en función de la escala de valores que rija su vida. La cual no tiene que coincidir necesariamente con la nuestra.

Me parece que la honestidad la debemos aplicar, en primera instancia, con nosotros mismos. Dejemos de contarnos historias que tomamos como reales cuando no lo son.

 Intentemos decir la verdad, aunque nos cueste. Pero también es cierto que también tenemos que ser muy ciudadosos para no dañar con nuestras palabras.

Es todo un arte, y como tal, requiere de un equilibrio para sopesar todas las variables y elegir aquella que es la más adecuada.

Para Confucio, la honestidad era uno de los valores y uno de los componentes de una personalidad saludable.

Esto implica un compromiso interno para respetar la verdad.

Así mismo, seremos bondadosos al no anteponer nuestro propio interés al de otros. Es decir, prevalecerá lo que es justo.

En mi próximo artículo hablaré sobre la fidelidad.

(Imagen: wwwr.reflexionesdiarias.wordpress.com)

 

Etapas del amor

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(Por Clara Olivares)

Cuando estaba en el colegio, al finalizar un curso se puso de moda pedirle a las compañeras de clase que nos escribieran algo en un cuaderno a modo de recuerdo.

Se me quedó grabado en la memoria uno de estos escritos: “todo amor implica sufrimiento, si no quieres sufrir, no ames. Pero si no amas, ¿para qué quieres vivir?”

Ahora, de mayor, encuentro que estas palabras son mucho más que una simple máxima.

Amar es lo que le puede dar algún sentido a nuestra vida. Amar, no sólamente en pareja sino en todos los demás ámbitos de nuestra vida.

Como colofón a mis últimos artículos sobre el amor, hablaré sobre sus fases y sobre los puntos débiles que suele tener cada tipo.

Todos los amores, de pareja y/o amigos, atraviesan exactamente los mismos períodos: pasión o enamoramiento, desilusión y aceptación.

Durante la fase de pasión, “tenemos estrellitas en los ojos”. Todo aquello que hace o dice la persona amada (o el amigo) es genial. No le encontramos defectos (y si los tiene, no los vemos) ni le hacemos ninguna crítica.

Sexualmente no descansamos (ni es nuestro deseo hacerlo). Pero como todo en esta vida, la pasión se acaba. Como sucede con el alka-seltzer, la efervescencia termina…

Y es en la fase de desilusión cuando muchas relaciones se rompen. A ambas personas se les “caen las escamas de los ojos” y ven al otro como es realmente.

A continuación hablaré sobre los puntos débiles que presenta cada tipo de amor en los dos miembros de la pareja. Tomo como ejemplo a una pareja conformada por un hombre y por una mujer pero las etapas por las que pasa cualquier tipo de relación son idénticas.

Se crea una mecánica de acción-reacción difícil de romper.

FIGURA DEL PADRE

– Se acentúan sus defectos, se vuelve autoritario y egoísta. Está de mal humor, y se convierte en una persona déspota. Lo único que le interesa es lo de él.

– Ante esto la mujer retira su apoyo y su dulzura.

Él reacciona generalmente con escenas de celos, se muestra caprichoso y no acepta sus propios errores.

– El hombre se enerva ante las exigencias femeninas y se cansa de protegerla. A su vez, la mujer se vuelve extremamente crítica e intolerante ante las debilidades de su pareja.

Ella tiene una profunda necesidad inconsciente de derribar el altar en el que subió a su idealizado compañero.

FIGURA DEL “MAGO”

– Este tipo de hombre hechiza a la mujer con su maneras seductoras mientras le chupa la savia. La vampiriza…

– En la etapa de desilusión, de pronto ella se da cuenta y es consciente de que siempre había escogido a este tipo de hombres y esto la horroriza.

Surge entonces un conflicto interno: a ella se le rompe el corazón y al mismo tiempo es consciente de que perdió toda su voluntad y su independencia. La rabia y el dolor la colocan entre la espada y la pared.

– Este tipo de amor es el que causa la mayor desilusión.

Si se trata de un aventurero que está de paso, el daño es menor ya que desaparece.

GUÍA ESPIRITUAL

– El intelectual es con frecuencia frío y avaro.

– Su imagen de bondad y sabiduría sólo la despliega ante su círculo de amistades.

– Presenta fuertes deficiencias sensuales y humanas.

– La mujer se siente utilizada como una colaboradora que únicamente recoge las migajas del saber de él.

Él cree que ella no está a su mismo nivel y la menosprecia “dejándola” que sea su secretaria o su bibliotecaria, negándose a hacerla partícipe de lo vivo y lo esencial de su obra.

– La mujer se cansa de realizar estos trabajos humillantes y fatigosos de manera que para ella él pierde su aureola de misterio y superioridad.

– Es por la misma razón que ella se vuelve hipersensible y se rebela ante el abuso y la explotación por parte de él. Todo aquello que antes la fascinaba, ahora la enerva.

– Esta reacción hace que él no le perdone sus críticas y sienta que se le “escapó de las manos”.

– Es un mal perdedor así que termina por refugiarse en su grupo de admirador@s.

– Es un hombre herido que busca inconscientemente la venganza.

– La mujer reacciona como una hija rebelde y obstinada. Piensa que él no le reconoce sus derechos y la importancia que ella tiene.

– El hombre se cansa de la reacción automática e infantil de ella, y ésto hace que pierda el control emocional ante sus exigencias de comprensión y le aleja su amor, volviéndose un hombre déspota.

– Lo más probable es que el salga a buscar en otras mujeres la confirmación de su virilidad.

EL DON JUAN

Adolece de moral. Le falta caballerosidad y no es capaz de distinguir entre aquello que está bien de lo que no lo está.

– La mujer que ansía dominar despierta en él el deseo de huír.

Ella le exige frecuentemente pruebas de su amor.

EL COMPAÑERO

Deja que la mujer cargue sola con todo el peso de la responsabilidad de la relación.

– El hombre no mantiene sus promesas en el momento en que la situación se pone difícil.

Sólo un amor muy arraigado permite que se supere la crísis.

– Para lograrlo, se impone un trabajo de los dos para resolver sus problemas como pareja.

EL HERMANO

– Se caracteriza por un gran egoísmo.

– A su vez, la mujer, buscando comprensión, descuida el aspecto físico y sensual de la pareja.

– Esta relación incompleta la hace estar descontenta y se aburre, en especial cuando constata que el hombre comprensivo del que se enamoró ya no existe.

Él, a su vez, se centra únicamente en sus propios problemas.

EL HIJO

– Manifiesta una profunda ingratitud.

La relación se vicia y sufre mutaciones: la dulzura se transforma en prepotencia, la comprensión en egoísmo y el valor que tenía la unión se convierte en rencor y hostilidad.

 

Me perece que todos hemos vivido una o varias de estas relaciones. Es irrelevante de qué tipo ha sido la que nos enamoró, lo importante es que haya madurado y, por lo tanto, haya mutado.

Como me decía mi terapéuta: “una relación es como llevar un cesto entre dos personas. Cada una de ellas sujeta una de las asas, pero son AMBAS los que depositan en él cosas”. ¿Con qué deseamos llenar ese cesto?

En mi próximo artículo hablaré sobre la honestidad.

(Imagen:www.consciusconsumemetwork.tv.jpg)

 

Quiero agradecer a todos aquellos que han comprado mi libro, e invito a los que no lo hayan hecho aún a que se anímen a unirse a ellos!

Amores tipo hermano

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Por Clara Olivares

Evidentemente este tipo de amor descarta cualquier aspecto sensual. Como reza el dicho: en mi relación de pareja somos “como hermanitos”.

Se priman otros aspectos: en especial la comprensión y la amistad.

La ternura y las afinidades en común suelen constituir su piedra angular.

Desde el inicio de la relación, el aspecto pasional no está presente.

No es como en el caso de la evolución normal de una relación de pareja en la que la pasión deja de ser uno de los aspectos importantes para dar paso a que afloren los cimientos sobre los que ésta se apoya.

El hombre que suele establecer una relación tipo hermano, busca consejo, dulzura e intuición en su compañera.

Suele tratarse de personas sensibles, introvertidas y tímidas que ofrecen comprensión y amistad y que, por lo general, tienen muy desarrollada su faceta espiritual.

Esta comprensión afectuosa e intuitiva sustituye la pasión, que, como señalo más arriba, es prácticamente inexistente.

Este tipo de hombres proyectan una vitalidad masculina que no poseen. Buscan en su pareja a una hermana y compañera.

La clase de mujer que éstos escogen suele ser una persona sensitiva que le da más importancia al aspecto espiritual que al físico.

Así es como la falta de pasión deja de ser un asunto que tambalee la relación y la ponga en peligro.

Lo que la haría peligrar sería que la “hermana” dejara de ocupar ése lugar.

Si la compañera necesitara que el vínculo evolucionara y se convirtiera en uno de igualdad, entonces la estructura emocional y psíquica de la pareja se vendría abajo.

Las reglas del juego cambiarían y la mujer ideal se esfumaría.

Como pasa en todas las parejas, con el paso de los años la relación se va transformando. Por lo general se inicia con una mecánica determinada pero ésta va mutando y se va convirtiendo en lo que las dos personas han depositado en ella.

Si la han alimentado con odio y resentimiento con el paso del tiempo recogerán esos mismos frutos. Una relación sólo es posible construirla en el tiempo, de otra manera sería un “amour fou”, o una pasión a secas (que por norma general, no suele durar mucho tiempo).

En mi próximo artículo hablaré sobre el amor tipo compañer@.

(Imagen: cantasa1985.wordpress.com )

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Amores tipo hijo

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Por Clara Olivares

Por lo general se trata de jóvenes inexpertos, pasivos y soñadores.

Éstos poseen un temperamento sensible y dulce con una fuerte carga sensual poco despierta.

Resultan fáciles de seducir ya que son sumisos y maleables.

Atraen a mujeres de recia personalidad y con un carácter dominante en donde ellas son fuertes y protectoras.

Esta clase de mujer suele tener un aire varonil, así como un erotismo decidido y agresivo.

Generalmente el hombre termina siendo esclavizado por la mujer, ya que, éste busca en ella amparo y le atrae una clase de amor tiránico y tormentoso.

En este tipo de amor se suelen dar tres clases de relación:

  1. Aquella que tiene un tinte incestuoso.
  2. El amor sentimental.
  3. 3. La amistad ideal.

Analicemos cada uno:

  1. Aspecto incestuoso: Suelen ser hombres atractivos que permiten que sea la mujer quien tome la iniciativa.

Una mujer experimentada suele darle al hombre aquello que una joven no podría hacerlo.

En este tipo de hombre subyace un componente inconsciente de vampirismo y de materialismo, es decir, se alimentan de su pareja tanto psíquica como materialmente.

La mujer estimula los aspectos sensuales primitivos de la psique masculina.

Desafortunadamente, el hombre termina utilizándola en su propio beneficio.

 

  1. El amor sentimental:

El hombre busca en el amor apoyo para su incertidumbre y para su propia debilidad interior. La mujer saca ventaja de estos aspectos y sabe como atarlo a su lado con dulzura y comprensión.

La experiencia de ella le permite al hombre encontrar la calma y desarrollar raíces profundas que le conducirán a un conocimiento de sí mismo.

Como explicaba más arriba, estos jóvenes inexpertos de carácter pasivo, terminan de completar su formación al amparo del apoyo maternal que le brinda la mujer. Así crecen intelectualmente y retoman su energía.

 

  1. La amistad ideal:

Se desarrolla básicamente en el plano espiritual, quedando el erótico en un último lugar.

La posible atracción física queda sublimada reduciéndose este aspecto a un flirteo.

El punto de unión entre los dos es el interés cultural. El hombre la admira teniendo un profundo sentimiento de amistad. El atractivo sexual se queda en un simple trasfondo agradable.

En la mayoría de los casos se trata de una amistad idealizada y platónica.

 

Con este somero análisis es posible tener una visión general del tipo de amor que hemos escogido a lo largo de nuestra vida. Aunque también hay que tener en cuenta que, en la medida en que maduramos, vamos variando nuestro patrón para buscar relaciones con una mayor igualdad.

En mi próximo artículo hablaré del amor del tipo hermano.

(Imagen: www.lookfordiagnosis.com )

El amor de carácter paternal

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Por Clara Olivares

El primero de los caracteres que abordaré será el de tipo paternal.

¿Qué mujeres lo eligen? Por lo general, mujeres jóvenes, inexpertas y de temperamento pasivo que desean a un hombre maduro, experto y autoritario con un gran poder de atracción.

Estas mujeres buscan encontrar seguridad, apoyo y autoridad; se sienten subyugadas por él.

Los aspectos pasivo e indeciso de este tipo de psique femenina se proyectan en una personalidad masculina fuerte y experta.

También, puede tratarse de mujeres fuertes y exuberantes que atraviesan una crísis afectiva.

En cualquier caso, se trata de mujeres que huyen de su entorno familiar, o que son inmigrantes, o huérfanas, es decir,b mujeres que están en una situación de fragilidad que las hace más vulnerables.

Este tipo de hombre suele presentarse como un guía espiritual, o un héroe, o como un perverso (por lo general, la mujer que lo escoge no se entera de que éste lo es).

El guía espiritual puede ser un líder de un grupo, o un artista, o el fundador de un movimiento religioso, o un “iniciado”, o un médico, o un psicólogo, o también algunos profesores.

La mujer que lo escoge necesita el amparo paterno. Estos hombres suelen ser protectores, bondadosos y joviales, menos en el caso de un perverso, donde bajo su aparente encanto, se esconde un monstruo.

El héroe es alguien que lucha por el amor de la mujer. Ésta necesita que la defiendan de los peligros de la vida. Ejemplos de éste pueden ser los deportistas de élite, las estrellas de cine, los cantantes de moda, etc., y, por supuesto, los Don Juanes.

Al final, este hombre termina esclavizando a la mujer inexperta y la somete. Se aprovecha de su inexperiencia y su poco contacto con el mundo real.

El perverso es un “mal bicho”. Seduce a la mujer desplegando todos sus encantos y, una vez que está seguro de su poder, la somete. La maltrata y la veja, creando una tela de araña que la va aislando poco a poco. De esta manera, le será más fácil someterla y dominarla.

Ella lo escoge creyendo “que lo va a redimir”, que “lo va a salvar” pero lo que no sabe es que se está metiendo en la boca del lobo. Es tan grande su necesidad de aprobación y de reconocimiento que su propio vacío le impide ver.

La mujer con una personalidad histérica se siente especialmente atraída por los perversos. Como decía Robert Neuberger: “busca a un maestro para dominarlo”. Paradojas…

Como ya lo he dicho en otras ocasiones: “la única forma de liberarse de un perverso es poniendo tierra de por medio”.

Por último está el joven explorador, encarnado en aventureros, trotamundos y exploradores que traspasan el límite de lo legal.

Al tipo de mujer rebelde le atrae su figura audaz.

Rápidamente el hombre se convierte en protector y explotador.

Ellos literalmente las “embrutecen” y abusan de ellas mandándolas y explotándolas para conseguir sus fines.

Es una unión que se basa en el placer y en la brutalidad. Ofrece unas ventajas mútuas que pueden desembocar que una relación simbiótica. Ambos se unen para luchar contra la sociedad.

También puede presentarse como el artista: pintor, escultor, cantante, músico, etc. Ejerciendo una fascinación erótica con sus dotes, pero en realidad se trata de la representación de un personaje. Ella proyecta sus carencias en él, identificándose con el papel de artista que éste proyecta.

No es consciente de los defectos de él, y, si lo es, los olvida.

Vive ese amor como una revancha inconsciente sobre otras mujeres, como si ella hubiera ganado el premio gordo. Su amor propio crece y se siente interiormente halagada.

Por último está el hombre activo y productivo. Suelen ser personas con una mentalidad audaz y aguda que destacan en los campos social y/o profesional.

Representa un ideal de fuerza y de audacia con un halo de héroe benefactor de la humanidad haciéndo gala de un gran espíritu de sacrificio.

La mujer que lo escoge está convencida de que su misión es la de apoyarle, suelen ser mujeres dulces y pasivas.

En mi próximo artículo hablaré sobre los amores que tienen la figura del hijo.

(Imagen: www.aztecanoticias.com.

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Diferentes caracteres en el amor (Introducción)

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 Por Clara Olivares

Tod@s nos hemos criado en una familia, eso es una obviedad. Lo que me interesa resaltar es el hecho de que en muchos aspectos de nuestra forma de ser, recreamos el mismo patrón familiar: el de padre, madre e hij@.

Y en el amor, evidentemente, se vuelve a repetir el mismo fenómeno.

En un principio, escogemos de forma inconsciente al tipo de persona que responde a un modelo, bien sea el de padre, el de madre o el de hij@.

Lo que se recrea es el tipo de relación, es decir, se adopta el papel de padre, de madre o de hijo.

Por ejemplo, una mujer que se ha definido como madre, escogerá a un hijo. Un hombre que se ha ubicado como padre, eligirá a una hija y en el caso del herman@, escogerá a otro igual a él/ella.

Digo que “en un principio”, porque afortunadamente, el patrón se puede trabajar hasta convertirlo en una relación de iguales, de compañer@s. A este modelo, se le llama “consorte”.

El ideal sería establecer este tipo de relación desde el comienzo, pero la realidad me ha demostrado que no siempre es así.

Me parece que, si bien una relación se funda con un tipo de funcionamiento equis por ambas partes, a lo largo del tiempo y durante las diferentes etapas por las que pasa dicha relación, los dos miembros de la pareja asumen el papel de padre, madre o hij@.

Y no creo que ésto sea un lastre, al contrario, creo que forma parte de la propia evolución de la pareja.

Lo interesante es que cada uno identifique el tipo de relación que establece con los demás para poder así ir modificando los aspectos que le llevarían a un estancamiento personal e interpersonal.

En la elección de la pareja intervienen un sinfín de factores: la familia, el grupo social, las características propias del individuo, etc. Es decir, que en ningún caso se trata de algo inamovible.

 He observado que el tipo de relación que establecemos con los otros, es por lo general, similar a la que desempeñàbamos en nuestra propia familia.

Si observamos con atención, descubriremos que existe un patrón que se repite cada vez que nos relacionamos con otro.

Tendemos a reproducirlo de forma inconsciente con los amigos y la pareja.

Así, que no es de extrañar que nos descubramos ejerciendo de padre-madre-herman@ con otros.

Así, vamos asumiendo las funciones propias de cada papel: el de un padre guía, el de una madre protectora o el de un hijo rebelde, por ejemplo.

Los problemas surgen cuando el patrón permanece idéntico a lo largo de los años. Lo normal es que éste se vaya modificando en la medida en que maduramos.

Sucede lo mismo cuando se va moldeando un temperamento hasta convertirlo en un carácter.

A lo largo de los siguientes artículos iré desglosando cada uno de estos patrones.

 (Imagen: core.psykia.com)

El carácter

Por Clara Olivares

Este tema me ha hecho recordar las clases que dictaba mi madre (1924 – 1983), así que este artículo se lo dedico a ella.

Es importante establecer la diferencia entre el temperamento y el carácter. El primero hace referencia a las características psicológicas con que nacemos (innato) y el carácter es el resultado que se produce con el contacto con el medio social, la familia y el entorno (adquirido).

El carácter se va moldeando a lo largo de la vida. Cuando somos niños manifestamos nuestro temperamento en estado puro, así, de pequeños mostramos claramente cómo somos, cuáles son las características de nuestro modo de ser.

El carácter es la impronta que deja la experiencia, en otras palabras, el proceso de socialización moldea y educa el temperamento.

El carácter no sólo hace referencia a los aspectos psicológicos de un individuo, también se refiere a la “… señal o marca que se imprime, pinta o esculpe en algo, o, al signo de escritura o de imprenta, o, a la marca o hierro con que los animales de un rebaño se distinguen de los de otro. En resumen, el carácter habla del conjunto de cualidades o circunstancias propias de una cosa, de una persona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás”.

De acuerdo a la escuela francesa iniciada por Heymans y continuada por Le Senne, el temperamento parte de tres propiedades: emotividad, actividad y resonancia.

Así, una persona puede ser emotiva/no emotiva, activa/no activa y primaria/secundaria.

(Si deseas conocer cuál es tu temperamento, visita en siguiente enlace: http://los4temperamentos.blogspot.com.es/2012/09/test-para-descubrir-tu-temperamento.html)

La emotividad se definiría como la conmoción que producen los acontecimientos de la vida diaria en el individuo.

Todas las personas poseen la capacidad de conmoverse, pero se llamará emotivo a aquellos que se conmueven más fácilmente que la mayoría de las personas. La emotividad se reconoce por la intensidad de la respuesta emocional ante un acontecimiento cualquiera.

Son rasgos típicos del emotivo el humor variable, la excitabilidad, la inquietud, la impresionabilidad y la tendencia a exagerar.

La actividad no es el movimiento continuo de las personas nerviosas o impulsivas. El activo tiene una necesidad espontánea de actuar, se siente empujado hacia la acción. Esta propiedad se reconoce observando a las personas por la forma en que reaccionan ante un obstáculo.

El no activo duda, retrocede, se desanima y con frecuencia abandona.  En cambio, para el activo el obstáculo se convierte en un refuerzo de la acción, en un reto.

Los rasgos típicos de una persona activa serían: centrarse rápidamente en el trabajo, ser decidida, perseverante y que no aplaza las tareas para después.

La resonancia, como su nombre lo indica, es el eco o la repercusión que las impresiones tienen sobre el ánimo de cada persona. Si las impresiones tienen efecto sobre la conducta en el instante en que aparece la emoción, la resonancia es primaria. En cambio, si las impresiones influyen en un momento posterior a la emoción, la resonancia es secundaria.

 Es como si de un tambor se tratara. El tiempo que transcurre entre el golpe y la producción del sonido (resonancia) puede ser inmediata (primaria) o tardar un lapso de tiempo en sonar (secundaria).

Los primarios, por ejemplo, suelen reaccionar de forma rápida y contundente ante las ofensas que reciben, pero pronto se olvidan de ellas. Por el contrario, los secundarios tardan más en reaccionar, pero les cuesta mucho más tiempo olvidar el disgusto.

El primario vive el presente y le gusta el cambio, ello favorece la capacidad de soltura, la rapidez de reacción y el entusiasmo. Actúa frecuentemente de forma dispersa y superficial. 

El secundario vive en el pasado, está aferrado a sus recuerdos y principios y con frecuencia es prisionero de sus rutinas y prejuicios. Todo ello facilita la reflexión, el orden, la sistematización, la perseverancia y la coherencia mental.

(Si deseas conocer cuál es tu temperamento, visita en siguiente enlace: http://los4temperamentos.blogspot.com.es/2012/09/test-para-descubrir-tu-temperamento.html)

La combinación de estos tres elementos dan origen a ocho tipos de temperamentos:

Emotivo, activo, primario E, A, P Colérico
Emotivo, activo, secundario E, A, S Apasionado
No emotivo, Activo, primario nE, A, P Sanguíneo
No emotivo, Activo, secundario nE, A, S Flemático
Emotivo, No activo, primario E, nA, P Nervioso
Emotivo, No activo, secundario E, nA, S Sentimental
No emotivo, No activo, primario nE, nA, P Amorfo
No emotivo, No activo, secundario nE, nA, S Apátic0

 

Temperamento

Características

Colérico Es cálido, rápido, activo, práctico, voluntarioso, autosuficiente y muy independiente.Tiende a ser decidido y de firmes opiniones, tanto para él mismo como para otras personas, y tiende a tratar de imponerlas.Es extrovertido, no hasta el punto del sanguíneo.Generalmente, prefiere la actividad.No necesita ser estimulado por su ambiente, sino que más bien lo estimula él con sus inacabables ideas, planes, metas y ambiciones.
 

Apasionado

Son dueños de una gran memoria e imaginación, así como de una capacidad innata para el trabajo.Suelen implicarse en las causas perdidas y les interesa aprender, son sumamente metódicos cuando lo hacen.
Sanguíneo Son cálidos, están satisfechos, vivaces y que disfrutan de la vida.·Es receptivo por naturaleza, las impresiones externas encuentran fácil entrada en su interior en donde provocan un alud de respuestas.Tiende a tomar decisiones basándose en los sentimientos más que en la reflexión.Es tan comunicativo que, es considerado un súper extrovertido.Tiene una capacidad insólita para disfrutar y por lo general contagia a los demás su espíritu que es amante de la diversión.
   

Flemático

Es calmado, tranquilo de los que nunca se descompone. Su punto de ebullición es tan elevado que casi nunca se enfada.·Son personas muy capaces y equilibradas, fáciles de tratar y es por esta característica de su naturaleza es el más agradable de los temperamentos.Es frío y se toma su tiempo para tomar sus decisiones.Prefiere vivir una existencia feliz, placentera y sin estridencias hasta el punto que llega a involucrarse en la vida lo menos que puede.
 Nervioso Cambian constantemente sus intereses, se entusiasman fácilmente con cosas nuevas pero nada consigue atraerlos lo suficiente.No tienen orden ni disciplina en su vida. Suelen ser de voluntad débil, sociables y cariñosos.
    

Sentimental

Es el más rico y complejo de todos los temperamentos.·Suele producir tipos analíticos, abnegados, dotados y perfeccionistas.·Es de una naturaleza emocional muy sensible, predispuesta a veces a deprimirse.Es el que consigue más disfrute de las artes.Es propenso a la introversión, pero debido al predominio de sus sentimientos, puede adquirir toda una variedad de talantes.
 Amorfo Suelen ser personas perezosas, poco originales y despilfarradoras.No les gusta prevenir, son impuntuales y nada las entusiasma.
  Apático Viven encerradas en sí mismas, son melancólicas, testarudas y perezosas.Les gusta la rutina y se muestran indiferentes frente a lo que las rodea.Son apáticas y poco interesadas en realizar cosas nuevas.

 (Fuente: http://www.monografias.com/trabajos75/temperamentos-sanguineo-flematico-melancolico-colerico/temperamentos-sanguineo-flematico-melancolico-colerico2.shtml#ixzz3XHC164DG)

Como digo más arriba el carácter muta a lo largo de la vida. Son infinitos los factores que intervienen en su resultado: puede que en un momento de nuestra vida manifestemos un tipo de carácter y que éste se modifique cuando cambian las circunstancias personales y las características del entorno que nos rodea.

 Ésto no quiere decir en ningún momento que el temperamento que tenemos desaparezca y sea suplantado por otro.

La base de nuestro ser permanece, lo que sucede es que siempre éste es susceptible de modificarse. No es algo rígido e inamovible, al contrario, es maleable.

El carácter sufre mutaciones a lo largo de nuestra vida.

Las características de nuestro temperamento se educan y se moldean. La madurez permite que nuestro carácter vaya modificándose siempre.

Por esa razón, cuando realizamos el test que menciono antes, puede que tengamos 2 respuestas para algunos de los ítems: la primera correspondería al temperamento que tenemos y la segunda al temperamento que hemos ido educando.

Por ejemplo: si se es una persona muy emotiva que explota inmediatamente, puede haber educado esa característica y puede haber aprendido a medir su reacción.

Como lo he dicho en otras ocasiones, es como si domesticáramos a un caballo salvaje: lo podemos hacer por las malas o por las buenas, recomiendo aplicar la segunda opción.

No obstante, puede que en nuestra infancia y adolescencia nos hayan domado por la fuerza. En estos casos, al igual que el caballo, nos hemos encabritado.

No siempre las familias aceptan que sus miembros gocen de una libertad de ser y de expresar lo que realmente son. Puede que esa diferencia se viva como una amenaza para la homeostasis del grupo, y, consecuentemente, se reprima o se anule.

Pero, afortunadamente, aunque éste haya sido el caso, la vida por lo general nos brinda la oportunidad de reconciliarnos.

El carácter es lo que nos diferencia de los otros, lo que nos hace únicos, en otras palabras, es lo que nos confiere identidad, ni más ni menos.

En mi próximo artículo hablaré sobre los diferentes caracteres en el amor.

Os invito a visitar el nuevo apartado de “Grupos de Apoyo”.

 (Imagen: www.induopsicologia.com )