La honestidad

www.reflexionesdiarias.wordpress.com

Por Clara Olivares

La honestidad (De latín honestĭtas, -ātis1 ) o también llamado honradez, es el valor de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable, justo y honrado. Desde un punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo como se piensa y se siente. Se refiere a la cualidad con la cual se designa a aquella persona que se muestra, tanto en su obrar como en su manera de pensar, como justa, recta e íntegra. Quien obra con honradez se caracterizará por la rectitud de ánimo, integridad con la cual procede en todo en lo que actúa, respetando por sobre todas las cosas las normas que se consideran como correctas y adecuadas en la comunidad en la cual vive.

Wikipedia

 

En otras palabras, ser consecuente.

Y en la mayoría de las ocasiones no lo conseguimos

Fácil no resulta, ni mucho menos. Lo importante es no cejar en nuestro empeño.

 Se supone que una persona madura es aquella en la que su manera de pensar, sentir y actuar es la misma.

 Como reza el dicho: “obras son amores y no buenas razones“. Ya lo he dicho en otros artículos, las palabras se las lleva el viento, lo que cuenta y queda son los hechos.

Si conseguimos llegar a ser consecuentes y demostrar con hechos aquello que es lo correcto hacer, ya tenemos ganada la partida.

Otro tema es lo que nuestro corazón siente.

A veces, lo que deseamos hacer no es lo más adecuado ni lo más correcto.

Entonces, ¿seguimos el dictado de nuestro deseo, o no lo hacemos?

 Este es el eterno dilema que se nos plantea.

Seguramente, todos nos hemos encontrado alguna vez en esa tesitura. ¿Qué hacer?

Personalmente, yo he seguido las indicaciones de mi corazón, y, me atrevería a decir que, siempre esta decisión me ha dejado en paz conmigo misma.

Imagino que cada persona tomará una decisión en función de la escala de valores que rija su vida. La cual no tiene que coincidir necesariamente con la nuestra.

Me parece que la honestidad la debemos aplicar, en primera instancia, con nosotros mismos. Dejemos de contarnos historias que tomamos como reales cuando no lo son.

 Intentemos decir la verdad, aunque nos cueste. Pero también es cierto que también tenemos que ser muy ciudadosos para no dañar con nuestras palabras.

Es todo un arte, y como tal, requiere de un equilibrio para sopesar todas las variables y elegir aquella que es la más adecuada.

Para Confucio, la honestidad era uno de los valores y uno de los componentes de una personalidad saludable.

Esto implica un compromiso interno para respetar la verdad.

Así mismo, seremos bondadosos al no anteponer nuestro propio interés al de otros. Es decir, prevalecerá lo que es justo.

En mi próximo artículo hablaré sobre la fidelidad.

(Imagen: wwwr.reflexionesdiarias.wordpress.com)

 

Etapas del amor

www.consciusconsumemetwork.tv

(Por Clara Olivares)

Cuando estaba en el colegio, al finalizar un curso se puso de moda pedirle a las compañeras de clase que nos escribieran algo en un cuaderno a modo de recuerdo.

Se me quedó grabado en la memoria uno de estos escritos: “todo amor implica sufrimiento, si no quieres sufrir, no ames. Pero si no amas, ¿para qué quieres vivir?”

Ahora, de mayor, encuentro que estas palabras son mucho más que una simple máxima.

Amar es lo que le puede dar algún sentido a nuestra vida. Amar, no sólamente en pareja sino en todos los demás ámbitos de nuestra vida.

Como colofón a mis últimos artículos sobre el amor, hablaré sobre sus fases y sobre los puntos débiles que suele tener cada tipo.

Todos los amores, de pareja y/o amigos, atraviesan exactamente los mismos períodos: pasión o enamoramiento, desilusión y aceptación.

Durante la fase de pasión, “tenemos estrellitas en los ojos”. Todo aquello que hace o dice la persona amada (o el amigo) es genial. No le encontramos defectos (y si los tiene, no los vemos) ni le hacemos ninguna crítica.

Sexualmente no descansamos (ni es nuestro deseo hacerlo). Pero como todo en esta vida, la pasión se acaba. Como sucede con el alka-seltzer, la efervescencia termina…

Y es en la fase de desilusión cuando muchas relaciones se rompen. A ambas personas se les “caen las escamas de los ojos” y ven al otro como es realmente.

A continuación hablaré sobre los puntos débiles que presenta cada tipo de amor en los dos miembros de la pareja. Tomo como ejemplo a una pareja conformada por un hombre y por una mujer pero las etapas por las que pasa cualquier tipo de relación son idénticas.

Se crea una mecánica de acción-reacción difícil de romper.

FIGURA DEL PADRE

– Se acentúan sus defectos, se vuelve autoritario y egoísta. Está de mal humor, y se convierte en una persona déspota. Lo único que le interesa es lo de él.

– Ante esto la mujer retira su apoyo y su dulzura.

Él reacciona generalmente con escenas de celos, se muestra caprichoso y no acepta sus propios errores.

– El hombre se enerva ante las exigencias femeninas y se cansa de protegerla. A su vez, la mujer se vuelve extremamente crítica e intolerante ante las debilidades de su pareja.

Ella tiene una profunda necesidad inconsciente de derribar el altar en el que subió a su idealizado compañero.

FIGURA DEL “MAGO”

– Este tipo de hombre hechiza a la mujer con su maneras seductoras mientras le chupa la savia. La vampiriza…

– En la etapa de desilusión, de pronto ella se da cuenta y es consciente de que siempre había escogido a este tipo de hombres y esto la horroriza.

Surge entonces un conflicto interno: a ella se le rompe el corazón y al mismo tiempo es consciente de que perdió toda su voluntad y su independencia. La rabia y el dolor la colocan entre la espada y la pared.

– Este tipo de amor es el que causa la mayor desilusión.

Si se trata de un aventurero que está de paso, el daño es menor ya que desaparece.

GUÍA ESPIRITUAL

– El intelectual es con frecuencia frío y avaro.

– Su imagen de bondad y sabiduría sólo la despliega ante su círculo de amistades.

– Presenta fuertes deficiencias sensuales y humanas.

– La mujer se siente utilizada como una colaboradora que únicamente recoge las migajas del saber de él.

Él cree que ella no está a su mismo nivel y la menosprecia “dejándola” que sea su secretaria o su bibliotecaria, negándose a hacerla partícipe de lo vivo y lo esencial de su obra.

– La mujer se cansa de realizar estos trabajos humillantes y fatigosos de manera que para ella él pierde su aureola de misterio y superioridad.

– Es por la misma razón que ella se vuelve hipersensible y se rebela ante el abuso y la explotación por parte de él. Todo aquello que antes la fascinaba, ahora la enerva.

– Esta reacción hace que él no le perdone sus críticas y sienta que se le “escapó de las manos”.

– Es un mal perdedor así que termina por refugiarse en su grupo de admirador@s.

– Es un hombre herido que busca inconscientemente la venganza.

– La mujer reacciona como una hija rebelde y obstinada. Piensa que él no le reconoce sus derechos y la importancia que ella tiene.

– El hombre se cansa de la reacción automática e infantil de ella, y ésto hace que pierda el control emocional ante sus exigencias de comprensión y le aleja su amor, volviéndose un hombre déspota.

– Lo más probable es que el salga a buscar en otras mujeres la confirmación de su virilidad.

EL DON JUAN

Adolece de moral. Le falta caballerosidad y no es capaz de distinguir entre aquello que está bien de lo que no lo está.

– La mujer que ansía dominar despierta en él el deseo de huír.

Ella le exige frecuentemente pruebas de su amor.

EL COMPAÑERO

Deja que la mujer cargue sola con todo el peso de la responsabilidad de la relación.

– El hombre no mantiene sus promesas en el momento en que la situación se pone difícil.

Sólo un amor muy arraigado permite que se supere la crísis.

– Para lograrlo, se impone un trabajo de los dos para resolver sus problemas como pareja.

EL HERMANO

– Se caracteriza por un gran egoísmo.

– A su vez, la mujer, buscando comprensión, descuida el aspecto físico y sensual de la pareja.

– Esta relación incompleta la hace estar descontenta y se aburre, en especial cuando constata que el hombre comprensivo del que se enamoró ya no existe.

Él, a su vez, se centra únicamente en sus propios problemas.

EL HIJO

– Manifiesta una profunda ingratitud.

La relación se vicia y sufre mutaciones: la dulzura se transforma en prepotencia, la comprensión en egoísmo y el valor que tenía la unión se convierte en rencor y hostilidad.

 

Me perece que todos hemos vivido una o varias de estas relaciones. Es irrelevante de qué tipo ha sido la que nos enamoró, lo importante es que haya madurado y, por lo tanto, haya mutado.

Como me decía mi terapéuta: “una relación es como llevar un cesto entre dos personas. Cada una de ellas sujeta una de las asas, pero son AMBAS los que depositan en él cosas”. ¿Con qué deseamos llenar ese cesto?

En mi próximo artículo hablaré sobre la honestidad.

(Imagen:www.consciusconsumemetwork.tv.jpg)

 

Quiero agradecer a todos aquellos que han comprado mi libro, e invito a los que no lo hayan hecho aún a que se anímen a unirse a ellos!

Amores tipo hijo

www.lookfordiagnosis.com

 

Por Clara Olivares

Por lo general se trata de jóvenes inexpertos, pasivos y soñadores.

Éstos poseen un temperamento sensible y dulce con una fuerte carga sensual poco despierta.

Resultan fáciles de seducir ya que son sumisos y maleables.

Atraen a mujeres de recia personalidad y con un carácter dominante en donde ellas son fuertes y protectoras.

Esta clase de mujer suele tener un aire varonil, así como un erotismo decidido y agresivo.

Generalmente el hombre termina siendo esclavizado por la mujer, ya que, éste busca en ella amparo y le atrae una clase de amor tiránico y tormentoso.

En este tipo de amor se suelen dar tres clases de relación:

  1. Aquella que tiene un tinte incestuoso.
  2. El amor sentimental.
  3. 3. La amistad ideal.

Analicemos cada uno:

  1. Aspecto incestuoso: Suelen ser hombres atractivos que permiten que sea la mujer quien tome la iniciativa.

Una mujer experimentada suele darle al hombre aquello que una joven no podría hacerlo.

En este tipo de hombre subyace un componente inconsciente de vampirismo y de materialismo, es decir, se alimentan de su pareja tanto psíquica como materialmente.

La mujer estimula los aspectos sensuales primitivos de la psique masculina.

Desafortunadamente, el hombre termina utilizándola en su propio beneficio.

 

  1. El amor sentimental:

El hombre busca en el amor apoyo para su incertidumbre y para su propia debilidad interior. La mujer saca ventaja de estos aspectos y sabe como atarlo a su lado con dulzura y comprensión.

La experiencia de ella le permite al hombre encontrar la calma y desarrollar raíces profundas que le conducirán a un conocimiento de sí mismo.

Como explicaba más arriba, estos jóvenes inexpertos de carácter pasivo, terminan de completar su formación al amparo del apoyo maternal que le brinda la mujer. Así crecen intelectualmente y retoman su energía.

 

  1. La amistad ideal:

Se desarrolla básicamente en el plano espiritual, quedando el erótico en un último lugar.

La posible atracción física queda sublimada reduciéndose este aspecto a un flirteo.

El punto de unión entre los dos es el interés cultural. El hombre la admira teniendo un profundo sentimiento de amistad. El atractivo sexual se queda en un simple trasfondo agradable.

En la mayoría de los casos se trata de una amistad idealizada y platónica.

 

Con este somero análisis es posible tener una visión general del tipo de amor que hemos escogido a lo largo de nuestra vida. Aunque también hay que tener en cuenta que, en la medida en que maduramos, vamos variando nuestro patrón para buscar relaciones con una mayor igualdad.

En mi próximo artículo hablaré del amor del tipo hermano.

(Imagen: www.lookfordiagnosis.com )

Diferentes caracteres en el amor (Introducción)

core.psykia.com

 Por Clara Olivares

Tod@s nos hemos criado en una familia, eso es una obviedad. Lo que me interesa resaltar es el hecho de que en muchos aspectos de nuestra forma de ser, recreamos el mismo patrón familiar: el de padre, madre e hij@.

Y en el amor, evidentemente, se vuelve a repetir el mismo fenómeno.

En un principio, escogemos de forma inconsciente al tipo de persona que responde a un modelo, bien sea el de padre, el de madre o el de hij@.

Lo que se recrea es el tipo de relación, es decir, se adopta el papel de padre, de madre o de hijo.

Por ejemplo, una mujer que se ha definido como madre, escogerá a un hijo. Un hombre que se ha ubicado como padre, eligirá a una hija y en el caso del herman@, escogerá a otro igual a él/ella.

Digo que “en un principio”, porque afortunadamente, el patrón se puede trabajar hasta convertirlo en una relación de iguales, de compañer@s. A este modelo, se le llama “consorte”.

El ideal sería establecer este tipo de relación desde el comienzo, pero la realidad me ha demostrado que no siempre es así.

Me parece que, si bien una relación se funda con un tipo de funcionamiento equis por ambas partes, a lo largo del tiempo y durante las diferentes etapas por las que pasa dicha relación, los dos miembros de la pareja asumen el papel de padre, madre o hij@.

Y no creo que ésto sea un lastre, al contrario, creo que forma parte de la propia evolución de la pareja.

Lo interesante es que cada uno identifique el tipo de relación que establece con los demás para poder así ir modificando los aspectos que le llevarían a un estancamiento personal e interpersonal.

En la elección de la pareja intervienen un sinfín de factores: la familia, el grupo social, las características propias del individuo, etc. Es decir, que en ningún caso se trata de algo inamovible.

 He observado que el tipo de relación que establecemos con los otros, es por lo general, similar a la que desempeñàbamos en nuestra propia familia.

Si observamos con atención, descubriremos que existe un patrón que se repite cada vez que nos relacionamos con otro.

Tendemos a reproducirlo de forma inconsciente con los amigos y la pareja.

Así, que no es de extrañar que nos descubramos ejerciendo de padre-madre-herman@ con otros.

Así, vamos asumiendo las funciones propias de cada papel: el de un padre guía, el de una madre protectora o el de un hijo rebelde, por ejemplo.

Los problemas surgen cuando el patrón permanece idéntico a lo largo de los años. Lo normal es que éste se vaya modificando en la medida en que maduramos.

Sucede lo mismo cuando se va moldeando un temperamento hasta convertirlo en un carácter.

A lo largo de los siguientes artículos iré desglosando cada uno de estos patrones.

 (Imagen: core.psykia.com)

El carácter

Por Clara Olivares

Este tema me ha hecho recordar las clases que dictaba mi madre (1924 – 1983), así que este artículo se lo dedico a ella.

Es importante establecer la diferencia entre el temperamento y el carácter. El primero hace referencia a las características psicológicas con que nacemos (innato) y el carácter es el resultado que se produce con el contacto con el medio social, la familia y el entorno (adquirido).

El carácter se va moldeando a lo largo de la vida. Cuando somos niños manifestamos nuestro temperamento en estado puro, así, de pequeños mostramos claramente cómo somos, cuáles son las características de nuestro modo de ser.

El carácter es la impronta que deja la experiencia, en otras palabras, el proceso de socialización moldea y educa el temperamento.

El carácter no sólo hace referencia a los aspectos psicológicos de un individuo, también se refiere a la “… señal o marca que se imprime, pinta o esculpe en algo, o, al signo de escritura o de imprenta, o, a la marca o hierro con que los animales de un rebaño se distinguen de los de otro. En resumen, el carácter habla del conjunto de cualidades o circunstancias propias de una cosa, de una persona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás”.

De acuerdo a la escuela francesa iniciada por Heymans y continuada por Le Senne, el temperamento parte de tres propiedades: emotividad, actividad y resonancia.

Así, una persona puede ser emotiva/no emotiva, activa/no activa y primaria/secundaria.

(Si deseas conocer cuál es tu temperamento, visita en siguiente enlace: http://los4temperamentos.blogspot.com.es/2012/09/test-para-descubrir-tu-temperamento.html)

La emotividad se definiría como la conmoción que producen los acontecimientos de la vida diaria en el individuo.

Todas las personas poseen la capacidad de conmoverse, pero se llamará emotivo a aquellos que se conmueven más fácilmente que la mayoría de las personas. La emotividad se reconoce por la intensidad de la respuesta emocional ante un acontecimiento cualquiera.

Son rasgos típicos del emotivo el humor variable, la excitabilidad, la inquietud, la impresionabilidad y la tendencia a exagerar.

La actividad no es el movimiento continuo de las personas nerviosas o impulsivas. El activo tiene una necesidad espontánea de actuar, se siente empujado hacia la acción. Esta propiedad se reconoce observando a las personas por la forma en que reaccionan ante un obstáculo.

El no activo duda, retrocede, se desanima y con frecuencia abandona.  En cambio, para el activo el obstáculo se convierte en un refuerzo de la acción, en un reto.

Los rasgos típicos de una persona activa serían: centrarse rápidamente en el trabajo, ser decidida, perseverante y que no aplaza las tareas para después.

La resonancia, como su nombre lo indica, es el eco o la repercusión que las impresiones tienen sobre el ánimo de cada persona. Si las impresiones tienen efecto sobre la conducta en el instante en que aparece la emoción, la resonancia es primaria. En cambio, si las impresiones influyen en un momento posterior a la emoción, la resonancia es secundaria.

 Es como si de un tambor se tratara. El tiempo que transcurre entre el golpe y la producción del sonido (resonancia) puede ser inmediata (primaria) o tardar un lapso de tiempo en sonar (secundaria).

Los primarios, por ejemplo, suelen reaccionar de forma rápida y contundente ante las ofensas que reciben, pero pronto se olvidan de ellas. Por el contrario, los secundarios tardan más en reaccionar, pero les cuesta mucho más tiempo olvidar el disgusto.

El primario vive el presente y le gusta el cambio, ello favorece la capacidad de soltura, la rapidez de reacción y el entusiasmo. Actúa frecuentemente de forma dispersa y superficial. 

El secundario vive en el pasado, está aferrado a sus recuerdos y principios y con frecuencia es prisionero de sus rutinas y prejuicios. Todo ello facilita la reflexión, el orden, la sistematización, la perseverancia y la coherencia mental.

(Si deseas conocer cuál es tu temperamento, visita en siguiente enlace: http://los4temperamentos.blogspot.com.es/2012/09/test-para-descubrir-tu-temperamento.html)

La combinación de estos tres elementos dan origen a ocho tipos de temperamentos:

Emotivo, activo, primario E, A, P Colérico
Emotivo, activo, secundario E, A, S Apasionado
No emotivo, Activo, primario nE, A, P Sanguíneo
No emotivo, Activo, secundario nE, A, S Flemático
Emotivo, No activo, primario E, nA, P Nervioso
Emotivo, No activo, secundario E, nA, S Sentimental
No emotivo, No activo, primario nE, nA, P Amorfo
No emotivo, No activo, secundario nE, nA, S Apátic0

 

Temperamento

Características

Colérico Es cálido, rápido, activo, práctico, voluntarioso, autosuficiente y muy independiente.Tiende a ser decidido y de firmes opiniones, tanto para él mismo como para otras personas, y tiende a tratar de imponerlas.Es extrovertido, no hasta el punto del sanguíneo.Generalmente, prefiere la actividad.No necesita ser estimulado por su ambiente, sino que más bien lo estimula él con sus inacabables ideas, planes, metas y ambiciones.
 

Apasionado

Son dueños de una gran memoria e imaginación, así como de una capacidad innata para el trabajo.Suelen implicarse en las causas perdidas y les interesa aprender, son sumamente metódicos cuando lo hacen.
Sanguíneo Son cálidos, están satisfechos, vivaces y que disfrutan de la vida.·Es receptivo por naturaleza, las impresiones externas encuentran fácil entrada en su interior en donde provocan un alud de respuestas.Tiende a tomar decisiones basándose en los sentimientos más que en la reflexión.Es tan comunicativo que, es considerado un súper extrovertido.Tiene una capacidad insólita para disfrutar y por lo general contagia a los demás su espíritu que es amante de la diversión.
   

Flemático

Es calmado, tranquilo de los que nunca se descompone. Su punto de ebullición es tan elevado que casi nunca se enfada.·Son personas muy capaces y equilibradas, fáciles de tratar y es por esta característica de su naturaleza es el más agradable de los temperamentos.Es frío y se toma su tiempo para tomar sus decisiones.Prefiere vivir una existencia feliz, placentera y sin estridencias hasta el punto que llega a involucrarse en la vida lo menos que puede.
 Nervioso Cambian constantemente sus intereses, se entusiasman fácilmente con cosas nuevas pero nada consigue atraerlos lo suficiente.No tienen orden ni disciplina en su vida. Suelen ser de voluntad débil, sociables y cariñosos.
    

Sentimental

Es el más rico y complejo de todos los temperamentos.·Suele producir tipos analíticos, abnegados, dotados y perfeccionistas.·Es de una naturaleza emocional muy sensible, predispuesta a veces a deprimirse.Es el que consigue más disfrute de las artes.Es propenso a la introversión, pero debido al predominio de sus sentimientos, puede adquirir toda una variedad de talantes.
 Amorfo Suelen ser personas perezosas, poco originales y despilfarradoras.No les gusta prevenir, son impuntuales y nada las entusiasma.
  Apático Viven encerradas en sí mismas, son melancólicas, testarudas y perezosas.Les gusta la rutina y se muestran indiferentes frente a lo que las rodea.Son apáticas y poco interesadas en realizar cosas nuevas.

 (Fuente: http://www.monografias.com/trabajos75/temperamentos-sanguineo-flematico-melancolico-colerico/temperamentos-sanguineo-flematico-melancolico-colerico2.shtml#ixzz3XHC164DG)

Como digo más arriba el carácter muta a lo largo de la vida. Son infinitos los factores que intervienen en su resultado: puede que en un momento de nuestra vida manifestemos un tipo de carácter y que éste se modifique cuando cambian las circunstancias personales y las características del entorno que nos rodea.

 Ésto no quiere decir en ningún momento que el temperamento que tenemos desaparezca y sea suplantado por otro.

La base de nuestro ser permanece, lo que sucede es que siempre éste es susceptible de modificarse. No es algo rígido e inamovible, al contrario, es maleable.

El carácter sufre mutaciones a lo largo de nuestra vida.

Las características de nuestro temperamento se educan y se moldean. La madurez permite que nuestro carácter vaya modificándose siempre.

Por esa razón, cuando realizamos el test que menciono antes, puede que tengamos 2 respuestas para algunos de los ítems: la primera correspondería al temperamento que tenemos y la segunda al temperamento que hemos ido educando.

Por ejemplo: si se es una persona muy emotiva que explota inmediatamente, puede haber educado esa característica y puede haber aprendido a medir su reacción.

Como lo he dicho en otras ocasiones, es como si domesticáramos a un caballo salvaje: lo podemos hacer por las malas o por las buenas, recomiendo aplicar la segunda opción.

No obstante, puede que en nuestra infancia y adolescencia nos hayan domado por la fuerza. En estos casos, al igual que el caballo, nos hemos encabritado.

No siempre las familias aceptan que sus miembros gocen de una libertad de ser y de expresar lo que realmente son. Puede que esa diferencia se viva como una amenaza para la homeostasis del grupo, y, consecuentemente, se reprima o se anule.

Pero, afortunadamente, aunque éste haya sido el caso, la vida por lo general nos brinda la oportunidad de reconciliarnos.

El carácter es lo que nos diferencia de los otros, lo que nos hace únicos, en otras palabras, es lo que nos confiere identidad, ni más ni menos.

En mi próximo artículo hablaré sobre los diferentes caracteres en el amor.

Os invito a visitar el nuevo apartado de “Grupos de Apoyo”.

 (Imagen: www.induopsicologia.com )

La pereza

 www.todohistorietas.com.ar 

Por Clara Olivares

Mientras me documentaba para escribir este artículo, encontré algo que me llamó enormemente la atención.

Parece ser que la pereza surge cuando el hombre comienza a realizar planes para el futuro. Cuando el tiempo transcurrido entre la aparición del deseo y la acción que desencadena su satisfacción se hizo mayor, la idea de postergarla favoreció la aparición de la pereza, resumida en un “lo dejo para más tarde”.

La diferencia entre el hombre primitivo y el actual es que cuando aquel tenía hambre, sed o necesidades sexuales satisfacía estas necesidades de forma inmediata ya que no existía otra posibilidad.

Vivían en un “presente” constante. Pasaba a la acción rápidamente, las circunstancias que lo rodeaban le obligaban a satisfacer ese deseo y a actuar de forma inmediata.

Con la noción de futuro se materializó un lapso de tiempo entre la irrupción del deseo y la acción que desencadena su satisfacción.

Es decir, se aprendió a postergar la acción. Como siempre, cuando aparece otra alternativa a nuestra situación, ésta conlleva aspectos positivos y aspectos negativos.

Todos los seres vivos tienden a no malgastar la energía si no se obtiene un beneficio.

Según los expertos, en el caso de los humanos, al tener un cerebro más grande, hace que éste consuma el 20% del total de la energía, se utilice o no.

Es decir, que nuestro cerebro posee un 20% de nuestra energía total para que dispongamos de ella como nos plazca.

Podemos utilizarla o no. Quienes no la utilizan caen en el aburrimiento mientras que el que la aprovecha favorece la curiosidad que le mueve a buscar actividades interesantes.

Me parece que esta particularidad diferencia a una persona activa de una pasiva.

La activa se mueve en un tándem deseo-acción muy cercano, mientras que la pasiva posterga la acción.

Es por esta razón que nos es posible identificar a las personas “vagas”, caracterizadas por realizar la tarea con negligencia, tedio o descuido.

Es importante descartar los problemas de alimentación o de enfermedades que favorezcan la inacción.

Como digo más arriba, el hombre primitivo vivía en un presente constante, es decir, el beneficio lo obtenía en el “aquí y el ahora”.

La diferencia entre ambas épocas, es que, en el pasado no existía la posibilidad de postergar la acción, ya que, al hacerlo existía el riesgo de no sobrevivir.

Actualmente parece que la forma de reaccionar generalizada ha convertido la satisfacción del deseo en algo que se limita, casi exclusivamente, en obtener un beneficio a corto plazo.

Tristemente se ha favorecido la satisfacción inmediata de cualquier deseo o necesidad. ¿Dónde ha quedado la capacidad para soportar la frustración?

Soy consciente de que el concepto de frustración es un fenómeno de nuestro tiempo. Si éste no se desarrolla es complicado que se soporten los avatares de la vida y se llegue a poseer una buena salud mental.

Por el simple hecho de estar vivos, estamos sometidos a soportar una buena dosis de frustración. No siempre podemos satisfacer nuestros deseos.

Es un hecho que hoy nos podemos dar el lujo de escoger el modo en que deseamos vivir: en el presente o en el futuro.

Como casi todo en la vida, lo sensato es ubicarse en el punto medio huyendo de los extremos.

Imagino que existe un tipo de deseo que requiere su satisfacción inmediata y otro que permite que se postergue.

Sería interesante que realizáramos la revisión de nuestra forma de actuar ante los obstáculos, grandes y pequeños, que nos pone la existencia.

“Después de la de conservarse, la primera y más poderosa pasión del hombre es la de no hacer nada.”

J. J. Rousseau

 

La pereza viene a ser, entonces, un asunto más psicológico que físico.

 

Un hecho interesante que descubrí cuando el tiempo transcurrido entre la aparición del deseo y la acción que desencadena su satisfacción, fomentó la aparición del ocio. ¿Cómo utilizo este tiempo que me sobra?

Me parece una pregunta relevante.

En mi próximo artículo hablaré sobre el carácter.

 

Recordad visitar el nuevo apartado de “Grupos de Apoyo”.

 

(Imagen: www.todohostorietas.com.ar)

 

Los prejuicios

protestantedigital.com

Por Clara Olivares

 

“Juicio u opinión, generalmente negativo, que se forma inmotivadamente de antemano y sin el conocimiento necesario”.

wordreference.com

Me atrevería a decir que no creo que exista una persona que no albergue un prejuicio, por pequeño que éste sea.

Como todos sabemos, los grupos humanos están conformados por individuos, sean asociaciones, amigos, clubes, etc. Estos grupos en ocasiones constituyen una fuente de prejuicios.

Quizás el grupo con más influencia en la creación de prejuicios sea la familia.

Ésto no quiere decir que dichos prejuicios carezcan de una base: la vivencia de alguna experiencia nefasta, como la discriminación o la violencia, por ejemplo, pueden ser el origen de éstos.

El problema surge cuando termina transmitiéndose de generación en generación, llegando muchas veces a olvidarse cuál fué su orígen y las razones y circunstancias que los generaron.

Estoy convencida de que el prejuicio se forma por un motivo. Como señalo más arriba, creo que en general los prejuicios tienen un origen.

El miedo y la ignorancia los alimentan.

Miedo ante lo desconocido o ante aquello que es diferente. E ignorancia ya que, o bien, no nos molestamos en averiguar de dónde proviene, o bien, el miedo nos paraliza impidiendo que veamos más allá de nuestras narices.

Los prejuicios por lo general tienen un componente negativo, pero también los hay con una connotación positiva, como “todo aquello que provenga de... siempre es bueno“. Por poner un ejemplo.

En este aspecto, la educación recibida influye notablemente. Quizás hemos crecido escuchando que tal o cual comportamiento es inapropiado, o, que las personas que tienen equis color de piel son peligrosas, o, que tal grupo busca nuestra ruina, etc. O, todo lo contrario, el espectro es bastante amplio.

El poder que tiene un grupo de pertenencia (aquellos que nos dan identidad) es enorme, y la familia en este caso es poderosa.

Me atrevería a afirmar que algunos de nuestro prejuicios, buenos y malos, son heredados. Nos los transmitieron y los acatamos sin rechistar.

Seguramente, sólo en la medida en que maduramos los podemos cuestionar.

Basta con observar a un niño pequeño, éste carece de prejuicios. Tiene una mirada abierta y sin juicios de valor sobre el mundo.

Por norma general, no percibe al otro como amenazante. A no ser que exista una razón que su instinto percibe rápidamente y despierta las alarmas.

En numerosas ocasiones la razón nos juega malas pasadas, incluso cuando disponemos de pruebas palpables de lo contrario. Seguimos aferrados a nuestra creencia haciendo caso omiso de lo que nuestro instinto nos alerta.

Optamos por seguir aquello que nos dicta la razón. ¿Porqué?

Quizás si hacemos caso a las pruebas nuestro mundo se derrumba, o, si mostráramos ante el entorno que hemos estado equivocados es algo inasumible, o, seremos marginados por el grupo, etc.

¿Qué es lo que nos impulsa a “no bajarnos del burro”?

Valdría la pena que hiciéramos una revisión de nuestros prejuicios y preguntémonos si merece la pena seguir aferrados a ellos.

Permitamos que la duda entre y nos haga cuestionarnos las premisas que damos por verdades inamovibles.

¿De dónde vienen? ¿Dónde los aprendí? ¿Quién lo dice?

En mi próximo artículo hablaré sobre la pereza.

(Imagen: protestantedigital.com)

Las compulsiones

obsesión

 

Por Clara Olivares

Debemos tener cuidado para no confundir una compulsión con el Transtorno Obsesivo-Compulsivo (TOC).

En el primer caso se trata de un impulso irresistible, como comprar por ejemplo. El sujeto obedece a la llamada que le hace el impulso y busca su satisfacción inmediata, prácticamente sin pensarlo (las famosas rebajas comerciales se apoyan en esta debilidad y la explotan).

“Si está baratísimo, como no lo voy a comprar”, es uno de los argumentos que se esgrimen ante sí mismos pero la realidad es que la persona lo hace aunque no lo necesite. Se entrega a la seducción que un precio bajo le puede ofrecer a fin de obtener, de forma inconsciente, el placer que le brinda poseerlo.

Pero desafortunadamente, éste suele ser un espejismo. El “placer” que se obtiene por lo general es momentáneo y efímero el cual muchas veces provoca un sentimiento de culpa.

La satisfacción que produce ese placer no perdura, se esfuma casi siempre después de pasar al acto.

Tanto en los casos de una compulsión como en un TOC, subyace la angustia y, en la mayoría de ellos se despiertan sentimientos de culpa y de vergüenza.

En el transtorno obsesivo-compulsivo la aflicción que provoca la obsesión hace que se realicen rituales con un estructura determinada (poseen un orden) para calmar la angustia y el dolor.

El sujeto lucha por recordar muy bien todos los pasos a seguir en la realización del ritual, ya que, si se salta alguno, éste no va a funcionar como antídoto a su obsesión.

Algunas veces la persona entiende que éstos son absurdos e inútiles pero no puede resistirse a la compulsión, le es muy difícil parar ya que estos rituales posee un carácter mágico: llevándolos a cabo su obsesión se va a neutralizar.

Es el caso de las personas que están obsesionadas con el contagio de microbios y se lavan las manos contínuamente hasta llegar a despellejarlas en los casos más severos, o, nunca abren una puerta sin una protección para que su piel no entre en contacto con el pomo “contaminado”, etc.

“Las obsesiones son pensamientos, ideas o imágenes inadecuadas y desagradables que se le imponen al sujeto de forma intrusiva y repetitiva, generando un malestar clínico significativo. El contenido de estas ideas es irracional, absurdo y moralmente inadecuado desencadenando angustia, duda y culpa al mismo tiempo”.

“Las compulsiones o rituales son comportamientos o actos mentales repetitivos y estructurados de una manera rígida. El sujeto acude a ellos con el fin de aliviar de forma mágica la angustia o ansiedad que se despierta tras las ideas obsesivas”.

Wikipedia

Es mucho más fácil enfrentarse y manejar una compulsión que un TOC. En el control de impulsos la persona puede conseguir resistirse a él y aprender a parar.

Seguramente en un inicio resulte más difícil resistirse, pero con la persistencia lo logrará.

Opino que en ambos casos subyace una estructura psíquica rígida que seguramente se gestó en edades tempranas.

Seguramente esta rigidez fué aprendida en el entorno familiar. No se desarrolla un alto grado de rigidez porque sí.

En el caso del control de impulsos existe un umbral a la frustración bajo. Resulta insoportable no satisfacer ese arrebato de forma inmediata. Pareciera que la no satisfacción del deseo de ese momento desencadenara una desazón imposible de soportar.

Por esa razón se pasa al acto, pero al hacerlo la desaparición de la angustia no es permanente.

En la medida en que se aprende a controlar los impulsos y se descubre la causa de la angustia, el umbral a la frustración aumenta, el sujeto comprobará por sí mismo que “no-le-va-a-pasar-nada” si no sucumbe a la tentación.

Es más, llegará un momento en que la omnipresente angustia desaparece y un día descubre que ya no está. ¡Qué cambio y que alivio!

Descubrir que “puede hacerlo” le aportará orgullo de sí mismo y fortalecerá su autoestima.

A continuación os enumero una serie de pasos a seguir cuando “aparece la llamada del impulso” para aprender a resistirse:

  1. 1. Pensar antes de actuar. Preguntarse si verdaderamente necesita, o, es necesario, poseer lo que despertó su deseo.
  1. Buscar otras alternativas. ¿Es necesario enfadarme por eso? ¿Qué voy a conseguir con ello? ¿Y si mejor me ausento de escenario?
  1. Aprender de los errores pasados. ¿Qué consecuencias trajo la última vez que actué así? ¿Sirvió de algo?
  1. Contar hasta 10. Parece una tontería pero no lo es para nada, ese lapso de tiempo le permitirá a la persona parar.
  1. Tolerar la frustración. ¡Todo un aprendizaje!.
  1. Hacer ejercicio. Recordemos que el ejercicio consume energía. Como diría el personaje de Manolito de Mafalda: “una madre cansada pega menos fuerte”.

Creo que todos los seres humanos poseemos, grande o pequeña, una compulsión que se manifiesta bajo formas muy variadas.

El secreto radica en identificarla y decidir qué se quiere hacer con ella. Siempre existe una alternativa, lo importante es encontrarla.

En mi próximo artículo hablaré sobre los prejuicios.

 

(Imagen: www.ryapsicologos.net)

Resiliencia

 www.adeccorientaempleo

Por Clara Olivares

“La resiliencia es la capacidad de los seres vivos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas. Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por éstos…”

Wikipedia

 Según los expertos, todos los seres humamos nacemos con esta capacidad, aunque no todos la desarrollan.

¿Por qué?

Me atrevería a decir que tiene que ver con las dificultades a las que cada persona ha tenido que enfrentarse en su vida.

Como reza el dicho: “lo que no te mata, te hace más fuerte”.

He observado que aquellos que han tenido existencias difíciles ya sea física, emocional o económicamente suelen poseer una actitud diferente hacia la vida.

O bien están amargados, o bien desarrollan esa capacidad innata de la resiliencia. No obstante, estoy convencida de que convertirse en alguien amargad@, es una decisión que se toma consciente o inconscientemente en un momento de la vida.

La resiliencia no se debe comparar con una actitud pesimista u optimista. “Ver el vaso medio lleno o medio vacío”, ayuda pero no es suficiente. La resiliencia es más que eso.

Significa pasar a la acción, avalar con nuestros actos nuestra forma de enfrentar la existencia.

Hay quienes tienen una existencia “tranquila” y otros que no la tienen.

“La resiliencia es la entereza más allá de la resistencia”. No es simplemente resistir un período difícil, como digo más arriba, es demostrar con los hechos nuestra actitud. Es enfrentarse a la vida manteniendo la convicción de que se va a salir adelante, aunque la realidad te esté mostrando lo contrario.

No siempre se es consciente de la propia resiliencia, éstas personas consideran que esa es la forma natural de reaccionar ante las situaciones adversas.

Para alguien que siempre ha actuado así, resulta sorprendente la admiración que su propia actitud despierta en otros.

Es más, las dificultades y los obstáculos suponen un reto para ellas. Pareciera que éstos las aguijonearan y que recurrieran a toda su creatividad para sortearlos.

 Existe una certeza de que lograrán atravesar ese bache en el camino. Y lo cierto es que así lo hacen.

Los expertos apuntan una serie de características que poseen las personas que desarrollan su capacidad de resiliencia.

Éstas serían:

  • Sentido de la autoestima fuerte y flexible
  • Independencia de pensamiento y de acción
  • Habilidad para dar y recibir en las relaciones con los demás
  • Alto grado de disciplina y de sentido de la responsabilidad
  • Reconocimiento y desarrollo de sus propias capacidades
  • Una mente abierta y receptiva a nuevas ideas
  • Una disposición para soñar
  • Gran variedad de intereses
  • Un refinado sentido del humor
  • La percepción de sus propios sentimientos y de los sentimientos de los demás
  • Capacidad para comunicar estos sentimientos y de manera adecuada
  • Una gran tolerancia al sufrimiento
  • Capacidad de concentración
  • Las experiencias personales son interpretadas con un sentido de esperanza
  • Capacidad de afrontamiento
  • La existencia de un propósito significativo en la vida
  • La creencia de que uno puede influir en lo que sucede a su alrededor
  • La creencia de que uno puede aprender con sus experiencias, sean éstas positivas o negativas

Desarrollar la propia capacidad de resiliencia permite tener la sensación de un control sobre aquello que podemos controlar y de una aceptación de lo que se escapa a nuestro control.

Ya lo he dicho en otros artículos, aceptar la realidad que nos brinda la vida es un síntoma de sanidad mental.

Una aceptación que jamás debe confundirse con la resignación. Ésta significaría “bajar los brazos” y dejar de luchar.

Quienes han sido personas resilientes siempre hallan el aprendizaje que la situación a la que se han visto sometidas les ha ofrecido.

Os pregunto: ¿Cómo os enfrentáis a los avatares de la vida?

Probablemente no como quisiérais ni como deberíais, sino simplemente como podéis.

En mi próximo artículo hablaré sobre las compulsiones.

(Imagen: www.adeccorientacionempleo.com)

 

 

 

La moderación

 

 

Por Clara Olivares

Hablar de la moderación no resulta una tarea fácil. Todos sabemos y comprendemos inmediatamente lo que significa pero resulta más complicado explicarla.

Me parece que este concepto está íntimamente ligado a la mesura, práctica recomendada por los antiguos griegos.

Para hablar de ella me es más fácil compararla con su opuesto: el exceso.

En términos generales, la moderación se considera una virtud frente a su opuesto: el vicio. Vicio entendido como “excesiva afición a algo, especialmente perjudicial”.

Me parece que los seres humanos nos movemos entre estos dos extremos a lo largo de nuestra vida. Como con tantas otras cosas.

Creo que ir de un extremo al otro es profundamente humano. Nuestra naturaleza nos aboca a este movimiento constante.

La imagen mental que me suscita esta idea es la de un líquido encerrado en un recipiente, cuyo centro se apoya en un solo punto y que un motor hace que todo el líquido se desplace de un extremo al otro como un balancín.

Lo que motiva este desplazamiento es el desequilibrio.

A nosotr@s nos pasa lo mismo, cuando descubrimos que nuestro funcionamiento está en un extremo, naturalmente buscamos ir hacia el otro extremo.

“El arquero que rebasa el blanco no falla menos que aquel que no lo alcanza”, dice Montaigne.

Me parece que sus palabras encierran una gran sabiduría.

Es el mismo caso que cuando perseguimos un ideal o una quimera. Creemos sinceramente que lo vamos a alcanzar. Lo que no sabemos es que creer en un ideal sirve para marcar el camino por el que deberíamos transitar, su función es la de indicarnos una dirección que dirija nuestros pasos. Nada más (y nada menos…).

Creo que cuando observamos algo dentro o fuera de nosotros que adolece de moderación, éste chirría y produce un rechazo.

La desmesura resulta grotesca.

Siempre hemos escuchado que tal persona “combate” su vicio de… lo que sea.

El deseo de combatirlo es lo que marca la diferencia. La manera de abordar la dificultad exclusivamente desde el combate con el fin de hacerla desaparecer es la clave.

No se trata de un combate que conlleve un aprendizaje, sino más bien se trata de uno que busca la desaparición del obstáculo.

Creo que nos pasamos media vida combatiendo aquello que no nos gusta de nosotros mismos en la creencia de que al combatir el vicio, éste mágicamente va a diluirse.

¡Qué ilusos!

De un combate de ésta índole sólo queda el cansancio y la frustración.

¿Y si elegimos otro camino? Por ejemplo el de la aceptación.

En el momento en que aceptamos que ese “vicio” forma parte de nuestras caraterísticas personales resultará más fácil aplicar la moderación.

Si integramos en nuestra psique y en nuestra autoimagen ese vicio del cual nos avergonzamos tanto, reconoceremos que somos humanos y, que como tales, poseemos virtudes y defectos.

Concebir una existencia carente de “lugares oscuros” resulta un tanto pueril.

Una de las ventajas que nos brinda la madurez es precisamente la consciencia de saber quienes somos en realidad.

Por fin podremos abandonar la idea de que somos intachables. TODOS poseemos algo de lo que nos avergonzamos.

¿Y?

Lo importante es descubrir nuestros vicios innombrables antes de morir. Porque una vez muertos ya no es posible aprender de nuestras limitaciones.

En mi próximo artículo hablaré sobre la resiliencia.

(Imagen: www.filosofia.laguia2000.com)