¿Nos sigue costando negarnos? ¿Qué hacer o qué decir cuando somos criticados?

(Por Clara Olivares)

En mi artículo del 13 de Marzo hablaba sobre la estrategia del disco rayado para negarse a hacer algo sin decir que no abiertamente.

Cierto es, que cuando se presentan situaciones en las que un no abierto va a generar un conflicto innecesario, resulta útil utilizar otras formas menos contundentes pero que, gracias a ellas, se consigue el mismo fin.

Estoy hablando de otra estrategia llamada el «compromiso viable«.

Partiendo de nuestro legítimo derecho a decir que no, a diferencia del disco rayado, con el compromiso viable le ofrecemos una alternativa a nuestro interlocutor, es decir, asumimos una parte de su petición y le hacemos una propuesta basada exclusivamente en esa parte de su petición.

Es importante tener en cuenta dos aspectos: el primero, que NO es una negociación, y segundo, que no supone nuevas concesiones.

Volvamos al ejemplo de Juan: nos pide prestado nuestro coche pero no lo devuelve jamás cuándo dice que lo va a hacer.

Esta vez nos apetece ayudarle pero no deseamos que se quede con el coche, entonces le ofrecemos sólo una parte de su petición, en este caso ir a dejar el impreso. Como tenemos una cita cerca del lugar, no nos cuesta nada dejarle en el sitio, y nosotros continuamos con el coche en nuestro poder.

El diálogo que se establecería sería algo así:

Juan: ¿me prestas tu coche para ir a dejar este impreso para la beca, que hoy termina el plazo?

Nosotros: No, esta vez no me apetece prestártelo, pero en cambio te puedo acercar al lugar porque tengo mi cita cerca y me pilla de paso.

Juan: ah! genial, más bien yo te dejo a tí en tu cita y me quedo con el coche para recogerte más tarde.

Nosotros: ésta es la alternativa que te ofrezco. Si quieres te acerco para que puedas dejar tu impreso pero yo continuo en mi coche para llegar a mi cita. Tú decides.

Con esta estrategia la polémica termina en ese punto, la «pelota queda en su tejado«.

Cuando una persona percibe una dosis de libertad personal en las propuestas de los otros, no le queda más remedio que elegir, y hacerlo implica que está asumiendo su propia responsabilidad ya que ha sido la propia elección la que se llevará a cabo y no una impuesta por otro.

¿Y que nos sucede cuando somos el objeto de una crítica por parte de otro? A nadie le resulta agradable recibir una crítica, pero la realidad nos demuestra que siempre hay alguien que señala nuestra actuación y la cuestiona.

Podemos reaccionar de un sinfín de formas, por lo general la primera suele ser el enfado y el ataque, pero quizás si indagamos un poco nos enteraremos sobre el motivo de ese enfado, crítica o molestia del otro.

Existe una fórmula que suele ser muy efectiva para conseguir este fin, es la llamada «acuerdo parcial o total».

Consiste simple y llanamente en preguntarle al otro qué es lo que ha motivado su comentario con preguntas del tipo: «no dudo que tendrá sus razones para hacer esa valoración, no obstante me gustaría conocer los puntos con los que no está de acuerdo», o, «¿… qué es lo que realmente le tiene molesto?», o, «¿… a cuáles aspectos se refiere concretamente?, también se pueden indagar si siempre ha sido así y cuáles son las alternativas que plantea.

A continuación determinamos si la crítica que nos hace esa persona es justa o no a través del razonamiento.

Se llama «acuerdo total o parcial» ya que asumimos solo una parte o toda la crítica que se nos hace. Es gracias al diálogo y al descubrimiento por ambas partes si lo criticado era o no reprochable.

Ya lo he planteado otras veces: hablando se entiende la gente.

Si conseguimos superar el primer obstáculo que supone la primera reacción emocional que tenemos y vamos un poco más allá, nos sorprenderá descubrir que la gente por lo general no suele tener la mala intención que le atribuimos  ni tampoco que está obsesionada con hacernos daño.

Solemos olvidarnos del valiosísimo atributo que posee la palabra para liberarnos de las garras de la emoción en las que nos quedamos atrapados.

¿Y si somos nosotros quienes lanzamos una crítica?

Es fundamental tener en cuenta que se critica la actuación de la persona pero JAMÁS a la persona. Si seguimos este principio no cerraremos el diálogo y la receptividad del otro se abrirá.

En mi próximo artículo me gustaría hablar de la diferencia que existe entre culpabilidad y responsabilidad.

(Imagen: www.kinialohaguy.wordpress.com)