Ideas irracionales

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(Por Clara Olivares)

Quien acuñó el concepto de las ideas irracionales fue el psicólogo estadounidense Albert Ellis, más o menos sobre los años 50 del siglo pasado.

Para muchos autores, él fue el padre de las terapias cognitivo-conductuales.

Como le sucede a las escuelas o corrientes terapéuticas, todas poseen puntos fuertes y puntos débiles. No existe la panacea…

Y a la terapia cognitivo-conductual le sucede otro tanto de los mismo.

Eso no quiere decir que no haya aportado herramientas valiosas que han favorecido el auto-conocimiento y el trabajo con otros seres humanos.

Ellis partía de la hipótesis de que, «… no son los acontecimientos los que generan los estados emocionales, sino la manera de interpretarlos. Si somos capaces de cambiar nuestros esquemas mentales seremos capaces de generar nuevos estados emocionales menos dolorosos y más acordes con la realidad, por tanto, más racionales y realistas

Observó que existían unas ideas irracionales comunes a los seres humanos y sintetizó 11 de ellas como las básicas.

Lo que me resulta muy interesante de las aportaciones de esta escuela, es que las ideas irracionales tienen su origen en las creencias que tiene todo individuo.

De hecho, cuando una persona se toma el tiempo para analizar sus propias creencias, puede seguir el rastro que éstas van dejando. Siguiendo su pista podrá determinar de dónde provienen.

Lo que las convierte en irracionales, es que por una parte, se mueven dentro de un espectro dicotómico que únicamente admite dos únicas posibilidades, por lo general contradictorias (todo/nada, siempre/nunca, etc.) y por otra, que éstas se manifiestan como certezas irrefutables.

Sin lugar a dudas son interpretaciones que se hacen de asuntos variados, pero que en un momento dado, estas interpretaciones se convierten en verdades absolutas de carácter dogmático.

Como señalo más arriba, la naturaleza irracional de estas creencias viene dada por la interpretación que de ellas se hace, y que por regla general, éstas adolecen de un sustento lógico.

El cumplimiento de una creencia puede darse o no, es aleatorio.

El planteamiento del Sr. Ellis consistió en hacer un análisis de cada una de estas creencias y así descubrir qué es lo que las hace irracionales, ofreciendo  alternativas diferentes también de tipo racional.

Tomemos como ejemplo la Idea Irracional Nº 1: «Es una necesidad extremas para el ser humano adulto el ser amado y aprobado por prácticamente cada persona significativa de la sociedad».

Es necesario contemplar el aspecto racional al que está asociada esta idea: la necesidad de aprobación y de amor. Pero, para mi gusto, se queda limitado el análisis si no añadimos otros componentes, como por ejemplo, las necesidades de existir y de confirmación, entre otras.

Me parece una enorme aportación la que hace al sugerir un esquema de análisis basado en el desentrañamiento, uno a uno de los componentes que forman cada idea.

El principio del que parte es similar al que yo suelo llamar «desenredar la madeja», es decir, utilizar una idea, creencia, sentimiento, hecho, etc. como si fuera el extremo de un hilo e ir tirando de él hasta que éste nos vaya adentrando en el origen que tiene y descubramos el sentido que éste hecho tiene para cada uno.

El ser humano es más que emociones y racionalidad. Además forma parte de un grupo (familia) que arrastra una historia que se remonta a varias generaciones.

Muchas de las creencias que tenemos son heredadas, la mayoría nacieron fruto de unas circunstancia y unos hechos que, al saber cuáles han sido, les confieren sentido. Lo interesante es averiguarlo, ya que, en la mayoría de los casos, se desconoce de dónde provienen y porqué se acuñaron.

Lo más seguro es fueran el producto de una estrategia de supervivencia en un momento dado.

Lo que intento transmitir es que las creencias no nacieron fruto de la casualidad ni por generación espontánea. Surgieron por una necesidad real y vital, que de no ser así, carecerían de sentido.

Lo que le permite a un sujeto recuperar su salud mental suele ser la comprensión de que lo que hace, piensa, o, siente, no es un sinsentido.

Todos poseemos unas creencias en las que se sustenta nuestra identidad. Quizás el trabajo consiste en ir desvelando el origen que tienen.

Desde mi óptica, solo es a través de la comprensión que se llega a modificar un funcionamiento equis. Mientras no se comprenda la función que tiene no se podrá alcanzar la libertad que permite al sujeto decidir qué quiere hacer con él. 

Puede ser que decida modificarlo o no, puede desecharlo y crear uno nuevo… las posibilidades son tan variadas como lo son los seres humanos.

Cuando nos observamos haciendo una afirmación de forma categórica que no admite ningún tipo de discusión o de cuestionamiento, deberíamos pensar que la reacción exagerada que estamos teniendo es un indicativo de que quizás nos hemos topado con algo importante.

Puede ser algo de la historia familiar, o de la historia personal.

Y si esa afirmación no admite ningún cuestionamiento, seguramente se trate de algo muy gordo a lo que vale la pena darle una segunda mirada.

A lo mejor nos sorprendan los resultados de nuestras pesquisas. a lo mejor nos demos cuenta de que no tiene nada que ver con nosotros, o, por el contrario, quizás encontremos el sentido a aquello que hacemos sin saber muy bien porqué.

Lo que yo he observado, es que muchas de estas ideas surgen en entornos familiares rígidos en donde la exigencia es tan exagerada que ningún ser humano puede cumplir jamás con esas expectativas.

Lo que, por lo general, lleva grandes dosis de culpabilidad y de sufrimiento, aparte de una necesidad exagerada de control.

Entre mayor sea la auto-exigencia, mayor es el miedo a no cumplir con lo que se espera de uno.

Lo que encuentro muy útil del concepto de las ideas irracionales es que cuando se pasa de la expresión de un deseo, usando un «me gustaría» a un «tengo que» o, «debería», o, «estoy obligado a», probablemente exista una creencia irracional perturbadora.

Me parece que si cada uno de nosotros se toma la molestia y el tiempo de observarse, por ejemplo, simplemente escuchándose hablar, encontrará muchas claves que le llevarán a descubrirse y a conocerse.

Si encontramos que nuestro discurso está más lleno de «deberías», o «tengo que», con toda seguridad existe un nivel de exigencia muy alto hacia uno mismo o hacia los demás.

Una alternativa que funciona muy bien en los casos de personas que han sido muy exigidas en su infancia y que luego han incorporado una auto-exigencia a su vida, colocándose el listón muy alto, es modificar cada «debería» por un «me gustaría».

Es sorprendente los resultados que se obtienen con este simple ejercicio.

Invito a todos los que leen estos artículos a que se permitan emprender ese camino que les llevará a saber quienes son y a convertirse poco a poco en seres cada vez más humanos.

Finalmente lo único que nos llevaremos a la tumba, serán los momentos que hemos compartido con otros.

En mi próximo artículo hablaré sobre la manera de afrontar el sufrimiento.

(Imagen: www.myutopysleep.com)