¿Qué hace que nos sea tan difícil aceptar la realidad?

(Por Clara Olivares)

¿Resulta familiar esta situación?: nos gusta y nos atrae alguien, comenzamos a desplegar múltiples estrategias para acercarnos y conquistarle, pero somos rechazados, o, no hay química, o, educadamente nos hacen saber que no le interesamos…

¿Y cuál es nuestra reacción? ¿Qué es lo que hacemos a continuación?

Me parece que la forma de reaccionar que tengamos encierra muchas claves, éstas nos van a permitir darnos cuenta de muchas cosas de nosotros mismos.

Me explico.

Por ejemplo, ¿nos enfadamos (inconscientemente, por supuesto) y seguimos insistiendo?, o, ¿somos incapaces de ver lo que esa persona nos dice directa o indiréctamente y nos fabricamos una razón quizás pelín extravagante, como por ejemplo, que soy demasiado fantástic@ para él/ella?

Trasladémonos a otros terrenos, nuestro propio cuerpo, por ejemplo: jamás soy lo suficientemente alt@, delgad@, atractiv@, o, nuestra capacidad intelectual, o, el aspecto emocional: no soy tan inteligente, list@, rápid@, cariños@… y podríamos seguir con una larga lista.

Nuestra forma de reaccionar ante la frustración nos muestra nuestra propia capacidad para asumir o no la realidad.

Parece que entre más nos empeñemos en negarla, mediante numerosos y variados mecanismos, menos estamos dispuestos a aceptarla (inconscientemente, por supuesto).

¿Cuántos años de nuestra vida hemos invertido en no querer verla o en intentar denodadamente cambiarla?

No sólo en lo que hace referencia a nosotros mismos, sino también respecto al otro o respecto a nuestro entorno.

Pareciera que aceptar la realidad tal y como es significara una pérdida inasumible de algo.

¿Qué?

En algunos casos, son nuestros sueños los que se vienen abajo. En otros, renunciar al objeto de nuestros deseos; a veces y casi en la mayoría de los casos, a crecer.

Muchas veces son nuestras creencias inconscientes quienes asumen el mando y, creemos que la renuncia o encarar algo directamente nos va a causar un dolor insoportable.

Cierto es que dolerá, eso nadie lo niega. Pero también es cierto que en la medida en que vamos comprobando por nosotros mismos que tampoco «pasa nada», se va perdiendo el miedo y las creencias se transforman en algo más relativo, dejan de ser una verdad absoluta.

Me gusta decirles a mis pacientes lo mismo que me decía mi propia terapeuta: «crecer duele».

Y me parece que aceptar la realidad, es decir, aprender a tolerar la frustración no es un plato que se coma con gusto, es más, a veces ni siquiera se come.

(imagen: www.desmotivaciones.mx)

En mi próximo artículo daré otra estrategia para decir no y  para aprender a responder a una crítica.