Socorro: ¡acabo de descubrir que soy idéntica a mi madre!

(Por Clara Olivares)

En Colombia hay una expresión popular que dice: “a la oveja por la lana y a la mujer por la mama”.

Si un hombre o una mujer están enamorados de una bella joven y quieren hacerse una idea de cómo va a ser ésta de mayor, el dicho recomienda que giren la cabeza y miren a la madre de la joven, verán la versión envejecida de la niña.

¿Sucede lo mismo con el mundo masculino? Lanzo una invitación a todos los hombres que lean este artículo para que nos cuenten qué es lo que ellos viven. ¿Es igual? ¿Qué les pasa respecto a ese tema?

Muchas de nosotras hemos hecho de todo durante la adolescencia-juventud para no llegar a parecernos JAMÁS a nuestra madre.

Hasta que un día se nos revela, mediante un gesto, a través de la imagen que nos devuelve el espejo o de una actitud, que dentro de nosotras habita nuestra propia madre.

Este descubrimiento supone un shock, en especial cuándo se ha puesto tanta energía y empeño para conjurar la realidad.

Creo que, hasta la actualidad, no he conocido ninguna mujer a la que no le espante este descubrimiento y no quede horrorizada con él.

Me parece que a casi todas nos ha sucedido que, indefectiblemente, más tarde o más temprano en la medida en que envejecemos, vamos reconociendo en nuestros gestos, posturas, dichos, el aspecto físico, etc., a nuestra propia madre.

Para muchas de nosotras no ha sido un plato que se haya aceptado con gusto. Al contrario, ha causado indigestión.

Imagino que existirá un grupo privilegiado de féminas que no han experimentado este susto.

A lo mejor este trauma lo viven sólamente las mujeres que han sido muy desvalorizadas y poco reconocidas por su propia madre.

Me pregunto si ¿no será debido a que ellas practicaron con sus propias hijas (inconscientemente, por supuesto) un combate sin cuartel, el mismo que les aplicaron a ellas en su juventud?

¿Qué era lo que tanto criticaban, descalificaban, envenenaban con sus destructivos comentarios, en esas hijas?

Yo sospecho que todo aquello que les recordaba su propia experiencia, además de la propia incapacidad para reconocer en sí mismas esa parte. Es necesario realizar un largo camino de aceptación y de perdón para hacer las paces con una misma.

Cuando una persona critica con saña a otra persona, suele tratarse de una proyección en el otro de su propia incapacidad para ver y hacer consciente la parte de ella misma que tanto rechaza.

Imagino que ellas padecieron ese mismo mal. Cierto es que cuando se ha tenido una madre que desvaloriza sistemáticamente a su hija, la mirada que ésta última desarrolla sobre su propia valía es muy pobre. En otras palabras, crece con su autoestima por los suelos.

En la medida en que uno puede ver qué fue lo que le sucedió a la propia madre, es capaz de comprender que, seguramente, este aprendizaje viene de muy atrás, es decir, proviene de las generaciones anteriores, la mirada que se comienza a tener de estas mujeres cambia y se torna más humana.

Debieron vivir un infierno, al igual que se lo hicieron vivir a sus hijas.

Difícil labor la de ser madre! ¿Cómo se puede ejercer de madre buena, es decir, aquella que protege, cuida, es cariñosa, acepta al otro como es y no le critica, cuando se tiene el alma llena de odio y de resentimiento?

Para quienes han emprendido un camino en la búsqueda de la consciencia, han descubierto que ya no se es igual a ellas, han conseguido que la “maldición” sea conjurada.

El hecho de comprender para modificar, es el (creo que único) camino para no continuar transmitiendo el funesto aprendizaje.

Esta comprensión permite que la ira acumulada desaparezca, ya carece de sentido.

Sí, es cierto que no ejercieron de madres amorosas y buenas, no pudieron. Repitieron el mismo patrón que aprendieron con sus propias madres, no conocieron otro distinto.

Somos sus hijas, esa es la realidad.

Lo que hace viable otra mirada, es que, desde esta nueva óptica, es posible rescatar todo lo bueno y valioso que ellas tuvieron.

Y tuvieron muchas cosas. Guardemos en nuestros recuerdos éstas imágenes y éstos valores. No olvidemos nunca que nosotras también somos eso.

En mi próximo artículo quiero abordar un tema: “la niñez: la fuente que alimenta nuestra creatividad”.

(Imagen: www.emi.cdef.com)