Los mecanismos de defensa

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Por Clara Olivares

Durante décadas los mecanismos de defensa se han percibido como algo negativo que es necesario desactivar.

Las terapias cuyo único objetivo es abolirlos pueden llegar a causar mucho daño ya que dejan al sujeto desamparado, es decir, le despojan de las muletas que le ayudan a enfrentar su vida cotidiana, aunque éstas no sean las ideales.

Darse cuenta de cuales son los mecanismos que utilizamos, no significa en ningún momento erradicarlos sin más. Antes es necesario asegurarse de que la persona ha construido un soporte identitario en el cual apoyarse para enfrentar la vida.

Hasta que no se haya construido otra forma más sana de relacionarse con los otros y con el mundo, es poco recomendable dejar desnudo psíquicamente al individuo. Si no se le ha dotado de unos mecanismos útiles para enfrentarse al mundo, es un acto de irresponsabilidad despojarle del único recurso que posee.

Descubrir de manera consciente cuales son los mecanismos que utilizamos, sólo será posible en la medida en que seamos capaces de reconocer y de asumir las actuaciones que ponemos en marcha cuando la vida nos coloca ante una dificultad.

En otras palabras, lo que percibiremos de nuestra propia realidad serán únicamente aquellos aspectos que somos capaces de ver.

En numerosas ocasiones ésta nos desborda ya que su dureza la hace inasumible.

¿Significa ésto que somos unos inútiles gestionando nuestras particularidades para conseguir la ansiada madurez? No necesariamente.

El nombre más adecuado para designar a estos mecanismos sería «mecanismos de supervivencia» más que de defensa. Quizás si no hubiéramos recurrido a ellos no habríamos preservado a nuestra psiquis de la locura.

Gracias a ellos mantuvimos un anclaje en la realidad, sin su ayuda, probablemente nos hubiéramos adentrado en un mundo del que quizás no podríamos regresar.

Ver nuestra realidad directa y claramente no siempre es posible.

¿Cómo ser consciente de que siento tanto dolor, o, de que soy víctima de tanto maltrato, o, de tanto abandono, o, de tanto abuso?¿Cómo hacer para seguir soportando esa realidad sin desear morir?

Son numerosas las situaciones en las que la única alternativa que tiene una persona es la de desaparecer (física, emocional o psíquicamente).

Felizmente la psiquis despliega unos mecanismos que preservan al individuo y le ayudan a hacer soportable su realidad.

Es como si de forma inconsciente la mente tuviera que escoger entre morir (física o psíquicamente) o recurrir a una herramienta que distorsione la realidad pero le preserve la vida.

Una vez que la situación de peligro ha desaparecido, bien porque ésta ha cesado, o bien porque ya no se está en ese entorno, o porque se ha buscado ayuda; el primer paso es asumir las propias actuaciones, luego hacerse responsable de ellas y por último decidir si se desea o no modificarlas.

Evidentemente existen grados de gravedad. No es lo mismo olvidar el cumpleaños de un conocido a olvidar una violación sufrida.

Son numerosos los mecanismos de defensa que utilizamos. Desarrollamos aquellos que nos permiten sobrellevar las frustraciones y las amenazas que nos circundan.

Evidentemente, es el inconsciente quien se encarga de activarlos. El ejercicio de cada persona es el de llevar esos mecanismos inconscientes a la consciencia. Sólo en la medida en que alguien ejercita la introspección conseguirá el éxito en esta tarea.

He escogido cuatro de ellos, ya que me parecen que son los que la mayoría de nosotros utilizamos.

  1. 1.    Disociación: se refiere al mecanismo mediante el cual el inconsciente nos hace olvidar enérgicamente eventos o pensamientos que serían dolorosos si se les permitiese acceder a nuestro pensamiento consciente. Ejemplo: olvidarnos del cumpleaños de antiguas parejas, fechas, etc.
  2. 2.    Negación: se denomina así al fenómeno mediante el cual el individuo trata factores obvios de la realidad como si no existieran. Ejemplo: cuando una persona pierde a un familiar muy querido, como por ejemplo su madre, y se niega a aceptar que ella ya ha muerto y se convence a sí mismo de que sólo está de viaje u otra excusa.
  3. 3.    Proyección: es el mecanismo por el cual sentimientos o ideas dolorosas son proyectadas hacia otras personas o cosas cercanas pero que el individuo siente ajenas y que no tienen nada que ver con él.
  4. Racionalización: es la sustitución de una razón inaceptable pero real, por otra aceptable. Ejemplo: un estudiante no afronta que no desea estudiar para el examen. Así decide que uno debe relajarse para los exámenes, lo cual justifica que se vaya al cine a ver una película cuando debería estar estudiando.

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Estos mecanismo son muletas que ayudan a hacerle frente a la realidad. Cuando llegan a convertirse en elementos que perjudican a quien los utiliza, entonces ha llegado el momento de cambiarlos por otros que no sean limitantes para el individuo.

Finalmente el objetivo que se desea alcanzar es relacionarse con los otros y con el mundo sin causar daño.

Lo que quiero decir es que estos mecanismos cumplen una función, generalmente de preservación. Todos los recursos que desplegamos en determinado momento de nuestra vida, no son un acto caprichoso; tienen una razón de ser, lo importante es descubrir cuál es.

Me gustaría dedicarle un espacio especial a la sublimación.

Un proceso psíquico algo diferente, aunque suela confundírsele erróneamente con los mecanismos de la defensa psíquica, constituye la sublimación. Aquí el impulso es canalizado a un nuevo y más aceptable destino. Se dice que la pulsión se sublima en la medida en que es derivada a un nuevo fin, no sexual, y busca realizarse en objetos socialmente valorados, principalmente la actividad artística y la investigación intelectual. Ejemplo: el deseo de un niño de exhibirse puede sublimarse en una carrera vocacional por el teatro.

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Como bien reza su definición se utiliza esa energía para convertirla en algo más productivo para el individuo y quienes le rodean.

Parece que todos nuestros actos creativos se apoyan sobre este mecanismo. Cualquier manifestación de la creatividad en cualquier terreno: el lenguaje, el artístico, e incluso la solución que alguien encuentra para un problema es de origen creativo.

Si no sublimáramos toda la rabia, la frustración y la impotencia que nos causa la vida, probablemente nos convertiríamos en seres muy destructivos.

Al sublimar estamos alimentando la creatividad, y, ésta es una opción mucho más sana y constructiva.

En mi próximo artículo hablaré sobre los pervers@s.

(Imagen: www.visionpsicologicablogspot.com)

 

El miedo

(Por Clara Olivares)

Existen miedos y miedos.

Me explico. Como bien dice la definición de Wikipedia, el miedo es una respuesta natural del organismo ante un peligro. Este mecanismo permite que el sujeto entre en estado de alerta y se prepare para la acción la cual le permitirá huir del peligro.

El primero en percibir un riesgo es el cuerpo. Éste lo percibe inmediatamente y manda señales mediante una contractura muscular, o, un encogimiento en la boca del estómago, o un dolor de cabeza, o a través de un malestar masivo e indeterminado.

Estas señales le están informando a la persona que está frente a algo o a alguien que constituye una amenaza para su salud física o psíquica.

Si el sujeto está en capacidad de percibir esas señales entonces su psiquis o su mente, interpreta esas señales y reacciona para que éste se aleje del peligro.

Pero si la conexión entre su mente y su cuerpo está cortada o es defectuosa, no podrá reaccionar y alejarse de lo que le amenaza.

Es necesario que la señal de alerta pase a la consciencia para que una persona se de cuenta de que está ante un peligro y reaccione.

Podría tratarse de una amenaza física (que alguien intente pegarte) o psicológica (un intento de manipulación). Es más fácil de detectar un peligro físico que uno psicológico.

Desde el punto de vista biológico, el miedo es un esquema adaptativo, y constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para el individuo y para su especie.(Wikipedia)

El miedo permite la supervivencia. Gracias a él se preserva la vida física y la vida psíquica.

¿Pero qué pasa cuando ese mecanismo no funciona de forma correcta? Es decir, cuando una persona es incapaz de reaccionar ante un peligro protegiéndose.

Las consecuencias suelen ser desastrosas ya que la persona es incapaz de protegerse para preservar su salud física o mental.

¿Y qué hace que esta conexión se corte? Probablemente la psiquis de esa persona la esté preservando de algo mucho peor, ya que hay situaciones en las que es mejor no enterarse de lo que está sucediendo alrededor.

Existen familias y sociedades en las que se enseña y se transmite claramente ante qué es necesario tener miedo y huir. Es el caso de un aprendizaje sano en el que se identifica la fuente del peligro.

Y también existen familias y sociedades en las que aparentemente no se identifica ningún peligro de forma clara pero en cambio se transmite el miedo a través del cuerpo (se dice que no se tiene miedo pero la persona está tensa, tiembla, etc.)

Si la palabra y el acto que sustenta ese discurso están en consonancia, esta situación no desencadenará ninguna alteración en la percepción del sujeto.

Pero cuando palabra y acción son opuestas y se refuerza la palabra como fuente de la verdad, la persona crece dividida en dos. Crece haciendo caso exclusivamente al discurso, siendo incapaz de ver que los actos que la acompañan son diametralmente opuestos.

Ha crecido sin ser consciente de esa disociación.

Desde el punto de vista psicológico es un estado afectivo, emocional, necesario para la correcta adaptación del organismo al medio, que provoca angustia y ansiedad en la persona, ya que la persona puede sentir miedo sin que parezca existir un motivo claro.(Wikipedia)

Repito, el cuerpo es el primero en registrar esa incoherencia, pero la mente esta incapacitada para interpretar esos mensajes y reaccionar. Por eso digo que la comunicación entre el cuerpo y la mente está cortada o es defectuosa.

Y si éste es el caso, la persona vive en un estado de desazón permanente en el que entra en un situación emocional de ansiedad y angustia, sin comprender de dónde proviene ese estado, o incluso, sin ser consciente de que lo padece.

Por ésta razón es importante estar alerta y aprender a escuchar al cuerpo. Cuando irrumpe una enfermedad o una dolencia no es gratuita su aparición. Probablemente habrá un importante componente emocional asociado.

Desde el punto de vista social y cultural, el miedo puede formar parte del carácter de la persona o de la organización social. Se puede por tanto aprender a temer objetos o contextos, y también se puede aprender a no temerlos, se relaciona de manera compleja con otros sentimientos (miedo al miedo, miedo al amor, miedo a la muerte, miedo al ridículo) y guarda estrecha relación con los distintos elementos de la cultura. (Wikipedia)

Cada uno de nosotros ha aprendido a comportarse ante el peligro de la misma forma en que lo hacía el entorno familiar y social en que se nació.

Existe una película magnífica que muestra de forma clarísima cómo un grupo utiliza el miedo para conseguir que ninguno de los miembros abandone el grupo. Se trata de «El bosque» (The village) del director M. Night Shyamalan.

Hablamos de una película, pero si nos trasladamos a la vida real, en las familias existe el mismo tipo de funcionamiento.

El trabajo al que nos enfrentamos como adultos consiste en seguir el rastro que va dejando nuestra forma de relacionarnos con nuestro cuerpo y con los otros para poder identificar si crecimos con esta disociación o no.

Es gracias a la comprensión del funcionamiento en el que crecimos que es posible liberarse de ese lastre que arrastramos, llamado aprendizaje. Esta comprensión permite al sujeto elegir realizar un nuevo aprendizaje desde la consciencia.

Es como ir desenredando una madeja siguiendo la punta de un hilo. En este caso, el hilo lo constituye la forma que cada uno tiene de relacionarse con su cuerpo y con el otro.

Nos podríamos preguntar el lugar que ocupa nuestro cuerpo en nuestra propia vida: ¿existe?, ¿es algo de lo que abuso?, ¿lo cuido?

Y, como todo en la vida, cada uno es libre para decidir si quiere o no desenredar su propia madeja.

Yo digo que es absolutamente recomendable hacerlo, pero repito, cada uno hará lo que puede.

A lo mejor hacerlo resulta demasiado doloroso y es mejor «no revolver el avispero».

La próxima semana hablaré sobre el estrés.

(Imagen: www.giovanny10.blogspot.com)