Relaciones interpersonales: una vía de doble dirección

(Por Clara Olivares)

Solemos pensar y creer que cuando surgen dificultades y roces en una relación es porque el otro tiene un problema.

Puede que sí o puede que no, pero el hecho es que siempre la dificultad implica un “problema de las dos personas“.

El otro es como es, con sus dificultades, sus limitaciones, sus problemas. Es potestad de él o ella decidir si desea o no hacer algo con eso. En ese terreno no tenemos ni podemos tener ninguna ingerencia.

Pero lo que sí nos atañe directamente es ver qué es lo que yo puedo hacer frente a eso y en consecuencia, qué es lo que amb@s vamos a hacer con el problema que se plantea en la relación.

En las relaciones interpersonales jamás es “el problema del otro” en exclusiva. Nunca es unilateral: por pasivo o por activo se emite una respuesta. Incluso no dar una respuesta es una respuesta.

Una persona reacciona en función de lo que el otro hace o deja de hacer.

De ahí que el título de éste artículo hable de las relaciones como una vía de doble dirección.

Es decir, que el comportamiento del otro está vinculado indefectiblemente a mi propio comportamiento: … algo tendré que ver!

No es agradable ni cómodo pensar de esa forma. Siempre es más fácil pensar que el problema es del otro, no mío y por tanto es su responsabilidad solucionarlo.

Pero desgraciadamente, la realidad nos “da con la puerta en las narices” al mostrarnos, una y otra vez, que nunca un problema entre dos personas es responsabilidad exclusiva de una de ellas.

Recuerdo un caso en el que una paciente se quejaba constantemente de que su pareja se enfadaba con ella con mucha frecuencia. Rápidamente surgió la pregunta: “Y qué es lo que haces para que él se cabree tanto contigo?

Siempre hacemos o dejamos de hacer algo. En una relación de amantes, amigos, compañeros, etc. las personas implicadas no constituyen departamentos aislados y estancos.

Es un ir y venir, existe un intercambio constante entre ellos.

Si nos tomáramos un tiempo para analizar nuestras propias interacciones con otros, rápidamente comprobaríamos que es así.

Lo genial de ésto es que, tomando como punto de partida este análisis es posible hacer algo y es posible abordar las dificultades que se nos plantean en nuestra relación.

Son las personas implicadas las únicas que podrán hacer o dejar de hacer algo para mejorar o para empeorar su relación.

Nosotros decidimos, nadie más puede hacerlo.

En mi próximo artículo hablaré de lo que nos cuesta aceptar la realidad, con mayúsculas.

(Imagen: astutemarketingworks.com)