Las crisis: ¡que viene el coco!

(Por Clara Olivares)

Crisis (del latín crisis, a su vez del griego κρίσις) es una coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución; especialmente, la crisis de una estructura.

 Los cambios críticos, aunque previsibles, tienen siempre algún grado de incertidumbre en cuanto a su reversibilidad o grado de profundidad, pues si no serían meras reacciones automáticas como las físico-químicas.

Si los cambios son profundos, súbitos y violentos, y sobre todo traen consecuencias trascendentales, van más allá de una crisis y se pueden denominar revolución. (Wikipedia)

¿Qué tendrá esa palabra, que cuando la nombran despierta tanto miedo?

Los medios de comunicación así como los políticos la usan indiscriminada y constantemente. Y yo me pregunto ¿qué objetivo persiguen con ello? ¿Puede tratarse de la inoculación de la dosis diaria de miedo necesaria para atemorizar y controlar a la población, por ejemplo? A una persona que tiene miedo es más fácil controlarla.

Lo cierto es que la vida, es decir, la historia personal de cada uno de nosotros la conforma una sucesión de crisis: la de la adolescencia, la que produce cualquier pérdida, la del paso a la edad adulta, etc.

Una crisis sobreviene cuando se impone la necesidad de un cambio.

Dentro del modelo teórico sistémico constructivista, en la historia de todo grupo y/o individuo, está siempre presente un momento denominado «crisis y cambio». Este consiste en el período durante el cual un grupo (familia, pareja, empresa, partido político, etc.) o un individuo sufre un «terremoto» en su estructura (crisis) y ésa genera un cambio, es decir, se hace necesaria una reacomodación del funcionamiento estructural en función a los cambios que ha generado la crisis.

Y yo añadiría: adaptación. Es indispensable una capacidad adaptativa enorme para sobrevivir a los embates de la existencia. Actualmente, los cambios constantes del entorno obligan a que cada individuo se adapte con una rapidez vertiginosa, parece que el lema que rige ésta época sería el de «adaptarse o morir».

Mi señora madre (que en paz descanse), a veces decía cosas repletas de sabiduría, siempre repetía: «toda crisis es la invitación para subir a un nivel superior». Luego no aclaró muy bien a qué nivel se refería.

Es necesaria una crisis para que se opere un cambio. Éste puede ser psíquico, físico, intelectual, o, todos al tiempo.

Las crisis forman parte de la existencia, es más, sin ellas jamás creceríamos (en todo el amplio espectro de la palabra) ni hubiéramos evolucionado.

Me parece muy completa la definición de crisis que hace Wikipedia. Habla de varios puntos que encuentro muy importantes: una coyuntura, una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución, grado de incertidumbre, consecuencia y grado de profundidad.

Encuentro interesante analizar cada ítem.

Coyuntura. Siempre existe un elemento interno y/o externo que desencadena la crisis: una boda, una pérdida, cambiar de década, una separación, cambiar de país o de ciudad, etc.

Una realidad organizada pero inestable. A veces se hace necesario, para poder sobrevivir, que pensemos y creamos que la realidad que vivimos es estable. Pero no es así. Respecto a este punto, los orientales y los científicos están más cerca de la realidad que el resto de la población: «la vida es cambio y nada permanece igual».

Sujeta a evolución. Felizmente, toda crisis conlleva un crecimiento interno y/o externo. Y en éste punto coincido plenamente con la afirmación que hacía mi madre. La nueva realidad que emerge siempre irá encaminada hacía una evolución, si permitimos que la crisis se dé, evidentemente.

Muchas veces nos produce tanto miedo la posibilidad de que una crisis tenga lugar que se hace todo lo necesario para que todo permanezca igual.

La famosa expresión que aparece en el Gatopardo de G. T. di Lampedusa, «es necesario que algo cambie para que todo permanezca igual» ilustra a la perfección éste fenómeno.

Grado de incertidumbre. Cualquier eventualidad que ponga en peligro la creencia de que la realidad no permanece estable, asusta, y mucho!

¿Cuánto tiempo de nuestra vida hemos invertido en aferrarnos a lo que sea necesario para que nada cambie? ¿Qué hará que los seres humanos necesitemos desesperadamente en muchas ocasiones pensar y creer que podemos conservar nuestra existencia idéntica por los siglos de los siglos?

Pienso que una de las causas es el miedo a la muerte (como diría el personaje de Olimpia Dukakis en la película «Hechizo de luna»), otra me parece que es la producida por la profunda angustia que genera el hecho de estar vivo. Y, por supuesto, la que nos produce la propia neurosis.

Consecuencia. El resultado deseable de toda crisis es la creación de una nueva realidad acorde con el cambio que ha sufrido la estructura interna/externa de un grupo de personas o de un individuo.

Grado de profundidad. Hay terremotos leves y terremotos devastadores, al igual que las crisis.

La conclusión que saco de éstas reflexiones, es la de la importancia que tienen las crisis y la necesidad de abrirles los brazos para poder evolucionar.

A pesar del terror que nos puedan generar, no nos cerremos a ellas, si sucumbimos al miedo que producen, nos paralizamos.

Y desde la parálisis nada es posible.

En el artículo de la semana que viene hablare sobre las madres: «Socorro, acabo de descubrir que soy idéntica a mi madre».

(Imagen: www.comunicacionencrisis.blogspot.com)