La sexualidad

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Por Clara Olivares

Este tema no ha dejado indiferente a ninguna sociedad ni a ningún individuo a lo largo de la historia. Ni tampoco en la actualidad.

Sin duda alguna, durante mucho tiempo ha sido objeto de temor, ésto ha llevado a que se le controle. No siempre de la misma manera ni al mismo sexo.

Es una parte consustancial al ser humano: genéticamente nacemos XX (mujer) o XY (hombre) y a partir de este hecho comienza la aventura que nos llevará finalmente a definirnos y a convertirnos en un hombre o en una mujer, en toda la amplitud de la palabra.

Cada un@ de nosotr@s tiene una idea al respecto en la que han intervenido varios aspectos,  en especial tres: el personal, el familiar y el social.

La sexualidad constituye uno de los pilares sobre los que se asienta la identidad de cada persona.

Del cocktail de los tres aspectos mencionados antes, surge la identidad sexual.

No es un estado fijo y estático que permanece inmutable a lo largo de la vida: cambia en función del aprendizaje, de las experiencias y de las diferentes etapas por las que pasamos hasta que morimos. En la medida en que transitamos la propia existencia, observaremos como también se va transformando lo que pensábamos al respecto y la manera en que lo hemos vivido.

En la medida en que la vayamos viviendo (la sexualidad), ésta va mutando.

Una colega psicóloga y sexóloga me ofreció una visión de este tema que me sirvió para aclarar algunas de las ideas que tenía al respecto.

Decía que no existe un sexo «puro», es imposible que se den los absolutos. Es como si se trazara una línea en la que en un extremo se ubica el hombre y en el otro la mujer. Cada un@ de nosotr@s transita a lo largo de ese continuo durante toda la vida.

Es decir, en algún momento se estará más cerca del extremo XX y en otro más del XY, o en el medio, o más hacia un lado o más hacia el otro. Lo que me venía a contar es que nunca permanecemos en el mismo lugar.

Este punto de vista ofrece un abanico enorme de posibilidades, y, encuentro que se acerca mucho a la realidad.

Si caminamos sobre la línea que mencionaba mi colega, lo personal, lo social así como lo familiar determinará por cual de los dos sexos se decanta una persona. Puede que durante una época de la vida se incline hacia un lado, y, en otra vire hacia el extremo opuesto. Lo interesante del tema es que finalmente descubrirá cuál es el lugar que desea ocupar.

Preguntas como: ¿Qué estaba bien o mal visto en el lugar donde nací? ¿Cómo abordaba mi familia el tema? ¿Se hablaba de él, o, al contrario ni se nombraba?¿Producía mucho o poco miedo? ¿A quién(s) asustaba?¿Había que reprimir ciertas actitudes o expresiones?, etcétera. Ayudarán a despejar el camino hacia el propio conocimiento.

Y, a nivel personal, ¿qué me resulta atractivo, y qué no?

Es imposible desligar cualquiera de los aspectos personal, familiar y social de los otros dos. Preguntémonos cuál era el margen de movilidad que tuve en el pasado y el que tengo ahora: ¿es el mismo? ¿ha cambiado? ¿cómo?

Un aspecto que me resulta importante mencionar es el de identificar si mi comportamiento sexual (represión, promiscuidad, etc.) está ligado con la rebeldía, o, con la oposición (que es una forma de afirmación), o, con la curiosidad, o, con la búsqueda de aventuras que me permitirán saber, a través de las experiencias qué me gusta y qué no? o, con la competencia y con la rivalidad.

En este terreno se suelen jugar auténticas batallas de poder.

Finalmente es en esa exploración en que vamos descubriendo quién soy yo. Y para saberlo, es necesario que abordemos el aspecto sexual.

A través de mi comportamiento sexual, ¿qué he buscado? y ¿a quién o a quienes iba dirigida esa búsqueda?

No es un tema de fácil acercamiento, ya que, despierta muchos fantasmas, algunos de los cuales ni siquiera me pertenecen, quizás eran de mis padres, o de mis herman@s, o del entorno en el que crecí.

La visión que mi colega ofrece desde la sexología, aborda el tema desde tres ángulos: el primero de ellos es el sexo (hace referencia a lo cultural, a lo hormonal, al desarrollo genital, es decir, al proceso mediante el cual llegamos a convertirnos en hombre o mujer). El segundo hace referencia a la sexualidad mediante la cual definimos nuestra orientación sexual (homo o heterosexual), hace referencia a cómo vivo mi proceso de hacerme hombre o mujer, y por último, la erótica, es decir, cómo expreso mi sexualidad.

Resumiendo, son tres los aspectos a tener en cuenta: el sexo (XX o XY), el aprendizaje mediante la experiencia (cómo la vivo) y la erótica (cómo la expreso).

Me resulta muy interesante volver a mirar el mundo de lo erótico. En algunas culturas ese mundo es el gran olvidado.

Si buscara su contrario, lo encontraría en el aspecto genital.

Hago un inciso en este punto para hablar de la enorme influencia que la educación católica ha tenido sobre la cultura occidental. Quizás porque ésta ha decretado que la sexualidad humana solo persigue un fin: la reproducción.

Esta búsqueda prima la satisfacción masculina exclusivamente. Sin un orgasmo por parte del hombre es inviable que una mujer quede embarazada. Este hecho hace que se centre la atención casi exclusivamente en lo genital.

Desafortunadamente este tipo de sexo es muy limitado. Reduce el intercambio sexual entre dos personas a sus genitales, en donde el objetivo final es conseguir un orgasmo. Desde esta óptica es poco lo que se puede explorar.

¿Y dónde queda el placer que no sea exclusivamente genital?

Felizmente el mundo erótico ofrece explorar un mundo infinito. Adentrándose en ese terreno es en donde podemos desplegar toda la creatividad de la que seamos capaces. Es el mundo de la fantasía (ojo! una cosa es la fantasía que alimenta el erotismo y otra cosa bien distinta es convertir al otro en mi objeto de placer y llevar a la acción mis fantasías, entonces nos adentramos en la perversión).

En el nivel erótico, toda la piel se convierte en un órgano de placer. Y no sólo la piel, también un baile, una mirada, un gesto, una indumentaria, un roce, etc.

El único objetivo ya no es el de alcanzar el orgasmo. Permite y persigue el descubrimiento del otro y de un@ mism@ mediante el juego.

Esta imagen me suscita la de dos cachorros de cualquier especie, incluida la humana: aprenden, descubren, experimentan y llegan a conocerse mutuamente y a sí mism@s a través de una actividad lúdica.

Os invito a sumergiros en este terreno, a veces insondable, oscuro y luminoso a la vez, pero del que siempre se sale aprendiendo algo más de nosotros mismos.

La semana que viene hablaré sobre el erotismo.

(Imagen: www.revistaecclesia.com)

¿Qué es la realidad?

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Por Clara Olivares

La semana pasada tuve una conversación muy interesante con una buena amiga sobre este tema.

De hecho, todo lo que hablamos me inspiró escribir este artículo.

Ella es una artista plástica, que no cesa de buscar y de indagar en su campo.

Nuestra conversación giró en torno a la pregunta de ¿qué es lo que conforma la realidad? ¿Existe? y si es así, ¿quién la determina?

Lo que me pareció extremadamente interesante de la comunicación con ella, fue que cada una contemplaba la realidad desde dos ángulos diferentes: una desde la pintura y la otra desde las relaciones interpersonales.

Uso el término «comunicación» ya que fue gracias al intercambio de los dos puntos de vista que cada una aportaba, que fue surgiendo y se fue construyendo una nueva realidad.

Para mí fue un acto de comunicación y de creación en estado puro.

Lo curioso del asunto es que llegamos a la misma conclusión: la realidad es una construcción que solemos hacer en solitario.

No existe UNA sola y única realidad, aquella que cada persona percibe la componen un sinnúmero de factores.

En la mayoría de las ocasiones ni siquiera somos conscientes de ellos. Pareciera que aquello que denominamos «realidad» fuera la verdad.

Y estimo que, esta afirmación esta muy lejos de ser cierta.

Encuentro que el hecho de viajar y conocer otras culturas, nos enriquece enormemente. Simplemente el hecho de saber que existen otras «realidades» nos abre los ojos para comprender que «mi» realidad no es la única.

Porque ¿de qué estamos hablando?

¿De uno solo de los aspectos del caleidoscopio con el que percibimos el mundo?

Si así fuera, a lo mejor nos estamos quedando cortos. Nos falta una buena parte de la información.

Como anoto más arriba, son múltiples los aspectos que se ponen en juego a la hora de sacar conclusiones.

Elementos como: la educación que hemos recibido, nuestro entorno social, el tipo de familia del que procedemos, nuestra situación laboral y personal, nuestro estado civil, nuestra profesión, etcétera, etcétera, etcétera, son algunos de los puntos de vista que sería bueno tener en cuenta.

Como reza el dicho popular: «cada uno habla de la feria según como le fue en ella».

Los dichos encierran siempre una enorme sabiduría.

Cabría preguntarse: ¿Qué es lo que me hace afirmar que tal o cual corriente de pensamiento, o pictórica, o política, etc. es la correcta?

Me atrevería a decir que depende color del cristal con el que se esté mirando.

Muchas de las «verdades» en que se apoya aquello que conforma la llamada realidad, están legitimadas por alguien que representa el poder (presidentes, banqueros, empresarios, colectivos, padres, madres, herman@s, etc.) , y, este hecho hace que éstas se tomen como ciertas.

Entonces, ¿quién decide qué es la realidad?

Cada uno de nosotros, sin duda.

Entre mayor sea el número de aspectos que tengamos en cuenta a la hora de sacar nuestra conclusión, ésta será más rica.

Si contemplamos exclusivamente un sólo aspecto, la visión que tengamos será muy limitada.

Este fenómeno se suele observar en la visión de ciertas personas y de algunos grupos radicales. No es posible establecer un diálogo con ellos, ya que contemplan la realidad desde un solo lugar.

Si somos capaces de colocarnos en ese sitio, nos sorprenderá comprobar que lo que afirman no está exento de razón, ya que mirado desde ese ángulo, la verdad que aparece es la misma que pregonan.

Uno de los grandes aprendizajes que me permitió hacer la mediación, fue el de aprender a contemplar la realidad desde los puntos de observación de cada una de las personas implicadas en un conflicto.

La visión que tenemos de lo que llamamos realidad, cambia y se modifica a lo largo de la vida.

Cuando somos jóvenes, es habitual que seamos muy radicales y contemplemos el mundo desde una sola óptica. Esto nos suele convertir en personas muy integristas.

Pero felizmente, esta enfermedad se cura con la edad.

Entre más joven se es, menos puntos de vista se suelen contemplar. A medida que nos vamos haciendo mayores, nuestra perspectiva de la vida se va ampliando. Las cosas dejan de ser en blanco o negro para convertirse en una enorme gama de grises.

Las pasiones se van transformando, nos apaciguamos y dejamos de ser tan vehementes.

Dependiendo de la mirada que tengamos al contemplar el mundo, así será la realidad que emerja.

Si pensamos y creemos que todas las personas son retorcidas, interesadas y falsas, de esa misma forma percibiremos a la gente que nos rodea.

Solemos proyectar en el otro nuestros deseos y/o nuestras carencias, consciente o inconscientemente. Muchas veces «necesitamos» que ese otro (o el mundo) sea como yo desearía que fuera, y soy incapaz de verle como es en realidad.

Este mismo principio se aplica en función de la percepción que tenemos del mundo exterior (la sociedad y/o el otro). Si lo vivimos como una amenaza, o, como un aliad@, o, como un enemig@, estos se convertirán a su vez en una amenaza, en un aliad@, o en un enemig@.

Solemos recrear nuestra propia historia en la relación con el otro. Por lo general se hace inconscientemente: repetimos los mismos patrones de conducta que, o bien, ejercieron con nosotros, o bien, aquellos que nuestra familia utilizaba en su relación con el exterior.

Sería interesante hacer una recapitulación de nuestras relaciones para observar qué es lo que estamos repitiendo.

En mi próximo artículo hablaré sobre la forma particular que tenemos de encarar las vicisitudes de la vida.

(Imagen: www.depoemasycorazones.blogspot.com)