¿Por qué resultará tan difícil decir NO?

(Por Clara Olivares)

Muchas más veces de las que desearíamos, terminamos diciendo que , cuando en realidad lo que nos apetece es decir que no.

Es una dificultad generalizada: mujeres, hombres, padres, madres, amigos, etc. la padecemos.

¿Qué nos lleva a funcionar así? Me parece que un buen número de razones, pero me atrevería a afirmar que la principal está cimentada en la educación recibida.

Decir que no, al igual que manifestar el enfado, tienen muy mala prensa.

En el caso de las mujeres, podría tener que ver con la educación para complacer y para anteponer siempre las necesidades de otro a las propias. Y en el de los hombres, el hecho de negarse es visto como un acto de muy mala educación.

Tanto los unos como las otras fuimos «adiestrados» y «condicionados» como el perro de Pavlov (aquel al que cada vez que le presentaban un plato de comida sonaba una campanilla, de tal forma que cuando el perro escuchaba el sonido de la campanilla comenzaba a salivar) para decir siempre sí.

Lo curioso es que este «condicionamiento operante» se usa en las relaciones interpersonales más de lo que podemos imaginar. Sin duda, es muy efectivo.

¿Qué ha pasado? Que en la mayoría de los casos se termina por recurrir a la fabricación de una disculpa para salir airos@s.

No es un mal recurso ni muchos menos, el problema viene cuando no sabemos si el otro nos dice la verdad o no.

Evidentemente, existen personas que se aprovechan de eso. Suelen utilizar las palabras mágicas que funcionan como un ábrete sésamo: «necesito» y «tienes que«.

Saben perfectamente que la otra persona no va a negarse a su petición, y, abusan.

Y todos sabemos por experiencia propia que cuando alguien abusa de nosotros la rabia que genera ese abuso es enorme!

Una sociedad o una familia que no contempla la necesidad de establecer unos límites claros entre los individuos para garantizar una convivencia sin atropellos, llevará indefectiblemente al caos.

Cómo reza el dicho: «Ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre».

En toda relación (pareja, paterno-filial, familiar, amigable, etc.), la ausencia de límites (bien sea por exceso o por defecto) siempre es nefasta. Decir  no, es establecer un límite entre el uno y el otro.

Significa marcar el lugar donde termina la libertad de una de las personas y comienza la libertad de la otra.

La ausencia o la poca claridad de límites causan en cualquier ser humano una angustia insoportable e insostenible.

Una persona necesita saber hasta dónde puede llegar. Cuando le marcan  un límite, la angustia cesa y puede comenzar a estructurarse como individuo.

El ejercicio de la autoridad es una forma de establecer límites.

Sin embargo, es muy importante señalar la enorme diferencia que existe entre autoridad (presencia de un límite) y autoritarismo (ausencia de un límite).

Desafortunadamente, se suelen confundir estos dos conceptos con demasiada frecuencia.

En mi próximo artículo propongo estrategias para decir que NO sin necesidad de negarse abiertamente.

(Imagen: www.fotolog.com)