Consecuencias que acarrea ser invadido por otro

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(Por Clara Olivares)

¿A qué me refiero exactamente cuando hablo de invasión?

Cuando se traspasan los límites que una persona establece a nivel físico, emocional e intelectual.

Todos y cada uno de nosotr@s creamos de forma consciente o inconsciente, un «hasta aquí te permito llegar» en cada uno de los niveles que menciono arriba. Éstos vendrían a marcar el lugar en que una persona comienza a establecer los limites necesarios para poder diferenciarse de otra.

Estos tres aspectos conforman la intimidad de un ser humano, son ámbitos que le pertenecen a cada cual de forma exclusiva.

¿Cualquier persona puede lograr invadir a otro? No, evidentemente.

Hay personas que lo intentan, pero afortunadamente no lo consiguen porque aquél que podría ser un candidato no se lo permite.

Pero para que esto suceda primero tienen que darse unas condiciones familiares que favorezcan y permitan el aprendizaje para «poner límites».

En mi artículo del Domingo 22 de Mayo del 2012 hablo sobre ellos.

Por lo general, la o las personas que invaden lo hacen porque, seguramente, tuvieron un modelo del cual aprendieron, es decir, en su entorno familiar había una personas o personas que actuaban de esa forma.

¿Cuál podría ser la causa que hace que un sujeto sea invadido por otro?

Ya hemos hablado del aprendizaje, punto importante. Y otra, la más dramática, es que el invadido por lo general no se da cuenta, es como si estuviera cieg@ ante este fenómeno.

Lo que viene a crear esa ceguera es que el vínculo emocional que se tiene con el invas@r es muy estrecho.

Suele ser, por lo general, la razón que hace que la persona baje sus defensas.

Puede tratarse de un padre, una madre, unos hermanos, tíos, abuelos, etc. Lo curioso del asunto es que el sujeto ha crecido creyendo que la invasión era lo normal, de ahí que siendo adulto, le resulte casi imposible detectar una invasión y que sus alarmas naturales se activen.

Probablemente, de forma inconsciente, su cuerpo «notaba» que estaba siendo invadid@ pero su razón descartaba rápidamente esa posibilidad.

Resulta impensable que alguien a quien se ama le pueda hacer daño a uno.

La respuesta inconsciente que da alguien que ha caído en este tipo de relación, por lo general, es la de volcar la rabia y el dolor que siente hacia sí mism@ y enfermar.

Lo más seguro es que tanto el invasor como el invadido, hayan aprendido esta manera de relacionarse, es decir, que no hayan interiorizado la noción de «límite».

De la invasión que hablo es la efectuada por alguien de forma inconsciente. Si se realiza de forma consciente, entonces nos encontramos ante un sujeto perverso, y en este caso, lo más aconsejable es huir, ya que con un pervers@ es imposible establecer un vínculo emocional sano.

Afortunadamente cometer un acto de invasión no nos convierte en una persona perversa, menos mal!

El camino que conduce a la liberación de este aprendizaje, es el de comenzar a escuchar al cuerpo, concretamente a la «tripa».

En otras palabras, lograr que el individuo comience a confiar en sus propias intuiciones.

Unas de las nefastas consecuencias de la invasión, es que la persona que la sufre no confía en sus propias percepciones, y es allí precisamente en donde se encuentran las claves que le permitirán liberarse.

Si uno ha sido invadido en su infancia la tripa lo ha registrado rápidamente. Sería interesante echarle un vistazo al historial de enfermedades que cada un@ ha tenido a lo largo de su vida.

Este análisis puede arrojar mucha información que, a primera vista, resulta difícil de encontrar.

El cuerpo es el «sismógrafo» por hacer un símil. Éste detecta la invasión de forma inmediata.

Por eso, una vez que se ha aprendido a escuchar al cuerpo, ya puede intervenir la razón para analizar y ordenar la información.

Lo que ayuda a sanar esa experiencia es el trabajo conjunto entre cuerpo y razón.

Fruto de este trabajo en equipo se llega a la comprensión. Y es a partir de ese momento en que el individuo es capaz de decidir qué desea hacer con este descubrimiento.

Ya lo he expresado en más de un artículo: es un trabajo largo que se hace poco a poco.

Quizás la conclusión a la que llego y propongo, es la de aprender a escuchar más al cuerpo y aparcar por un instante la razón.

Soy consciente de que la sociedad está enraizada en una veneración al aspecto racional, casi de forma exclusiva. Pero se va demostrando que esta alternativa no lleva al tan cacareado bienestar total.

En mi próximo artículo hablaré sobre la concepción personal de lo que significa la amistad.

(Imagen: www.lockerz.com)