La inmediatez: el ser humano y el desarrollo tecnológico. ¿Es posible compaginarlos?

(Por Clara Olivares)

Vivimos en un mundo en donde la rapidez con que se intercambia información, mensajes, etc. es de una inmediatez que provoca vértigo.

Hace unos días veía un documental sobre Corea del Sur que hablaba de la rápida evolución que ha experimentado el país, en especial en el campo de la tecnología. Cuenta con lo último de lo último en teléfonos móviles, Internet, software, hardware, etc.

Lo que más me llamó la atención fue la respuesta de un experto en informática de más o menos 55 años, que decía: «lo que piden los jóvenes es más rapidez, respuestas inmediatas y tenemos que proporcionárselo«.

Qué susto me produjo esa respuesta. No sólo porque ya se cuenta con una rapidez vertiginosa en Internet, sino porque ésta parece que no es suficiente.

¿Y esta velocidad a dónde lleva? Tanta prisa para llegar ¿a dónde?

Es el ser humano quien desarrolla la tecnología. Y es el ser humano quién la utiliza.

No se puede desligar la tecnología del hombre.

¿En qué momento comenzamos a entender todo al revés?

TIEMPO, característica imprescindible que necesita todo individuo para integrar todo aquello que es propio de su especie y que experimentará a lo largo de su vida: procesos, emociones, pérdidas, ausencias, crecimientos, etc. versus el desarrollo tecnológico veloz, abrumador que no para ni da tregua.

¿Cómo se compaginan dos ritmos tan diferentes y que están estrechamente relacionados? ¿Es posible?

Ese desfase que se genera entre estos dos tiempos provoca más angustia. No es posible resolver los avatares del corazón humano a la misma velocidad en que se desarrolla la tecnología. Por más de que se desee, por ejemplo, superar e integrar una muerte, ésta requiere y necesita de un tiempo para superar la ausencia de ese ser querido y para integrar y asimilar su pérdida.

El desarrollo de la tecnología es cada vez más rápido en tanto que los procesos del corazón permanecen iguales.

Esta diferencia de ritmos irremediablemente aboca a la locura, una locura entendida como otra escisión.

¿Cómo hace una persona para superar cualquier proceso de la vida al mismo ritmo en que pulsa una tecla? Sencillamente no puede.

¿Se crean más síntomas para evacuar la angustia? ¿Aumentan los suicidios, las adicciones y los deportes de riesgo?

Esta reflexión me lleva a pensar en un libro de Michael Bounan «L’impensable, l’indicible, l’innomable» (Lo impensable, lo indecible, lo innombrable), Editions Allia 1999, en el que ya el autor plantea este tipo de reflexiones y en el que habla de la alexitimia.

«Se trata de una perturbación de la conciencia que conlleva una imposibilidad para asumir las emociones, diferenciarlas, nombrarlas. Es literalmente un sufrimiento sin nombre«  y continúa «se trataría de una conexión inadecuada entre el sistema límbico y el neocortex… la interpretación de los neurólogos no carece de interés: el neocortex está ligado a la actividad consciente y el sistema límbico a la vida emocional.

Durante los últimos 50 años se han identificado casos que aparecieron en contextos de represión étnica y/o cultural y en supervivientes de los campos de concentración.

Lo llamativo de esto es que actualmente esta enfermedad singular se propaga dentro de condiciones «normales». Y Bounan apunta: … cada uno se ha convertido para sí mismo en minoría sociocultural, y el mundo moderno un inmenso campo de concentración».

¿Hacía dónde nos dirige esta nueva escisión? Venimos de la vieja escisión entre cuerpo y alma, ahora nos abocan a otra: hay que acoplar nuestros procesos y vivencias a la velocidad que marca el desarrollo tecnológico.

En otras palabras, este planteamiento nos conduciría a algo como: «todo lo que nos suceda como seres humanos lo tenemos que integrar y solucionar YA, no hay tiempo

Da un poco de miedo, ¿cierto?

La semana que viene me apetece hablar sobre la enorme dificultad que supone para una gran cantidad de gente decir NO.

(magen: www.msiredmxblog.com)

Retorsión: una deuda con cobro diferido

(Por Clara Olivares)

¿Qué hace que una mujer se apodere de las tarjetas de crédito de su pareja y salga a gastar sin límites cuando ésta duerme la borrachera de la noche anterior?

¿O que un hombre se vuelva impotente al ceder ante la insistencia de su pareja para que describa cómo fueron sus relaciones sexuales con su ex-marido ?

Quizás están realizando actos de retorsión a sus parejas…

Nadie dijo que las relaciones interpersonales fueran fáciles… sobretodo las de pareja!

Con una frecuencia mayor de lo que nos imaginamos, se utiliza la retorsión para cobrar el daño que se ha recibido, pero sin que el otro sea consciente de que está «pagando» por algo que hizo.

El término significa: «Acción de devolver o inferir a uno el mismo daño o agravio que de él se ha recibido» y proviene del mundo jurídico. La diferencia radica en que se devuelve el agravio recibido en un terreno diferente  y sin que la otra persona se de cuenta.

¿Se puede evitar?

Se castiga al otro por algo que no le gusta, o, que le ha asustado, o, que le ha hecho sentir inseguridad… el abanico es amplio. El hecho de que se lleve a cabo el «cobro» en un terreno diferente, confunde al otro miembro de la pareja y hace que le sea difícil darse cuenta de lo que está sucediendo. El castigado no entiende de donde proviene lo que su pareja está haciendo y, como no se da cuenta, piensa que el problema radica en el otro y que las causas que lo motivan son otras bien distintas.

Lo que sucede con la retorsión es que se desvían los sentimientos de rabia e impotencia que han despertado las acciones del otro y se le hace pagar por ello, pero de forma indirecta.

Toda la ira y la frustración que alberga en su interior la vuelca para agredir al otro y hacerle daño. Así, gastando el dinero de su pareja «compensa» el agravio que ha padecido, o, volviéndose impotente castiga a su mujer por las prácticas sexuales que ella ha vivido con otra persona.

Si se les hace ver a las parejas que algunos de sus actuaciones con sus compañeros/as tienen que ver con la rabia que han acumulado en otros terrenos, la mayoría asentirá con la cabeza mientras escucha.

Darse cuenta de lo que hacemos permite evitar el mal trago que le hacemos pasar a la persona que queremos…

Existen otras vías menos agresivas para las dos personas que  compensan el daño… utilizándolas ya no es necesario realizar un «cobro diferido» mediante la retorsión.

En mi próxima entrega, hablaré de las estrategias que se pueden utilizar para mejorar la calidad de la relación!

(Imagen tomada de blogs.rpp.com)