¿Y por qué a mí?

(Por Clara Olivares)

La enfermedad... difícil trago de tomar!

Si es la de un ser querido, duro, difícil, triste… y si es la de uno mismo, igual de duro, de difícil y de triste, con el plus añadido de que soy yo el enfermo y no otro.

A algunas personas nos enseñaron de niños que la vida era fácil y nos lo creímos. En primer lugar, pensábamos que los contratiempos que pudieran suceder eran otros quienes los sufrían, y en segundo lugar, aquello que nos pudiera suceder NUNCA iba a ser ni tan grave, ni tan serio.

Hasta que nos pasa, claro.

Y llegados a este punto, ¿qué?

Como todo en la vida es necesario un tiempo para asimilar esa nueva situación. Cada uno de nosotros precisa de «Un tiempo, NUESTRO propio tiempo«.

Son demasiados los aspectos que se movilizan en el interior de cada uno cuando sucede algo así y, precisamente es su complejidad lo que hace imposible muchas veces asimilar y aceptar esa nueva situación de forma inmediata.

Cierto es que muchas veces la vida no da tregua y, hay que operar ya, o, hay que iniciar un tratamiento, o… Pero eso no quiere decir que se haya asimilado y se haya aceptado… ni para quien lo padece ni para las personas que están a su alrededor.

Si logramos comprender que necesitamos TIEMPO para integrarlo, quizás no fabriquemos síntomas nuevos a través de los cuales toda nuestra angustia y nuestro miedo hablen.

Intentemos relacionarnos con esa enfermedad desde la comprensión: ¿qué función tiene? ¿qué es lo que la vida desea que aprenda? ¿por qué precisamente esa enfermedad y no otra? ¿por qué ahora?

Muchas veces se mira la enfermedad como un enemigo al cual hay que batir, al que hay que aniquilar. Desde esta óptica, la situación se nos convierte en algo con lo que hay que pelearse, y ya sabemos todos que desde ese lugar sólo existen dos únicas alternativas: se gana o se pierde.

La vida con una mano da y con otra retira. Quizás el aprendizaje consiste en irse convirtiendo en un junco, el cual gracias a su  flexibilidad puede doblarse hasta el suelo sin romperse, y, es esta característica la que le permite volver a enderezarse.

La vida no es fácil, eso lo vamos descubriendo en la medida en que la vivimos. Quizás el truco para sobrevivir radique en ir dejando atrás la rigidez. Si a causa del miedo nos colocamos en una postura rígida e inamovible, lo más probable es que ante el primer embate fuerte de la existencia nos rompamos.

Si para nosotros la enfermedad, propia o ajena, se convierte en un enemigo, la única alternativa que nos queda es acabar con ella, eliminarla. Y lo que no sabemos es que esa pelea está eliminando y aniquilando una parte de nosotros mismos.

Porque su aniquilación supone vivir la enfermedad como algo ajeno a sí mismo y no como algo que forma parte de mi persona. Eso, en otras palabras es una forma de negación.

Y todos tenemos derecho a negar una situación que nos es dolorosa y difícil, lo peligroso es que nos quedemos anclados en ese registro y no evolucionemos hacia la comprensión de lo que nos pasa. Si no escogemos ese camino nos va a ser tremendamente difícil integrar esa situación y aceptarla.

Creo que es solo desde la aceptación que es posible evolucionar.

Sé que no es fácil, ¿pero que otra alternativa nos queda si queremos salir del malestar que esta situación nos provoca?

La semana que viene deseo abordar un tema que, creo, nos afecta a todos: la velocidad del desarrollo tecnológico vs. nuestra naturaleza humana.

(Imagen: muzic-word.com)

2 thoughts on “¿Y por qué a mí?

  1. Gracias María Clara: Ahora que han empezado mis alergias, y sabiendo que tengo unos meses por delante con ellas, no queda otra que hacerles espacio y tiempo.
    Un beso!

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